¿Que se celebra en el 31 de mayo?

QUE CELEBRAMOS EL 31 DE MAYO?

Ante la pregunta sencilla  de  qué celebramos el  31  de Mayo, la respuesta es triple:

  1. a)Celebramos un misterio: una irrupción de gracias en la familia de Schoenstatt.
  1. b)Celebramos un acontecimiento: la entrega de la carta larga, la Epístola perlonga, en que nuestro fundador respondió valientemente y con audacia a las observaciones hechas por la Jerarquía de la Iglesia alemanaalgunas prácticas pedagógicas de la familia de Schoenstatt. Dicha carta le significó casi catorce años de destierro y castigo de la Jerarquía de la Iglesia, porque era una carta profética.
  1. c)Celebramos la proclamación de unapor el pensar, amar y vivir orgánicos, como misión de Schoenstatt para la Iglesia y el mundo.

 

CELEBRAMOS UN MISTERIO

Le llamo misterio a la irrupción especialísima de la gracia, es decir de Dios en la vida de  la Iglesia, de cada comunidad y de cada persona.

En nuestra familia de Schoenstatt hay numerosas irrupciones del Espíritu. La principal es  la del 18 de Octubre de 1914, cuando el fundador les propone su idea secreta a los jóvenes seminaristas Pallottinos de Schoenstatt en la Capillita abandonada de San Miguel, y lanza la hipótesis de fe, si no sería posible que Nuestra Señora se estableciera en esa capillita y distribuyera sus tesoros de gracias. Pero esa acción de María quedaría supeditada  al esfuerzo por la santidad de  los congregantes: por el fiel y fidelísimo cumplimiento del deber de estado, lo que ahora llamamos capital de gracias. Esa plática es posteriormente denominada el  Acta de fundación, (en ese momento fue la plática de vuelta  de vacaciones  luego de estallar la Primera Guerra mundial el 1° de Septiembre de 1914). También se le llamó más tarde, la  Alianza original y primera del fundador  y los congregantes  fundadores. La  Alianza del 18 de Octubre es el primer hito de la Familia. pero no tanto hito histórico, sino hito porque algo pasa de sustancial al irrumpir el Espíritu en forma  intensa en  Schoenstatt.

La otra irrupción, es el 20 de Enero de 1942, acompañada de  todo lo que sucede  después: la partida al y la vivencia del campo de concentración de Dachau. Es el salto mortal en la fe que nuestro padre hace  a nombre de la Familia de Schoenstatt entera, abrazando la cruz y la altamente probable muerte, a fin de conquistar la libertad interior para los miembros de la Familia. Es una irrupción marcadora para siempre, un segundo hito.

La tercera gran irrupción de  vida divina es el 31 de Mayo. Como en los otros hitos, nada espectacular. Tiene la sencillez y la humildad, el silencio y la hondura pobre de todas las cosas de Dios en nuestras vidas. Si recordamos como llegamos a Schoenstatt, ¿no nos daremos cuenta que fue una circunstancia simple, sin estridencias, una invitación a la salida de una clase  en la Universidad, o después de una tarde intensa de estudios? Y sin embargo en ese momento elemental, Dios entró en nuestras vidas  de una forma que con los años reconocemos que fue fundamental y decisiva. Fue un hito en nuestra vida,  una irrupción del Espíritu por cierto.

Desde esa tarde  humilde del 31 de Mayo de 1949, en la Familia de Schoenstatt nunca más fuimos los mismos. Se creó para siempre una tensión creadora y dinámica entre el Schoenstatt original y el Schoenstatt filial que estaba naciendo en Chile y los demás países. Hubo una recirculación de la sangre como dijo el  fundador. Los Schoenstatt filiales  entraron a tomar un rol diferente: no más niños chicos, sino que adultos frente al Schoenstatt alemán. Eso trae responsabilidades y cargas sobre los hombros de los santuarios filiales y no es un motivo para comportarnos como adolescentes frente al Schoenstatt original. Al contrario, maduramente entregamos lo nuestro, la inculturación que se hace de Schoenstatt en nuestros pueblos, y nos enriquecemos con todo lo que nos aporta el Schoenstatt original de Alemania.

Es una irrupción de gracias grande, que trae al igual que el 20 de Enero del 42, y precisamente en la fuerza del 20 de Enero, cruz, dolores, angustias, traiciones e incomprensiones inmensas  al fundador. Pero por sobre todo, trae un crecimiento doloroso de nuestra auto comprensión como movimiento. Es el tercer hito de la historia de la Familia de  Schoenstatt.

A veces, hemos dicho que así como en la vida de  la Liturgia de la Iglesia hay tres momentos culminantes: la Navidad, la Pascua y Pentecostés, de igual manera podemos decir el 18 de Octubre es nuestra Navidad o nacimiento,  el 20 de Enero es nuestro Triduo Pascual: con  muerte y resurrección,  y el 31 de Mayo es nuestro Pentecostés, una visible, ardiente y manifiesta  irrupción del Espíritu Santo en nuestra filas.

Pero todos esos hitos, son en el fondo un misterio. ¿Por qué Dios lo hizo así, lo permitió así? Cerramos los ojos y adoramos su voluntad santísima: lo único claro, es que han sido irrupciones de su amor benevolente y bondadoso con nosotros, que lo ha hecho por pura misericordia, y que no tenemos más título de orgullo por esas irrupciones que el de sabernos hijos pequeños, amados por Dios, y por lo tanto responsables de las gracias recibidas. Lo ha hecho Dios por amor, y eso nos basta, aunque no entendamos totalmente sus designios.

CELEBRAMOS UN ACONTECIMIENTO

Ese 31 de mayo el padre entrega a la Mater en el Santuario de Bellavista, la parte primera de  su carta larga de respuesta a las observaciones pequeñas que le había hecho el Obispo auxiliar de Tréveris (la diócesis donde está Schoenstatt) y que visitó el Instituto de las Hermanas Marianas sobre algunas particularidades pedagógicas de  Schoenstatt.

Esa carta, desencadenó una serie de hechos que rematan con la  condena de nuestro padre sin expresión de causa por el Santo Oficio (eran otros tiempos en la Iglesia, con un autoritarismo impensable en nuestros días). Pero hubo mucho más: el padre fue traicionado, algunos  de sus discípulos lo abandonaron, fue un tiempo de cruz grande. Muchos no lo comprendieron, otros se asustaron,  algunos mintieron, fueron cobardes, la miseria humana se manifestó en ese tiempo de prueba. Esa entrega de la carta, fue el comienzo de catorce años de Vía Crucis para nuestro fundador.

No es sin embargo solo la entrega  de la carta (hecha el 31 de Mayo cuando en el Hemisferio norte termina el mes de  Maria….aquí en Chile es seis meses después). Es también la ocasión en que nuestro padre, siempre tan sencillo, tan cercano y humano, tan familiar y paternal aunque siempre profundo y hondo vitalmente, habla con una seriedad y una solemnidad pocas veces vista en la historia de la Familia de Schoenstatt. Profetiza sobre Bellavista, y  al profetizar sobre ese  santuario,  lo hace también en cierta manera sobre todos los santuarios filiales: Las palabras que se recuerdan y se recogieron,   sobrecogen: quítate el calzado porque la tierra que pisas  es tierra santa: sí santo es este lugar , porque de él saldrán, crecerán y trabajarán fecundamente santos…si santo es  este  lugar porque desde  aquí  nacerán  crecerán y trabajarán  fecundamente santos, sí  santo es  este lugar  porque la Stma. Virgen  ha escogido este terruño…

El 31 de Mayo es la noche en que se nos profetiza la tarea a la cual hemos sido llamados: ser santos. Y en grande. Aunque nos miramos y decimos con verdad:¿con que ropa? ¿Yo? Sí, Bellavista y nuestros santuarios de  gracia, solo tienen sentido si de ellos crecen y salen santos a   renovar la Iglesia y el mundo. Menudo acontecimiento  celebramos: es la noche santa en que se nos dice por nuestro padre: tu, fulano, estás llamado a ser santo. Es un acontecimiento para la Familia, pero es nuestro acontecimiento personal, único e intransferible. Nuestra noche.

CELEBRAMOS LA PROCLAMACIÓN DE UNA  CRUZADA POR EL PENSAR AMAR Y VIVIR ORGÁNICOS.

 

La carta de respuesta de nuestro padre, no era cualquier carta. Iba al fondo de problemas que él vio, diagnosticó y previó de mucho antes: la manera de pensar dividida, atomizada, compartamentalizada, en una palabra desintegrada del hombre moderno, que lo llevaba como consecuencia, a vivir  desintegradamente,  y a  amar desintegradamente. A esa forma de pensar, vivir y amar, la llamó mecanicista.

Y el mecanicismo, él lo vio no solo en el mundo, también en algunos círculos  de la Iglesia y en el Movimiento: El  temor  ante el amor humano, la incapacidad de integrar los afectos en la vida  personal,  la dicotomía entre fé y vida,  la sospecha recurrente que el amor a  Maria  aleja de Cristo, como si el amor al prójimo alejara del amor a Dios. La supremacía totalitaria del estado, que es incapaz de  asumir armoniosamente el bien personal y el bien común, la tragedia de mirar lo económico  separado de Dios. La incapacidad de vivir integradamente, conjuntivamente: Dios y el hombre, libertad y gracia, Cristo y María, estado y persona.

Ante esa situación, el Padre  quiere oponer una cruzada que luche, es decir que se la juegue, por un mundo integrado, por un mundo orgánico. El pensar, la mentalidad, es decisiva. Cuando miramos  la   realidad desintegradamente, necesariamente vamos a vivir y a amar desintegradamente. Esa cruzada tiene dos espadas: el amor a  María, y a través de  Ella a todo el mundo sobrenatural, y  la defensa y acentuación del llamado principio paternal en  nuestras comunidades y en la vida. No es que el padre fuera machista, pero detrás de la destrucción de la imagen del padre en la familia, en la empresa, en la sociedad y en la Iglesia y en las comunidades religiosas, nuestro fundador veía un peligro inmenso y una desprotección  grande ante la mentalidad mecanicista. En el fondo, el padre se da cuenta que todo lo que ha hecho en su vida  al formar la Familia ha sido prepararla para esta lucha. Todo lo nuestro, vivido seriamente, con radicalismo y profundidad, nos va  a permitir dar las luchas que el prevé hacia el futuro.

El 31 de mayo, no es el recuerdo de una cruzada por cosas que ya pasaron. El mecanicismo sigue vivo más que nunca, también en nuestras filas de Schoenstatt, también en círculos de la Iglesia, también en la sociedad y sobre todo en nuestro corazón. La cruzada por el organicismo en el hombre y la sociedad, comienza en nuestra propia alma, entre nosotros mismos.  La cruzada comienza por nosotros, no por los demás, pero no termina en nosotros.

Esta cruzada, es nuestro aporte a la Iglesia y al mundo. Todo lo que vaya en la línea de la integración,  de la unidad,  de la compatibilización de aparentes opuestos, todo lo que vaya en la línea del amor en definitiva, es nuestra tarea. Por eso a veces lo hemos sintetizado: Schoenstatt corazón de la Iglesia para que la Iglesia sea alma del mundo. El 31 de Mayo nos impulsa en el fondo a  ser poder de amor en la Iglesia,  a  ser los que  más amen, porque el amor es  la fuerza integradora y unitiva por excelencia.

Celebramos por eso nuestra misión, nuestra tarea. Y la celebración, no es solo para alegrarnos  sino sobre todo,  para volver  a asumir la  misión  con mayor fuerza, para volver  a recordar que nuestras vidas tienen una cumbre más  alta que el Everest, que  hemos sido bendecidos en Schoenstatt  al llamársenos a una tarea que nos sobrepasa absolutamente, pero que si somos fieles a las fuerzas fundamentales que le dieron origen  a Schoenstatt: la Mater, la Alianza, el Santuario, el Fundador y la Familia de Schoenstatt, vamos  a poder realizarla, porque nuestra tarea, no es nuestra, ES DE DIOS.

Juan Enrique Coeymans Avaria y Carmen Zabala de la Fuente

9° Curso Antorchas  de  María

Federación Apostólica de Familias de Schoenstatt  de Chile

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