Fuerza Apostólica

La fuerza apostólica l de la Federación de familias de Schönstatt

Padre Humberto Anwandter

 

I A. Schoenstatt un Movimiento apostólico-

Recordemos que Schoenstatt es y nace como Movimiento Apostólico. El apostolado es un elemento esencial de Schoenstatt. El Padre Fundador dirá que la causa final para la cual Schoenstatt fue fundado es realizar una misión apostólica, tarea apostólica que se ha ido definiendo en distintos grados para la Familia. Una de las primeras finalidades de Schoenstatt se formuló diciendo que es la renovación mariana del mundo en Cristo, expresada anteriormente en ese lenguaje simbólico del paralelo Ingolstadt-Schönstatt. Schönstatt debía llegar a ser para Alemania, y quizás más allá, lo que la Congregación Mariana de Ingolstadt fue para la renovación religiosa del sur de Alemania en el período de la Contrarreforma.

En nuestra época actual hablamos de la triple finalidad apostólica de Schönstatt: el hombre nuevo en la nueva comunidad con un sello apostólico universal, la creación de una Confederación Apostólica Universal -organizar, inspirar, coordinar- y la misión salvífica de Occidente que está en íntima conexión con lo que estamos celebrando en este aniversario del 31 de Mayo: el mundo de los vínculos, el mundo de las causas segundas para crear una nueva cultura.

La causa final apostólica de Schoenstatt determina y da sentido a los otros dos elementos de la estructura de Schoenstatt, a su espiritualidad y pedagogía. En esta triple dimensión se entrelazan el aspecto religioso-ascético, el aspecto comunitario y el aspecto apostólico; son el triple criterio bajo el cual el Padre Fundador irá diseñando la estructura de la Obra. La Obra se estructura en función del grado de compromiso apostólico, compromiso apostólico que va relacionado con un compromiso comunitario y un compromiso ascético-religioso.

 

 

II. FINALIDAD APOSTOLICA DE LA FEDERACION

Nos referiremos primero a la finalidad apostólica de la Federación o de las federaciones. Inicialmente la Federación Apostólica nace en Hoerde, y se irá estructurando en distintas federaciones: Federación de Sacerdotes que es la que más se desarrolla, la Federación de Mujeres, la Federación de Familias, de Hombres, de Señoras o de Madres. La primera forma estructural organizada de Schoenstatt, además de lo que había sido hasta ese momento la Congregación Mariana de Vallendar, es la Federación que nace en Hoerde. Durante la guerra tiene su precursor en la Congregación externa o militar que van formando aquellos soldados que conocen Schoenstatt en el frente de batalla, que no vienen de la Congregación Mariana del Seminario Menor de la cual el P. Kentenich era el director espiritual. Al terminar la guerra, estos militantes quieren dar institucionalidad a su pertenencia a Schoenstatt, porque ellos no regresan a Schoenstatt. Se reúnen en Hoerde y nace la Federación Apostólica como la primera forma estructural que Schoenstatt adopta, primero organizativamente, y con independencia de lo que había sido hasta ese momento la Congregación Mariana del Seminario Menor.

Hay un acento claro en el estatuto de Hoerde inspirado por el Padre Fundador: La Federación quiere la educación apostólica. Hay un acento en la educación y en el apostolado. Y, en segundo lugar, educación de jefes católicos para animar, en el espíritu de la Iglesia, a todas las organizaciones y en íntima unión entre sí.  Es decir, hay un acento en el aspecto de la educación al apostolado, de la educación de jefes al servicio de la Iglesia y en una estrecha unión. Estas son las características que, de partida, marcan la meta apostólica de la Federación. Después se hablará de los medios y se dice que si se quiere esa educación apostólica con ese compromiso apostólico, debe haber también exigencias ascético-religiosas correspondientes. Por eso, hay una aspiración a la santidad, a la mayor perfección de estado posible usando todos los medios ascéticos propios del Movimiento.

 

II A. Exigencias propias de la Federación –

Aquí vienen las exigencias propias de la Federación que es bueno recordar.

• Unas son exigencias que la Federación asume de la Militancia, de los Miembros de la Liga, y lo único que la Federación agrega propiamente a esas exigencias como tal es el informe o aviso mensual al jefe responsable de la comunidad oficial acerca del cumplimiento de una las exigencias ascético-religiosas del Movimiento: la cuenta mensual al confesor o director espiritual libremente escogido.

Esto es muy importante,, porque muchos piensan que la exigencia de trabajar con los medios ascético-religiosos del movimiento es algo propio de la Federación. No, ya es algo propio de los miembros de la Militancia, de los Miembros de la Liga Apostólica. La persona que se compromete como miembro de la Liga Apostólica asume esos compromisos, con la diferencia que se lo controla ella misma, con su confesor o director espiritual libremente elegido. Lo que también agrega la Federación es un compromiso comunitario, de informar de ese cumplimiento, de dar un informe mensual.

• En el mismo estatuto de Hoerde, en cuanto al ámbito de esta acción apostólica de los dirigentes, se dice que el apostolado quiere ser permanente, para diferenciarlo del apostolado de los Colaboradores que es ocasional, pero que, en cuanto apostolado permanente, es común con los militantes, con los miembros de la Liga. Y se dice: en todos los ámbitos posibles o asequibles a la persona concreta. Por eso, en la medida en que la Federación tiene distintas personas, no hay ningún ámbito que, por principio, esté excluido de la acción apostólica dirigente de la Federación. Esto marca la universalidad de los ámbitos de apostolado que la Federación se plantea desde un comienzo.

• Como complemento al Estatuto de Hoerde, que es muy breve y tiene un carácter más bien legal, estructural, se agrega la carta que el Padre Fundador escribe a los pocos meses, en noviembre de 1919, a los dirigentes de la recién fundada Federación Apostólica.  En ella precisa y acentúa, en primer lugar, que la originalidad es doble: primero, con los estatutos de Hoerde, renunciamos a crear un movimiento de masas; la Federación quiere ser un movimiento de élite religioso-moral, no élite intelectual, ni académica, ni económica, ni social. Quienes pertenecen a la Federación son personas que, en primer lugar, quieren destacarse y crear un modelo en el plano religioso-moral. Y segundo, y por esto mismo, la Federación pone un acento en la interioridad, en formar el hombre nuevo en la nueva comunidad; en crear un modelo de aspiración a la santidad, a la perfección, un modelo en el plano religioso-moral.

Es bueno leer este texto porque es como una carta magna del espíritu que debe animar a los miembros de la Federación y que tiene una impresionante actualidad. Un par de citas de ese documento:

“Exigimos y aspiramos a una profunda renovación moral y religiosa del individuo y de toda la cultura humana.”

Aquí hay un pensamiento típico del Fundador desde el comienzo. La meta es la renovación mariana del mundo en Cristo, pero comienza con la renovación de la propia persona y, por eso, la primera meta de Schoenstatt es el hombre nuevo y la nueva comunidad en nosotros mismos. Si queremos formar otros hombres nuevos y otras comunidades nuevas, tenemos que empezar a formar en nosotros el modelo de este hombre nuevo y de la nueva comunidad. Por eso, individuo y cultura; y no, o el individuo o la cultura; no son opciones alternativas.  La autosantificación, la autoeducación y el apostolado hacia otros no son dos posibilidades, sino que ambos son un requisito indispensable, insustituible y necesario para la fecundidad de la acción apostólica hacia afuera.

El Padre Fundador dice que esto es lo típico y lo que nos evita un peligro permanente de que el apostolado se convierta en acción solamente y que la acción termine en activismo y no sea fecunda. La autosantificación es lo que garantiza que el apostolado pase a ser transmisión de vida y por eso sea fecundo. No se puede trasmitir una vida que no se tiene. Ideas se pueden transmitir y es lo más fácil. Vivirlas, encarnarlas, dar testimonio en la práctica es lo difícil. Por eso, ser Asistente en la Federación de Familias es más fácil que ser miembro de la Federación y vivir todas sus exigencias.

En este contexto, el Fundador parte de un diagnóstico que él hace en ese momento de postguerra en Alemania. Después de la primera guerra, había una catástrofe militar que trajo consigo una catástrofe político-social, de anarquía, y que prepara y da paso a la dictadura nacionalsocialista de Hitler. Esta no se entiende sin esa crisis de la postguerra.

El diagnóstico del P. Kentenich es que en las organizaciones católicas eclesiales alemanas falta interioridad. El problema no es que faltan organizaciones, o que los católicos no estén organizados sino que falta interioridad y por eso falta vitalidad, falta encarnar los ideales, y por eso no hay fecundidad. Y si éste es el diagnóstico, el acento no estará en buscar actividades nuevas, programas nuevos, escribir nuevas cosas, sino en cómo vivir toda una espiritualidad.

La terapia, nuestra respuesta original tiene que ser encarnar ese tipo de hombre nuevo y nueva comunidad; ponemos un claro acento en la interioridad.

El texto sigue:

“Tenemos que volvernos hacia nuestro propio interior y retirarnos hacia nosotros mismos para tomar conciencia de las fuerzas sobrenaturales que Dios ha puesto en nosotros y luego hacer uso de ellas con decisión.”

En el contexto de hoy, se habla de una cultura que lleva a extrovertir a la persona, a sacarla de sí misma, a desintegrarla. Es el tema de la falta de interioridad. Y lo otro, es la pérdida de conciencia en la fuerza, de la vida sobrenatural, y un predominio de una visión naturalista de la vida, que apela a los medios exteriores. Se piensa que con el tener, con el poseer, con el consumir, con el uso de medios técnicos, económicos y medios de influencia se resuelven los problemas.    Pero todos éstos son medios para un fin.

Aquí hay una frase que quisiera citar, que podríamos escribir exactamente igual hoy día, al menos en el ambiente que vi en Chile. El P. Kentenich las escribe en el año 19, hace 80 años:

“Hoy existe una corriente devastadora de inmoralidad que amenaza socavar todos los cimientos del orden social, de la armonía familiar, de la educación, de la fe y de la vida eclesiástica.”

Abarca todos los ámbitos. Hoy hablamos de inmoralidad o de antivalores, de una visión avalórica.  Lo inmoral todavía tiene un significado porque lo inmoral es atacar lo moral. Pero hoy estamos en una cultura de la amoralidad, que es lo peor. Como en la visión de fe, donde el ateísmo ataca la fe; lo peor es una visión agnóstica, arreligiosa. Si Dios existe o no existe, no importa. Si la moral existe o no existe, no importa. No existen valores sino intereses.

 

II B. Cultivo de la vida interior, sentido del apostolado –

Por esto, el P. Kentenich dice que en medio de este caos, nosotros planteamos un programa nuevo: acentuar decididamente la vida interior; y la vida interior entendida como apostolado, como requisito, como fundamento y como fuente de la fecundidad de todo apostolado. Porque para el P. Kentenich, apostolado, es transmisión de vida, en el sentido de la frase del Evangelio que siempre citará y que nuestro Padre Arzobispo Francisco Javier Errázuriz ha tomado y ha vuelto a ser pública en su lema episcopal: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Este es el sentido del apostolado, el sentido del Reino. Todo lo demás son medios para ello. La eficacia, la importancia, la necesidad de todas las acciones se mide en esto: ¿estas acciones, ayudan a que haya más vida, más vida humana, más vida cristiana? En el caso nuestro, ¿más vida familiar? El que todo ayude a que haya más vida, está bien, pero no ha de ser un sustituto de la vida.

Esta visión que el P. Kentenich desarrolla desde un comienzo, la va a explicitar en un texto de las jornadas del año 27 al 29, sobre la doctrina general de los principios de Schoenstatt. Allí el P. Kentenich desarrolla la estructura de Schoenstatt, su justificación y comparación con la Acción Católica de Pío X y con la idea del Apostolado Católico de san Vicente Pallotti, y cómo Schoenstatt, en forma original, realiza tanto la una como la otra, pero con un sello original. Y explicita la interrelación que existe en la estructura de Schoenstatt; el por qué, a partir de la causa final, que es el apostolado, se determina tal exigencia ascético-religiosa, tal exigencia comunitaria y por qué se estructura la Liga Apostólica, en su doble dimensión de Colaboradores y Militantes, y la Federación Apostólica.

En esa Jornada desarrolla una explicitación, una fundamentación y una reflexión comparativa y más teológica, y también pedagógica y sicológica de todas las exigencias y diferencias de la estructura de Schoenstatt en función del apostolado. Y el P. Kentenich piensa que, a mayor apostolado, a mayor compromiso apostólico, debe haber mayor compromiso comunitario y mayor compromiso ascético-religioso.

 

III. MODALIDADES  DE  APOSTOLADO

A continuación, en cuanto a terminología, quisiera recordar aspectos y modalidades del apostolado. Todos son apostolados, se complementan, pero es útil recordarlos para el intercambio.

 

III A. Apostolado del ser y del actuar

El Padre Fundador distingue entre el apostolado del ser y el apostolado del actuar.

El apostolado del ser

Es lo que antiguamente se llamaba el apostolado del buen ejemplo. Para el P. Kentenich se trata del apostolado del testimonio de la vida, la vida encarnada, la vida vivida. Según sea el estamento, según sea Instituto o Federación, éste va adquiriendo su sentido; el encarnar el hombre nuevo, el encarnar la nueva comunidad, con un sello apostólico universal. Es decir, no se trata simplemente de girar en tomo a sí mismo sino encarnar en sí mismo lo que se quiere transmitir a otros y para poder transmitirlo a otros.

Por eso, no se trata de una alternativa: nos preocupamos de nosotros mismos o de los demás, de mi familia o de las otras, de yo vivir el cristianismo o de enseñar a otros a vivir ese cristianismo. No se trata de alternativa, de o – o, sino de y – y. Nos preocupamos de nosotros para poder preocuparnos de los otros. Nos preocupamos de nuestra familia, para poder ayudar a otras familias; nos santificamos para poder santificar a otros.

Por eso, desde un comienzo, aquellos compromisos ascético-religiosos expresados en las contribuciones al capital de gracias, concretizados en el horario espiritual., y el trabajo del ideal personal y examen particular, están motivados, desde el año 20, por la frase clásica del Evangelio de San Juan: “Por ellos me santifico”. La autoeducación tiene una meta apostólica. La santidad nunca es para uno mismo; la santidad es una participación y una colaboración en la santidad de la Iglesia. Es lo que se vivió en la Familia de Schoenstatt en torno al 20 de enero y la solidaridad de destinos con el Padre Fundador. El P. Kentenich entrega su libertad por nosotros, por sus hijos, y nos exige entregar nuestra libertad por él.  El 20 de enero llega a su profundidad en la Inscriptio.

El P. Kentenich no pone a las comunidades de elite, institutos y federaciones, una meta jurídica, un requisito organizativo, sino que pone una meta pedagógico-religiosa: educar a sus miembros para que puedan llegar a vivir la Alianza en el espíritu de Inscriptio porque es la garantía de poder vivir no sólo los consejos evangélicos en el mundo de hoy, sino poder dar su aporte de vida a los demás.

Apostolado del actuar

El testimonio de vida como apostolado es requisito, fundamento del apostolado del actuar. El apostolado del actuar puede ser de palabra y de hechos, de acciones; apostolado como acción apostólica, sea testimonio de palabra o testimonio de obras; como complemento, y no como alternativa.

En los años 20, la palabra clásica era apostolado; aún se mantiene y se habla de ella. El Concilio Vaticano II tiene un documento sobre la actividad apostólica de los laicos. Después, con Paulo VI, en Evangelii Nuntiandi, y Juan Pablo II, se ha complementado en el contexto de lo que el Padre Fundador decía y se habla de una nueva cultura, de un nuevo orden social, un nuevo orden social cristiano. Hoy día en la teología se habla de la evangelización como un concepto que abarca todo el sentido del apostolado e incluso en cuanto se refiere no solamente al anuncio explicito del Evangelio de Cristo, sino de penetrar con los valores del Evangelio las estructuras humanas, sociales, culturales. En especial Juan Pablo II habla de evangelización de la cultura.

El Padre Fundador, en muchos textos, habla de una nueva cultura, de un nuevo orden social. Y habla de una nueva comunidad para crear ese nuevo orden social. Hoy en muchos contextos está esa expresión de cómo evangelizar la cultura, es decir, todos los ambientes donde la persona y la sociedad se mueven.

Este es el apostolado del ser y del actuar. El testimonio de la vida, el testimonio de la palabra y de la acción son dos elementos distinguibles pero inseparables; uno condiciona al otro.

Por eso, la Federación se compromete con ambos, a un ideal de santidad personal, matrimonial, familiar, precisamente para poder comprometerse también con el testimonio de palabra y de obras en todos los ambientes, en todos los ámbitos asequibles.

No es una alternativa: o la santidad o el apostolado; preocuparse más de la santidad o más del apostolado. La santidad es el primer apostolado; no es el único ni el exclusivo. Pero su sentido es precisamente la acción apostólica.

 

III B. Apostolado para Schoenstatt y en el sentido de Schoenstatt-

El P. Kentenich respecto al ámbito, se refiere al apostolado para Schoenstatt y el apostolado en el sentido de Schoenstatt.

El apostolado para Schoenstatt

Hay un apostolado para construir, para desarrollar la Obra, la Familia de Schönstatt. Es decir, se trata de llevar a personas a sellar la Alianza de Amor, a vivirla, a participar del mundo de la Alianza con sus elementos específicos. Todo el apostolado de construcción de Schoenstatt, de cualquier rama, todo apostolado de llevar personas al Santuario, de trabajar con la Virgen Peregrina, etc., son un apostolado para Schoenstatt. Se trata de dar el mensaje de Schoenstatt, el mensaje de la Alianza a otras personas.

Esta es una primera exigencia fundamental de cada schönstattiano, de cada comunidad, y el acento que se ponga depende de la parte vocacional, pero es insustituible. La Familia necesita permanentemente crecer en extensión y en profundidad.

El apostolado en el sentido de Schönstatt

Es un apostolado que, inspirado en los principios pedagógicos, ascéticos, religiosos del Padre Fundador, ayuda, inspira otras comunidades, otras acciones que no tienen por finalidad inmediata llevar personas a Schoenstatt sino el que el espíritu de Schoenstatt impregne las comunidades, los movimientos, las obras apostólicas con los valores que Schoenstatt cree que reflejan y dan respuesta, a la luz del Evangelio, a la época actual.

Lo mariano, lo providencialista, lo orgánico, lo familiar, lo laical, son todos elementos que, inspirados en Schoenstatt, queremos y debemos dar a la Iglesia. Incluso, muchos elementos de nuestra propia ascética tienen un valor general. No tienen toda la fecundidad que tienen cuando están iluminados por la fuerza de la Alianza y las gracias del Santuario, pero tienen un valor en sí La pedagogía de los vínculos, la pedagogía de los ideales, el trabajo ascético, son elementos que no necesariamente están circunscritos a Schoenstatt sino que se pueden dar, desde Schoenstatt, para iluminar muchas acciones y actividades de la Iglesia.

La Federación tiene que realizar este apostolado para Schoenstatt o en el sentido de Schoenstatt en la Iglesia y en el mundo. Dónde poner el acento, es un aspecto vocacional.

En este contexto, cuando el P. Kentenich llega por primera vez a Sudamérica, se encuentra primero en Brasil, con la Acción Católica.

En Alemania existía una pluralidad de organizaciones apostólicas laicales. Cuando en 1921, el Papa Pío XI proclama oficialmente la Acción Católica, los obispos alemanes entre ellos Mons. Faulhaber, piensan que ya tienen toda una red de organizaciones apostólicas y eso es para ellos la Acción Católica. En cambio en Sudamérica se aplica el modelo italiano. Y en la época en que Schoenstatt nace en Chile, en Brasil y en Argentina, la organización apostólica laical es la Acción Católica. Incluso el apostolado laical se define como la participación del laico en el apostolado jerárquico de la Iglesia y, por eso, el laico que trabaja apostólicamente en el ámbito eclesial tiene que pertenecer a la Acción Católica que se estructuraba en hombres y mujeres, jóvenes y niñas.

Posteriormente, en los años 50, aparece el Movimiento Familiar Cristiano nacido en Uruguay y es el primero que tiene la primera pastoral organizada de familias, de matrimonios en el ámbito latinoamericano. Después, en Chile, los obispos la aceptan como una forma de la Acción Católica Familiar. La Acción Católica no trabajaba con matrimonios, y al venir la crisis, se dijo que la Acción Católica destruía o dividía la familia, porque el papá estaba en la Rama de Hombres, la mamá en la de mujeres, los hijos varones en la juventud masculina, las hijas mujeres, en la juventud femenina, etc. Y, por primera vez, el Movimiento Familiar Cristiano trabaja con la familia.

El P. Kentenich, al llegar a Brasil, se encuentra con esta forma de Acción Católica que, según los obispos, era la instancia para todo el que quisiera trabajar en el ámbito apostólico eclesial,, y no se necesitaba otra organización. Frente a esto, el P. Kentenich plantea que Schoenstatt puede estar junto a otros movimientos, en vez de otros movimientos o dentro de otros movimientos. ¿En cuál? Dependerá de las circunstancias eclesiales concretas, de la parroquia, de la diócesis o del país donde esté.

  • •Junto a otros movimientos: Schoenstatt tiene derecho a trabajar apostólicamente junto a otros movimientos: la Acción Católica, la Legión de María, Focolarinos, etc.
  • •En vez de otros: En un lugar donde se inicia y no hay movimientos organizados, en una parroquia, en una diócesis, Schoenstatt no tiene por qué organizar otro movimiento sino que puede él mismo asumir un trabajo. Lo importante es evitar los extremos: o excluir a Schoenstatt, o dar el monopolio a Schoenstatt. Los sacerdotes diocesanos que son párrocos, o un obispo que tiene una diócesis, aunque sean schoenstattianos, no pueden hacer de Schoenstatt un monopolio, aceptar sólo a Schoenstatt; allí tiene que estar la Iglesia universal. Ni tampoco deben excluir a Schoenstatt. Schoenstatt tiene derecho a existir, igual que todos. Este en vez de otros, dando la oportunidad para otros, pero nunca con sentido de monopolio o de exclusividad.
  • •Dentro de otros: donde hay organizaciones apostólicas y donde no se autoriza o no es conveniente que Schoenstatt trabaje apostólicamente como estructura propia, puede trabajar y formar dirigentes para el apostolado según el espíritu de Schoenstatt. Esta fue la idea original. La Federación nace para formar dirigentes que animen otras comunidades eclesiales.

Por lo tanto, el apostolado para Schoenstatt, puede darse junto a otros o en vez de otros. El apostolado en el sentido de Schönstatt es trabajar dentro de otros.

 

 

 

IV. LA  FEDERACION Y LA  FORMACION  PARA  EL  APOSTOLADO

Finalmente, algo que también es importante para nosotros. El P. Kentenich habla de la formación para el apostolado. La Federación quiere formar apóstoles, dirigentes laicos.

Esta actividad apostólica ha de ser compatible con la formación que se está recibiendo. Puede ser distinto el grado de trabajo apostólico de una persona: puede ser al inicio de su postulación a la Federación, en la consagración temporal, en la consagración perpetua. Depende del grado de intensidad de la formación de la persona y también de sus exigencias familiares y laborales. Pero también debemos evitar que el apostolado sea solamente fruto, es decir, que se realice recién cuando la persona está formada. No; también hay un apostolado que nos ayuda a formarnos, lo que en las profesiones se llama práctica. En todas las profesiones hay una práctica que los estudiantes tienen que hacer antes de recibir el título como profesionales. Porque si recién empiezan a ejercer después de recibidos, tendrán la teoría pero no tendrán la práctica.

En Alemania, ocurrió que médicos, que por las circunstancias ya no sabían poner una inyección. Porque nunca habían podido hacerlo, habían hecho la práctica en muñecos de goma solamente, nunca lo habían hecho en personas.

En este sentido, la Federación debe tener esto presente; la Federación necesita ambos aspectos. El apostolado es parte integral de la formación. No solamente es fruto de una formación.

 

IV A. Apostolado especifico de la Federación de Familias –

Quisiera ahora referirme al apostolado específico de la Federación de Familias. Lo anterior vale para todas las Federaciones.

 

Características debiera tener el apostolado de nuestra Federación de Familias

           

1. Apostolado eminentemente laical.

Junto a las características generales de todo apostolado schoenstattiano -apostolado orgánico, providencialista, mariano, con acento comunitario- el apostolado de la Federación de Familias quiere ser un apostolado eminentemente laical, algo que comparte con todas las federaciones laicales. Laicos, que no son sacerdotes ni personas de vida consagrada – en el sentido de un compromiso jurídico con el estado de vida consagrada de la Iglesia, como son los institutos seglares – y que por eso realizan su apostolado específicamente en el mundo y desde el mundo.

 

2. Un apostolado matrimonial.      

Apostolado matrimonial no en el sentido de que deba hacerlo el matrimonio en común, sino que la actividad que hacen ambos cónyuges, juntos o cada uno por su cuenta, es una actividad en que ambos se complementan, ambos se ayudan y ambos se apoyan. En la medida en que sea posible se recomienda una actividad conjunta del matrimonio. En la medida en que, por las circunstancias profesionales o laborales, es separada, el intercambio matrimonial sobre el apostolado debiera ser un elemento central de crecimiento del matrimonio.

Es decir, un apostolado individual de los cónyuges, no debiera ser una acción, una actividad de la cual el otro cónyuge no tenga idea ni sobre la cual nunca haya un intercambio ni nunca se complementen ambos cónyuges. Es lo mismo que puede ocurrir con el trabajo. Tanto la labor dentro de la casa como fuera de la casa, de uno o ambos cónyuges, tiene que ser un elemento de conversación, de complementación, de crecimiento de ambos. Hay matrimonios en que ambos trabajan fuera de la casa, e incluso puede ser que trabajen en el mismo lugar.

 

3. Un apostolado con carisma familiar.

Finalmente, creo que es lo más importante: el apostolado tiene que tener un carisma específicamente familiar. Familiar no sólo en el sentido de que prioritariamente nuestra Federación de Familias quiere preocuparse de la familia, de la propia y de las demás, dentro y fuera de la Federación, sino que en todo apostolado, en toda acción, el carácter familiar, el carisma familiar tiene que hacerse presente.

Cuando decimos que la Federación quiere tener un apostolado en todos los ámbitos asequibles, hoy día la familia, por su estructura, toca todos los ámbitos y todos los ámbitos repercuten en ella. No existe ningún ámbito que sea ajeno propiamente a la familia, ni el ámbito del arte, ni el de las comunicaciones, ni el de la política, ni el del deporte; mucho menos el ámbito de la educación básica, secundaria, universitaria. ¿Por qué? Porque todos esos ámbitos están repercutiendo en la familia.

Por eso, el apostolado ha de ser familiar no sólo en el sentido que se trabaja con familias, dentro o fuera del movimiento, en la pastoral familiar, preparación de novios, de pololos, no solamente en el trabajo en todo el campo educacional, en los centros de padres, catequesis de primera comunión o confirmación, sino también en cualquier acción. Desde la acción legal -actualmente tenemos un juez de la Corte Suprema, personas en la política- hasta los temas del salario familiar, del aborto, del divorcio, de las experiencias genéticas, y no sólo la donación sino la fecundidad asistida, los niños en probetas, experimentación genética con todo tipo de elementos como gametos u óvulos fecundados.

Todos estos ámbitos tienen incidencia familiar y por eso, típico de nuestra acción apostólica debiera ser planteamos en la perspectiva de cómo incide, cómo atañe, cómo lo que hacemos repercute en la familia, en lo laboral, en lo político, en lo social, dentro y fuera del movimiento, en la Iglesia, en la sociedad. Por eso, estar atentos y ver qué hacemos nosotros, en ese ámbito en que estamos, para contribuir a sanear, a apoyar, a robustecer la familia y el tejido familiar como base del tejido social.

Es bueno recordar una definición clásica de la familia que acentuaba su importancia: la familia es la célula básica de la Iglesia y de la sociedad. Pero de esta definición no se sacan las consecuencias. ¿Qué significa que es la célula básica? No significa simplemente que es la célula más pequeña, que es la primera y después de ella vienen otras, sino que significa que el tejido familiar, el tejido eclesial, el tejido social, está tramado en base a la familia, y que si ese tejido de la familia está dañado, el tejido social se daña. Renovar, reformar, robustecer la Iglesia, la sociedad, no es posible si no se robustece y renueva el tejido familiar. Si no hay células sanas, no hay cuerpo sano. Si la familia no se renueva, no hay una Iglesia sana, no hay una sociedad sana. Por eso el acento en la familia es en vista a la sociedad y a la Iglesia. Cuando decimos que no solamente queremos renovar la familia sino crear una Iglesia-familia, una sociedad-familia, un mundo-familia, estamos expresando y acentuando esa definición.

Como complemento, recordar simplemente lo que nuestro Padre fundador precisó con posterioridad. Aquello que nos recordaban nuestros hermanos de Brasil al celebrar su jubileo de los cincuenta años del Santuario Tabor, el primer santuario filial del mundo en cuya bendición el Padre fundador estuvo presente.

Cuatro días después de esta bendición, el 15 de abril, el P. Kentenich escribe lo que se llamó la Carta de Santa María que es como el Acta de Fundación de la Obra de Familias. En ella, el P. Kentenich precisa la importancia de la familia para Schoenstatt, para la Obra de Familias de Schoenstatt. El dice que si Schoenstatt debe cumplir su misión, la Mater tiene que concentrar toda su acción educadora y su poder de gracias en la familia. Dirá después que la Obra de Familias es el fundamento y la corona de la Obra de Schönstatt y que todos los estamentos y todas las comunidades contribuyen a formar la Obra de Familias y, a la vez, la Obra de Familias alimenta todas las comunidades de Schoenstatt. El P. Kentenich precisa la tarea apostólica en este sentido: ¿qué significa restaurar, renovar la familia? Significa crear y vivir una auténtica moral familiar, desarrollar y aplicar una auténtica espiritualidad, ascética y pedagogía familiar, lo cual tiene que concretizarse en auténticas costumbres familiares. Este es nuestro primer aporte.

Por eso, ¿estamos nosotros creando una cultura de familia, con costumbres familiares, con principios de una clara ascética, pedagogía y espiritualidad de familias? ¿Estamos defendiendo y encarnando los principios de una auténtica moral familiar? Son cosas que actualmente, ninguna de ellas son evidentes. Porque están puestos en tela de juicio la moral familiar, el Magisterio de la Iglesia, la pedagogía familiar, una espiritualidad propia de la familia. Incluso para muchos movimientos, la santidad es una santidad personal; la santidad no atraviesa por la santidad del cónyuge, no atraviesa por la santidad de los hijos, de la familia toda. Un matrimonio de la Federación no puede santificarse solo; la santidad de un matrimonio de la Federación atraviesa el organismo de los vínculos, atraviesa la santidad de las personas y las personas más inmediatas son el cónyuge y los hijos. Por eso esa santidad se expresa en costumbres familiares. Aquí tenemos todo un campo de santidad y de apostolado.

El P. Kentenich complementa este contexto después, en el año 1967, con ocasión del aniversario de la fundación de los Hermanos de María y del Instituto de Familias en Dachau. En esa oportunidad, él vuelve por primera y única vez al campo de concentración y da esa serie de tres charlas seguidas de más de tres horas, durante las cuales estuvo siempre de pie, a pleno sol.

En esa oportunidad habla del sentido de la historia de ese tiempo y de la función específica y el sentido que tuvo la fundación de ambos institutos. Haciendo una alusión a un artículo del P. Monnerjahn,, va a decir que en Dachau se probó y se aspiró a formar el hombre del más allá, el hombre sobrenatural, el hombre con una visión providencialista y, por eso, el hombre filial, el hombre ingenuo, el hombre que confía y se abandona en las manos de Dios. Y cómo esto permitió que el infierno de Dachau fuera algo de cielo, porque se sentían cobijados en las manos del Padre Dios. La expresión que él usó fue: “El heroísmo, la genialidad de la ingenuidad”. Schönstatt quiere crear un hombre que es genial en la ingenuidad de la  filialidad, que confía que está en las manos del Padre Dios y que todo lo que ocurre es para bien aunque no lo entienda.

El P. Kentenich agregó un tercer elemento: formar este hombre religioso, del más allá, hombre providencialista, filial, es para forjar un nuevo orden social, y tiene que ser portador de un nuevo orden social cristiano. Es lo que hoy llamamos evangelización de la cultura.

El Padre Fundador hablaba a la Obra de Familias, en primer lugar, pero también hablaba a los Hermanos de María respecto al tema de la paternidad, y dice que ésta quiere ser portadora de un nuevo orden social porque el orden social se construye en la familia y a partir de la familia y sin renovación de la familia no hay orden social. Estos son textos que tenemos que precisar y estudiar.

 

 

IV B.  Campos apostólicos prioritarios-

En este contexto, quisiera ahora referirme a los campos apostólicos prioritarios que nosotros tenemos.

 

1. Apostolado de cada miembro de la Federación

A cada miembro de la Federación se le pide un apostolado de dirigente en su ambiente y en todos aquellos ambientes asequibles para él, en ese momento y en esas circunstancias. Es un apostolado asequible, para cada matrimonio según su situación familiar, según su trabajo laboral.   Es distinta la situación de un matrimonio con hijos de otro sin hijos; o de uno con un hijo y otro con ocho hijos, con menores de edad, con adolescentes o con hijos universitarios. Depende qué tipo de trabajo tienen. Por eso es un apostolado asequible a esa persona, a ese matrimonio, en esas circunstancias y por eso va variando y va teniendo acentuaciones distintas. No hay una medida común.

En este contexto, el primer campo apostólico prioritario e insustituible es la propia familia. Y la propia familia no como algo de los propios intereses, del propio egoísmo, sino que nos preocupamos de los demás. Se trata de encarnar el hombre nuevo en la nueva comunidad. En nuestro caso, el hombre nuevo es el esposo y la esposa; un nuevo modelo de esposo y esposa, un nuevo modelo de matrimonio, un nuevo modelo de padre y de madre, un nuevo modelo de familia. No nos preocupamos exclusivamente de nuestra propia familia sino prioritariamente.

Hablar de prioridades no es hablar de exclusividades. Prioridad significa primera importancia, lo cual significa que hay otras prioridades, pero que no son todas iguales, o que una se sacrifica por la otra. Cuando hay colisión de deberes, de tiempo, cuando no se puede hacer todo aquello que se quisiera, tenemos que tener criterios y ver cuáles son las prioridades. Y en estas prioridades, para nosotros lo primero es la propia familia.

Para la Federación no debiera haber ningún apostolado, ninguna actividad cuyo costo fuese la propia familia; que dijésemos que sacrificamos nuestra relación conyugal, nuestra relación con los hijos, porque tenemos que hacer cosas muy importantes. Esto no debe darse por ningún motivo, incluso lo laboral no puede estar a costa de la familia. Lo primero es la armonía entre la familia y el trabajo, un tema muy importante actualmente.  Antiguamente, lo laboral era el problema del esposo, del padre de familia; hoy, en forma creciente el problema también es de la madre de familia, porque cada vez, por circunstancias económico-sociales, también la mujer participa en el campo laboral. Y esto agudiza el problema.

La familia es lo primero, y familia significa relación conyugal, relación familiar con los hijos. Esto no es solamente tema de cantidad sino tema de calidad. Pero la calidad necesita también cantidad. Y en esto nadie puede juzgar desde afuera, sino que cada uno tiene que revisarse desde dentro. Esta preocupación por los hijos implica no solamente el ámbito dentro del hogar. Allí los niños cuando son menores de edad no van al colegio, pero desde el momento en que empiezan a ir, automáticamente la responsabilidad por colaborar en la educación de los hijos, en el lugar en que se están educando, pertenece a este ámbito educacional. Y será entonces una colaboración en el jardín infantil, en el kínder, en el colegio, en la universidad, dondequiera que estén mis hijos. Este apostolado está al servicio de la construcción de nuestra propia familia.

No debiera ocurrimos a nosotros en la Federación, el que matrimonios nuestros, dirigentes, hagan una gran labor apostólica al servicio de la Liga Apostólica, de la pastoral familiar, de la sociedad, pero a costa de no cultivar el diálogo matrimonial, el diálogo con sus hijos, porque no tienen tiempo. Y puede ser que hayan ayudado a que todos formen familias ideales menos la propia. Esto sería el apostolado de palabra sin el testimonio de la vida. Este peligro es inmanente y, muchas veces, porque el trabajo en la propia familia es más difícil y menos gratificante. La propia familia puede criticamos; uno de los cónyuges dirá lo que echa de menos, lo que no le gusta y lo que espera de su cónyuge; los hijos también podrán echar en cara lo mismo. En cambio, hablar a los demás de cómo educar a los hijos, de cómo cultivar el diálogo matrimonial, de cómo tratar al cónyuge, es más fácil. Dar una charla sobre armonía, sobre diálogo matrimonial nos es más fácil que practicarlo nosotros como matrimonios; hablar a los demás de cómo educar a los hijos es más fácil que educar a los propios hijos. Hablar de la adolescencia, del diálogo con los adolescentes, es más fácil que dialogar con los propios hijos adolescentes.

 

2. Apostolado en el propio ámbito laboral profesional.

Para nosotros, como miembros de la Familia, la profesión es una vocación y la vocación ha de ser un rasgo central de nuestro ideal personal. Por esto, normalmente, en la medida en que nuestra profesión, nuestra inserción laboral es expresión de nuestra vocación y no solamente de necesidad económica, lo que podría darse, -que por necesidad económica tenemos que asumir un trabajo que no es nuestra vocación, pero necesitamos mantener la familia- no podemos sacrificar nuestra vocación profesional por un apostolado. Nuestro primer apostolado es el ejercicio adecuado de nuestra profesión con los criterios propios de la Obra de Familias.

 

3. Apostolado en la propia Federación.

En tercer lugar está el apostolado en la propia Federación. Las exigencias que la Federación pone de dedicación a construir la Federación es también un criterio de vocación a la Federación y es un apostolado si estas exigencias, concretamente, significan para cada uno de nosotros, para nuestro curso y después nuestro grupo oficial, una dedicación. Esto es un apostolado, es construir la nueva comunidad, el hombre nuevo en la nueva comunidad en la Federación, como testimonio, como modelo y como ejemplo de cómo se renueva la familia.  Si esta exigencia y el cumplimiento de estas exigencias nos impiden una realización en nuestro campo laboral, si nos dificultan el propio trabajo y dedicación a nuestra familia, significa concretamente que no tenemos vocación a la Federación.

• Para el matrimonio, la Federación es un medio pero no un fin. Y es un medio que tiene que ayudarnos a ser mejor matrimonio, mejores esposos, mejores padres, a realizarnos mejor profesionalmente y capacitamos además para un apostolado de dirigente. Pero si esta capacitación para un apostolado de dirigente, por nuestra inserción en un curso, en un grupo oficial, nos impide nuestra realización profesional y familiar, significa que este medio no es para nosotros.

• Tampoco se trata de decir que otros apostolados nos impiden participar de la Federación; si un matrimonio piensa que por tener tantos compromisos apostólicos no puede participar en el curso o en el grupo oficial, en forma habitual y no ocasionalmente, está equivocado. Ocasionalmente puede ocurrir que se produzca una colisión de fechas; por ejemplo, un matrimonio de Federación que es jefe de la Rama Familiar, ésta puede fijar un encuentro anual que coincide con su reunión de curso, es algo ocasional. Pero si es habitual en este apostolado, esto no corresponde. El apostolado no puede ser a costa de su participación activa en la Federación. Como tampoco la participación activa en la Federación puede ser a costa de su propia participación laboral y familiar.

 

4. El apostolado al servicio de otras familias.

Según vocación y posibilidad del matrimonio, está el servicio a otras familias tanto dentro de Schönstatt como fuera de él. Aquí está todo el aspecto vocacional en todos los ámbitos: en el ámbito educacional, cultural, familiar, laboral, eclesial. Y aquí están las puertas abiertas, la Divina Providencia y las vocaciones personales y matrimoniales.

5. El apostolado en el ámbito prioritario de la Federación.

a) En primer lugar, la Federación como comunidad

Quiero referirme al ámbito prioritario de la Federación como comunidad, es decir, no solamente a lo que cada matrimonio hace. Aquí hay una tensión: la Federación, por una parte, con la libertad y la magnanimidad, que exige, que forma apostólicamente dirigentes, y por otra, que a ningún matrimonio le puede imponer un determinado trabajo. Por eso, dónde se inserta apostólicamente, es una decisión del matrimonio. Esto no significa que la Federación no proponga, no motive, no incentive y no pida, incluso, ayuda para determinadas tareas.

En este sentido, la Federación como estructura, como organización, tiene como primera tarea la propia Federación. Y esto exige personas que estén dispuestas a asumir tareas de dirección, a nivel nacional, a nivel regional, a nivel de curso, de grupos oficiales. Este es el primer y más importante apostolado. Un matrimonio particular puede decir que ésa no es su vocación, pero la Federación tiene que buscar personas que vean en ello su vocación de ser.  A nadie pueden imponerle, pero puede proponer, pedir e incentivar. Esto exige dedicación de muchas personas a medida que la Federación crece, y de personas calificadas. No debiera ocurrir que al interior de nuestra Federación tuviésemos en la dirección, en la educación o en la orientación, los matrimonios menos calificados de la Federación porque los más calificados están todos trabajando hacia afuera.

Por esto hay una primera preocupación de buscar matrimonios que vean, como su primera misión apostólica, el construir la Federación, en los distintos niveles y formas.

 

b) La Federación y el servicio a la Obra de Familias

Como Federación somos parte motriz de la Obra de las Familias y de todo Schönstatt, pero especialmente a través de la Obra de Familias. Por eso, el servicio a la Rama de Familias, a la Liga Apostólica en unión y colaboración con el Instituto, no en competencia con el Instituto, es una tarea prioritaria de la Federación. Y si en alguna parte la Federación no participa, no colabora, no está presente, significa que algo no está funcionando bien. Es un trabajo, es un servicio, y por eso es a petición de la Rama de Familias, a petición de la Liga Apostólica, pero que debe encontrar nuestra primera prioridad.

Por eso la Dirección ha de preocuparse de proponer, de buscar, de formar personas, matrimonios que estén dispuestos y dejen tiempo para ese apostolado. Si se nos pide hacer dirección, ser monitores o guías de grupo dentro de la Liga, coordinadores dentro de la Familia, jefes de rama, debiéramos darle una primera prioridad después de lo que es de la propia Federación.

Aquí hay un peligro, que se ha producido en Alemania por distintas circunstancias.  En muchas partes, ciertas Federaciones se han aislado de la Liga y, en la práctica, no son parte motriz y es el Instituto el que inspira a la Liga Apostólica; la Federación está al margen.  Esto tiene una repercusión muy concreta en las vocaciones. Si la Federación se aisla de la Liga Apostólica, tiene que buscar sus vocaciones fuera de ella, fuera de Schoenstatt o a nivel de peregrinos, y toda la parte de formación tiene que hacerla a partir de cero; tiene que introducir a Schoenstatt y después introducir a la Federación, cuando lo normal es que las personas pertenezcan a Schoenstatt, ya sea a la Liga de los Colaboradores o Militantes. Nosotros debiéramos ser los más interesados en que, ojalá la Liga, Colaboradores y Militantes, sean lo mejor posible, tengan el mejor perfil y que tengan personas muy capacitadas. Y no debemos sentirla como competencia sino al revés. Mientras más vida tenga la Liga Apostólica, ello nos asegura a nosotros, como Federación, primero que las personas que postulan a ella sean realmente personas que quieren algo más, que aspiran a un compromiso mayor, y no simplemente porque la Liga Apostólica no les es atractiva. Aquí vale doblemente el refrán: mal de mucho, consuelo de tontos. Si en algún país, en alguna diócesis, la Liga Apostólica de Familias no funciona o son pocos, para nosotros debiera ser un problema. Nos ha de interesar que la Liga Apostólica sea lo mejor posible, lo más activa posible, y que la Federación no sea una instancia de competencia sino, al revés, una instancia de servicio.

 

c) Servicio a la Pastoral Familiar.

El servicio a la Pastoral Familiar, eclesial, en todos los ámbitos: parroquial, diocesano, nacional.

 

C. Modalidad o estrategias apostólicas –

Cuando decimos que la Federación es una fuerza apostólica internacional, nacional o diocesana, (en distintos niveles), nos referimos a lo que el P. Kentenich pensaba: Federación son dirigentes que quieren ser motor multiplicador, parte motriz, que incentiven, motiven y orienten el apostolado de muchas personas. Pero no tanto ni en primer lugar un apostolado que lleve el rótulo de la Federación ni mucho menos que sea exclusivo de la Federación. Por eso, la mayoría de los apostolados que tenemos, lo hacen miembros de la Federación que están incorporados a ella, pero no es la Federación que los hace.  La Federación quiere ser una comunidad apostólica que forma apóstoles. No está excluido el que pueda asumir un trabajo coyuntural o permanente cuando se le pida como Federación. Lo normal, si se trata del campo de la pastoral familiar, será el tratar de hacer un apostolado conjunto con la Obra de Familias, porque el apostolado es lo que nos une. El apostolado nos une con la Liga Apostólica y con el Instituto. Por eso, en iniciativas apostólicas nuestras debiéramos tratar de invitar, de coordinar, de integrar a personas de la Obra de Familias, lo que no quita que seamos los inspiradores o los dirigentes. Se trata de que actuemos integralmente. No hay ningún motivo para hacer un apostolado exclusivo con matrimonios de la Federación, sino al contrario. La Federación tendría que ser la que motiva, la que inspira, la que incentiva una integración apostólica.

En esto, diría que la Federación debe ser un modelo de lo que quiere ser el apostolado de la Obra de Familias; la Obra de Familias, modelo de lo que es Schoenstatt. Schoenstatt, modelo de lo que es la Iglesia. Nosotros, estructuralmente, queremos ser federativos pero también en nuestra actividad. ¿Qué significa esto? Federativas son comunidades que son autónomas pero no porque son autónomas dejan de coordinarse, de integrarse, de complementarse, sino que, sin perder la autonomía, quieren mostrar que es posible complementarse y coordinarse. Por eso, si nosotros como Federación hacemos actividades, debemos integrarnos y complementamos con la Obra de Familias, con la Liga Apostólica y con el Instituto. Si, a su vez, la Obra de Familias colabora, integra apostolados y acciones con otras comunidades de Schoenstatt, está creando un modelo, porque dentro de la Iglesia se trata también de esto.

La Confederación Apostólica Universal es una meta de Schoenstatt, y de ello quiere ser también un modelo, y se trata justamente cómo integrar comunidades, movimientos apostólicos que colaboren en ciertas cosas sin perder su autonomía, pero que se integran, se coordinan. En este Encuentro Continental de la Juventud se trata precisamente de esto, que todos los movimientos juveniles colaboren; es un encuentro continental pero los portadores, los animadores, los inspiradores son los distintos movimientos juveniles y en ello Schönstatt puede tener un rol central. Así también la pastoral familiar.

En el grado que nosotros logremos todo esto, estamos creando un modelo de cómo formar acciones apostólicas que no son monopolios, que no son exclusividad, sino que integran y coordinan.

 

D.  Iniciativas apostólicas –

De las iniciativas apostólicas, nosotros tenemos dos tipos de iniciativas: aquellas actividades que debieran ser las normales que vienen de la base; iniciativas de miembros de la Federación, que ésta apoya, que incentiva, da a conocer y fomenta, pero que son hechas y llevadas a cabo por esas personas. Por ejemplo, en actividades como Fundación en Alianza, Dequeni, en Paraguay la Casa del Niño, en Argentina, el Centro la Providencia, María Ayuda, en Chile, colegios, los principales motores e impulsores son matrimonios de la Federación, pero no son exclusivos, y no es la Federación que tiene esos apostolados sino sus miembros y la Federación los apoya.

Los cristianos son bautizados y confirmados y por eso las iniciativas apostólicas también han de venir de los cristianos, sin esperar que los obispos las organicen. A lo sumo pueden pedir la aprobación del obispo, pero no pueden esperar que él organice algo y pensar que si el obispo no nos pide nada, nada tenemos que hacer. Lo mismo pasa respecto a Schönstatt. No debemos preguntarnos: ¿qué hace Schoenstatt?, sino ¿qué hacemos nosotros?. Lo mismo al interior de la Federación, no vale la pregunta ¿qué hace la Federación?, sino, ¿qué hacemos nosotros?. La Federación nos forma para organizar y emprender acciones apostólicas.  No debemos esperar que la Federación oficialmente, a nivel nacional o regional, organice un apostolado, sino que nosotros, los matrimonios que estamos interesados, nos coordinamos y damos a conocer un apostolado, una acción en la Federación y pedimos su apoyo.  Esto es lo normal. Las obras deben surgir así.

Para finalizar, creo que un primer paso de esta fuerza apostólica internacional, es dar a conocer lo que en cada país estamos haciendo, lo que se ha hecho en resumen aquí, en este encuentro.

Conocer unos de otros porque esto abre perspectivas, abre caminos, abre intereses. Compartir porque esto despierta iniciativas. Luego, ver cómo esas iniciativas que son similares, pueden coordinarse. Ver posibilidades de coordinar acciones similares. Experiencias de colegios, por ejemplo; de universidades, de apostolado social. Las personas que trabajan en esos ámbitos podrían una vez encontrarse para intercambiar experiencias sobre eso y ver qué se puede coordinar.

Esto debe hacerse en forma orgánica; que la Federación se coordine, primero, a nivel diocesano, en segundo lugar, a nivel nacional y luego a nivel internacional. Que no ocurra que nos coordinamos y nos interesamos por conocer el apostolado, en un determinado ámbito, que se hace en otro país y no sabemos que se está haciendo en ese mismo ámbito en el propio país, donde también participan matrimonios de la propia Federación. Es lo que ha pasado un poco en la coordinación en el Movimiento de la Obra de Familias. Hemos tenido cinco encuentros internacionales, muy valiosos, muy interesantes, de los cuales el último fue en Ecuador, pero es interesante preguntarse por qué no hemos tenido ningún encuentro nacional de la Obra de Familias, por ejemplo en Chile. Hemos ido cinco veces al extranjero con representantes de toda Latinoamérica, pero la Obra de Familias nunca se ha reunido en Chile a nivel nacional. Esto no debiera ocurrir.

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