33 Historias cortitas el Padre Kentenich escritas por Susana Abugosch PuntaArenas Chile

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No1
Vivir primero lo que predico:

Algo muy importante en el estilo pedagógico del Fundador de Schoenstattes que él se impuso, como exigencia de educador, nunca pedir nada que él no hubiera vivido primero. Estaba convencido que el primer deber de un padre es encarnar los ideales de su séquito. Y lo hizo hasta el final de su vida.

Una anécdota. Un joven alemán de la �nueva ola� creía pasado de moda a José Engling, uno de los primeros schoenstattianos. Este joven planteó al Padre Kentenich de modo irónico el tema del Horario Espiritual, uno de los métodos ascéticos de la espiritualidad schoenstattiana, y le dijo que suponía que él ya no lo necesitaba después de toda su vivencia Consagración, de Alianza de amor a la Virgen. Y entonces él se rió, metió la mano en su bolsillo y le dijo: �aquí está mi horario�. Hasta los 83 años marcó su Horario Espiritual, y dijo que lo marcaba no porque lo necesitara, sino porque nunca él pedía nada a nadie, si no lo hacia él primero.
Así nosotros tampoco podemos ser educadores, padres y madres verdaderos, si no tratamos de cumplir todo lo que enseñamos

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No3

*Todo un Padre, como Dios Padre*
El Padre Kentenich era un hombre de extraordinario calor humano, acogía con solo mirar y sonreír. Para los que se acercaron a él, fue un padre acogedor y, al mismo tiempo, educador. Su paternidad, como una mezcla de bondad y firmeza, de comprensión y de exigencia, de cercanía y distancia, hacía que ante el Padre uno se sentía espontáneamente hijo, cobijado, comprendido, ennoblecido. El Padre sabía escuchar, tenía tiempo para escuchar, o se lo hacía. Cuando conversaba con él, parecía que yo era lo único que le interesaba y que existía en ese momento en el mundo.

Una anécdota. Un joven argentino logró viajar a Alemania en 1966 a conocer al Padre después de más de un año de solicitar la entrevista. “Cuando llegué me saludó por mi nombre. Recuerdo que me preguntó por mi salud (yo había tenido una grave operación), cómo había sido mi viaje, si había descansado bien. Luego preguntó por mis padres, por mi familia. Conversamos mucho, le dije de mis alegrías y mis anhelos, asintió, se rio, me miraba con ternura. Me dejó regalos, fotos, chocolates, etc. Cuando me despedía de él me di cuenta que el “momento” se había transformado en casi 45 minutos. Agitó su mano hasta que desapareció. Luego de un largo rato pensé: “¡qué cerca estaba Dios! Si así es nuestro Padre, ¿cómo será Dios? Aquel día comprendí la alegría de ser hijo, el gozo de tener un Padre. Un Padre que me conoce, que por eso comprende, espera, goza, está cerca… Así y mucho más es Dios”.
Esa capacidad de atender a cada persona que llegaba hasta él, como si fuera la única, no era una capacidad natural. A través de su presencia paternal, se traslucía la presencia de Dios.

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No4

*Darle a la Virgen un sitio de honor en los hogares*
Para el Padre Kentenich la Familia era fundamental. Siempre recalcó que la familia es la gran escuela de amor, que Jesús, que venía a construir un mundo nuevo, pasó 30 años junto a María y apenas 3 años predicando en público. De Él aprendió María la importancia de la familia. Por eso, donde Ella iba, creaba un ambiente de hogar. Así fue en su vida en la tierra y esa es la gracia que Ella reparte ahora desde el cielo.

Una anécdota: Mientras vivió en Estados Unidos, el Padre se dedicó especialmente a acompañar a matrimonios que lo visitaban en su parroquia. Muchos de ellos tenían conflictos matrimoniales o en la educación de sus hijos. A todos ellos el Padre los invitó a llevar a la Santísima Virgen a vivir a sus hogares. “Si ya resulta difícil hacer que reine la gracia en uno mismo como persona, parece casi imposible llegar a ser una familia según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret… Tomen la imagen de la Santísima Virgen y denle un sitio de honor en sus hogares. Así sus hogares se convertirán en pequeños santuarios en los cuales esa imagen de gracias derrame sus gracias, genere una santa tierra familiar y forme santos miembros de la familia… Lo que voy a decir es de importancia elemental para el futuro: Todo lo que es válido para el Santuario Original y los santuarios filiales, es válido también para el Santuario Hogar”. En esto último se refería a las gracias del Santuario (cobijamiento, transformación y envío apostólico).
El Padre Fundador ve una estrategia divina detrás de ello, la renovación del mundo debe partir de los hogares. En ese círculo pequeño e íntimo, la Mater quiere realizar su misión, al renovar la familia y educar hombres nuevos para el mundo.

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No5

¿Cómo aumentar nuestro amor a María?
El 18 de octubre de 1914, hace casi 103 años, el Padre José les confió a sus alumnos una secreta idea predilecta, mediante la cual invitaran a la Santísima Virgen a establecerse en la capilla de la congregación a cambio de ofrecerle a Ella como regalo sus esfuerzos de autoeducación. Es decir, el Padre invitó a los jóvenes a sellar una Alianza de Amor con la Virgen. Ese día fundaron el Movimiento de Schoenstatt. El Padre dijo en 1948 “podemos suponer confiadamente que la Virgen María, correspondiendo al plan y mandato de la Trinidad, ha sellado una Alianza original con Schoenstatt. Con nuestra colaboración personal, fiel y lúcida, Ella se ha establecido en el santuario y quiere impulsar desde allí un poderoso movimiento de renovación del mundo, que abarque todos los pueblos, y Ella quiere valerse de nosotros como sus instrumentos para realizar esa tarea”.

Una anécdota: Unas señoras que sellaron su Alianza de Amor con la Virgen le preguntaron al Padre ¿cómo aumentar nuestro amor a María? Y él les recomendó tres pasos:
1.Contemplar la imagen de María: Hacia donde dirigimos nuestros ojos, hacia allí se dirigirá nuestro corazón. Nos transformamos en aquello que contemplamos con amor.
2.Conversar cariñosamente con Ella: Escuchar a María y hablar con Ella. ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Qué decisión tomarías? ¿Cuándo dirías “si” y cuándo “no”?
3.Hacer pequeños sacrificios por amor: Todo auténtico amor se nutre de sacrificios y se acrisola por los sacrificios. En la alianza de amor, María solicita la colaboración de sus aliados, el “nada sin nosotros”, las “contribuciones al capital de gracias”.
Que este ‪18 de octubre volvamos a renovar con más anhelo que nunca nuestra Alianza de Amor con María, contemplemos su imagen en el Santuario, conversemos cariñosamente con Ella y ofrezcámosle como regalo pequeños sacrificios de amor.

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No6

El arte de escuchar

Una persona sensible y dispuesta a escuchar a Dios y a los hombres. Así era y vivía el Padre Kentenich. Él pudo percibir los deseos e intenciones deDios y de los hombres, no sólo oídos abiertos, sino sobre todo con un corazón abierto. Quien hablaba con él encontraba oídos atentos, aceptación y reconocimiento incondicionales. El Padre era también capaz de escuchar e interpretar lo que no se decía. Los encuentros con él eran a menudo un encontrarse en lo profundo del corazón, un entenderse sin muchas palabras.

Una anécdota: A menudo el Padre Kentenich escuchaba a su interlocutor con los ojos cerrados. Esto ponía inseguras a algunas personas que se preguntaban si les estaba escuchando o dormía. Pero cuando el interlocutor callaba y se generaba una pausa más larga, el Padre tomaba la palabra y decía: “siga hablando, lo estoy escuchando con atención”. En una carta a un sacerdote el Padre le escribió: “esfuércese conscientemente por el arte deescuchar, vale decir, de escuchar con atención y percibir incluso lo que no se dice, y también el arte de saber guardar un silencio lleno de empatía”.
Así era nuestro Padre, todo oídos. Y uno se va dando cuenta de que escuchar bien es, a veces, un arte más grande que el de hablar bien.

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No7

*Un amor que une, asemeja y transforma*
Así lo experimentan quienes se aman. El amor nos une, asemeja y transforma al ser que amamos. La medida del amor es la medida de la transformación. El profundo amor del apóstol Pablo a su Señor y Maestro Jesucristo le hizo declarar: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi” (Ga 2, 20). El hombre llega a ser lo que contempla.
Para llegar a parecerse tanto a María ¿cuántas veces y cuánto tiempo el Padre Kentenich habrá contemplado su persona y su imagen? La vinculación filial a María lo llevó a una actitud mariana. Él la amó tanto y Ella lo modeló con tal esmero, que se convirtió para muchos en imagen y semejanza de María.

Una anécdota: Ocurrió en Milwaukee, en 1963. El Padre Kentenich dictaba un curso para seminaristas. En la fiesta de la Anunciación de la Virgen los participantes trataron de comunicarse telefónicamente con el Padre. Pero parecía que él no estaba en todo el día en su habitación, como era costumbre. Al menos no atendía el teléfono. Todos los intentos por comunicarse telefónicamente ese día con él fracasaron. Acabaron preocupados. Finalmente, al anochecer, el Padre atendió el teléfono. Cuando se le preguntó dónde había estado todo el día, al principio dio respuestas en tono de broma y evasivas. Pero por último declaró: “Estuve todo el día con la Virgen María, pues hoy era su fiesta”. Se había retirado para pasar a solas con Ella aquel día.
El Padre transmitía maravillosamente la persona y misión de la Virgen María. Cuando hablaba de Ella se notaba su cercanía, era evidente que se estaba refiriendo a alguien con quien había dialogado toda su vida, a quien amaba incondicionalmente. En la relación de ese amor, Ella lo educó, trasformó y asemejó a su imagen.

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No8

“Ella es el alma de mi alma”
Quien indaga el secreto de la vida del Padre Kentenich se encuentra con María. El Padre declara: “Ella es el alma de mi alma”.
Un acontecimiento histórico fundamental, a la edad de ocho años y medio en el orfanato de Oberhausen, significó el acontecimiento central de la conducción divina en su niñez y juventud.
El 12 de abril de 1894, su madre, Catalina Kentenich, consagró a su hijo a la Virgen María. Ella misma ya no podía ser mamá para él ¿y qué hizo en la angustia de su corazón y preocupación? Tomó el único valioso recuerdo de su infancia, su medalla de Primera Comunión y lo puso en el cuello de la Virgen suplicando con insistencia: “Educa tú a mi hijo, sé para él plenamente madre. Cumple tú en mi lugar los deberes de una madre”.

Una anécdota: El Padre Kentenich confesó que llevó guardado ese secreto consigo hasta el 18 de octubre de 1914. Hasta ese momento nunca había compartido con nadie el gesto que hizo su mamá. “La Santísima Virgen me educó y formó desde los nueve años. Todo lo que se ha gestado a través de mí, se ha gestado gracias a Ella”.
En ocasión de sus bodas de oro sacerdotales, en 1935, dijo: “si miro hacia atrás, puedo decir que no conozco ninguna persona que haya tenido una influencia profunda en mi desarrollo. Tuve que crecer en una completa soledad interior del alma. Si mi alma hubiese tenido contacto con el medio cultural de entonces, o si me hubiese vinculado en algún momento a determinadas personas, no podría decir hoy con tanta seguridad que mi educación fue obra exclusiva de la Virgen, sin ninguna influencia humana profunda… Dios me puso inmediata y exclusivamente bajo la influencia educativa de la Virgen, cuyo cometido fue prepararme para una misión especial en la construcción del Reino de Dios en la ribera de los nuevos tiempos”.

 

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No9

“Confianza Ciega”
El Padre Kentenich vivió innumerables momentos de dificultades, pero siempre mantenía la calma y la tranquilidad. Él decía “el gran secreto de mi tranquilidad soberana y de mi confianza filial: ¡Yo he sellado la alianza de amor con María!”.

Una anécdota: El 8 de agosto de 1947, después de varios días de fuertes tormentas, el Padre Kentenich viajó en avión desde Chile a la Argentina acompañado por cuatro Hermanas de María. Durante la Semana de Octubre, en Schoenstatt, comentó “cuando sobrevolamos los Andes, vivimos una situación sumamente peligrosa. En este caso el vuelo fue doblemente peligroso, porque inmediatamente antes se habían caído tres aviones. Nadie quiso subir al avión. Así fue que tuve para mí solo un avión de 21 asientos. Aunque en realidad no para mí solo, ya que conmigo viajaban cuatro Hermanas de María. Aparte de nosotros, nadie más se animó a tomar el avión”.
La Hermana M. Ursula recuerda ese momento: “Las Hermanas subimos con mucho miedo a ese pequeño avión. A mí me tocó sentarme al lado del Padre. El avión ya había alcanzado una altura considerable cuando repentinamente se escuchó un gran grito de todas nosotras: de golpe el avión había perdido 90 metros de altura. Sólo el Padre mantuvo la serenidad. Nada logró conmoverle. A pesar de las muchas turbulencias, el Padre se levantó y se acercó a cada Hermana preguntándole cómo se sentía, porque hubo hemorragias nasales, vómitos y malestar cardíaco. Nos decía una y otra vez: “No se preocupen, la Virgen está con nosotros en el avión. Con seguridad Ella nos conducirá a nuestro destino”.
Al hablar de este suceso en aquella Semana de Octubre, el Padre agregó: “Las Hermanas que estaban conmigo, literalmente estaban muriéndose. Pero todo se revirtió y salió bien. Como lo de morir todavía no resultaba, regresó poco a poco la vida”.

 

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No10

“Audaz Docente”
La docencia se convirtió tempranamente en la prueba práctica de sus cualidades humanas. Recién ordenado sacerdote, se le nombra profesor en el seminario de Ehrenbreitstein, en las cátedras de alemán y latin.

Una anécdota. En la primera clase se presentó antes sus alumnos con un discurso muy personal, como era su estilo: “Queremos trabajar juntos. Les exigiré mucho. Pero también ustedes pueden exigir de mí lo más elevado. Y así seremos buenos amigos en este año”.
En sus anotaciones privadas anotó también esta meta: “En tu calidad de docente sé para tus alumnos un amigo paternal… no solo eres docente, si no también educador… entrega un tratamiento individual… mantén continuamente la conciencia de que por lo menos la mitad de los errores que se cometen corren por cuenta tuya”.
Quien piensa así, trata a sus alumnos no como objetos a los que se les inculca cualquier teoría. El Padre quería estimular la iniciativa propia y la responsabilidad compartida. En lugar de hacer aprender de memoria las reglas gramaticales, alienta a los alumnos a elaborarlas por sí mismos basándose en ejemplos. Cuando un chico no podía responder a una pregunta, no recurría al mejor alumno, si no que proponía un debate por el cual buscar todos juntos la respuesta correcta. Un ex alumno del Padre recuerda que sus clases no eran una instrucción en el sentido usual, si no una movilización de todas las fuerzas intelectuales.
Sus consignas fueron amistad en lugar de instrucción estilo militar; y la educación de la autonomía. Para aquella época eran consignas asombrosamente modernas. Los colegas quedan espantados al enterarse de cómo se conduce el Padre Kentenich a la hora de tomar exámenes: les dictaba a sus alumnos la tarea a realizar… y abandonaba el aula. Pero su audaz confianza alcanzó el efecto deseado: desde entonces en su curso nadie hacía trampa en los exámenes.

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No11

*Encuentro*
Ya hemos escuchado de la capacidad de oír y encontrarse con las personas en forma muy personal que tenía Nuestro Padre. Pero esta historia lo resume todo.
Una anécdota: “En el mes de octubre de 1946 invité a mi hermana a Schoenstatt y le presenté al Padre Kentencih. Él la invitó a conversar diciéndole: “¿no quiere pasar al locutorio?” y ella aceptó. Tiene que haber sido un diálogo muy bueno el que mantuvieron los dos, porque mi hermana terminó muy contenta… “nunca antes había encontrado un sacerdote tan paternal y bondadoso”, me dijo. Él se había interesado por todo, cómo le iba, cuántos hijos tenía, con atención y preocupación escuchó que su esposo era prisionero de guerra y que ella había quedado sola con sus cinco hijos. Su bondad y comprensión le ayudaron mucho, ya que mi hermana salió de esa conversación llena de confianza y esperanza. El Padre incluso le dio dinero “para que tuvieses de qué vivir por un tiempo”, como le dijo al ofrecérselo.
Alrededor de 21 años más tarde, mi hermana se encontró con el Padre Kentenich por segunda vez. Estaba nuevamente de visita en Schoenstatt junto a otra hermana. Cuando ambas se encontraron con él, este reconoció en seguida a aquella que había hablado con él en 1946 y le preguntó: “¿qué pasó finalmente con su esposo? ¿recuperó su libertad?”. Mi hermana le dijo que si, sintiéndose hondamente conmovida al ver que el Padre se había acordado de ella después de tan largo tiempo. Yo misma apenas podía creerlo. El Padre había hablado con esta hermana mía solamente una sola vez hacía 21 años… ¡cuántas vivencias habría tenido entre tanto! ¡cuántas personas había encontrado a lo largo de esos años! Sin embargo era capaz de reanudar un diálogo mantenido hace 21 años sin olvidar el tema tan importante. Con qué apertura al prójimo tuvo que haberla escuchado aquel entonces y con qué profundidad debió haberla acogido en su corazón.

 

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No12

*Jardín de María*
El Padre Kentenich consideró a María como la obra maestra de la creación. Dijo que Schoenstatt está llamado a ser un “jardín de pequeñas marías”.

Una anécdota: El Padre fue detenido por la Gestapo en diciembre de 1941. En la Navidad, una joven Hermana de María en su carta al “Niño Jesús” pidió como “milagro de la Nochebuena” la liberación del Padre. Esa hermana se llamaba “Mariengard”, que en alemán alude a “Jardín deMaría”.
Esta carta, que expresaba un gran cariño y ternura filial hacia el Padre, fue entregada a la Hermana Superiora, quien la hizo llegar al Padre en la cárcel. El Padre la contestó, haciendo un juego de palabras entre Mariengard (el nombre de la Hermana) y Mariengarten (Jardín de María), diciéndole: “Cumpliré tu deseo cuando tu corazón y el corazón de toda nuestra Familiase haya convertido en un floreciente Jardín de María”.
La carta del Padre desencadenó una poderosa corriente de vida. Las Hermanas asumieron la invitación del Padre a esforzarse por ser un floreciente Jardín de María y se desplegó un esfuerzo heroico por la santidad, como petición al Señor, para obtener así la liberación del Padre.
De este modo se establece un profundo “entrelazamiento de destinos”, una comunidad de corazones, de misión y de tarea entre el Padre y las Hermanas. Nace una poderosa corriente de solidaridad que más tarde será asumida por toda la Familia de Schoenstatt.
Posteriormente, el Padre definirá el Jardín de María diciendo: “El Jardín deMaría está formado por pequeñas Marías que se han conformado en Cristo, que son portadoras de Cristo y que dan a luz a Cristo en el mundo”.
En el Jardín de María se pone de manifiesto un tipo de aspiración a la santidad en el cual el amor y solidaridad humanos están íntimamente ligados al amor y solidaridad en el plano sobrenatural. El espíritu de la nueva comunidad –el estar el uno “en, para y con” el otro– es vivido intensamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No13

Los Burros
La piedad instrumental es uno de los pilares de la espiritualidad de Schoenstatt. Servir al Reino de Dios con disposición y docilidad.

Una anécdota: El Padre Kentenich utilizaba mucho los símbolos, decía “para nosotros son un juego, ya que con esa forma simbólica de expresarse se pone en movimiento una parte de la fuerza creadora”.
Los burros, símbolos de la piedad instrumental, fueron recibidos y regalados muchas veces por el Padre Kentenich como un regalo especial. Los burros son considerados tercos, tontos y flojos. Esto los hace muy humanos. En una época tuvieron un rol protagónico como animales de carga; y también como animales de carga, llevando al Señor el Domingo de Ramos, entraron los burritos en el Evangelio. A pesar de su mala fama ellos son en su mayoría dóciles, astutos, resistentes y capaces de soportar más de lo que se cree. Por eso el Padre Kentenich los consideró como símbolos de la “Piedad Instrumental”. Él decía: “pienso que esto también debería entrar en la tradición: por un lado reconocer gustosamente que somos burritos pero, justamente porque somos burros, no debemos pasar por alto que sobre su lomo se sienta Dios Trino. Y si es Él quien está sentado sobre el burro, entonces seguramente el burro llegará a la meta. El burrito solo debe permanecer consciente de que es un burro. Si él se confunde creyendo ser el que lleva sobre el lomo, entonces, por supuesto, se termina la historia”.

 

*UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No14*

_*Siempre y solo Padre*_
Estando en Milwaukee alguien le preguntó con qué palabras podía definirse a sí mismo. Él contestó: “Con una sola palabra: Padre. Es el sentido de mi vida, ser siempre Padre y solo Padre”.
Su historia es un desarrollo extraordinario de su paternidad, la gracia de la paternidad que Dios le concedió, como núcleo de su personalidad y, también, de su misión.

Una anécdota: El Padre Kentenich se daba enteramente como padre que inspiraba una ilimitada confianza con los otros. El marido de una señora portorriqueña tuvo la oportunidad de conocer al Padre en un grupo de
schoenstattianos que viajó desde Nueva York a Milwaukee y había vuelto muy entusiasmado hablándole del Padre Fundador. Ella se había tenido que quedar en casa, pero al escuchar a su marido, se motivó para viajar a
conocerlo. Era un viaje en bus de unas 20 horas, muy largo y, además carísimo. Pero ella se fue convencida de encontrarse con el Padre.
“Cuando lo miré, simplemente me deslumbró. Cuando vi su barba y su sonrisa fue como si estuviera delante del Padre Dios. El me invitó a sentarme y se sentó. Pero yo no pude hacerlo y, sin darme cuenta, me arrodillé. Sentí
que no podía controlar mis manos que, solas, comenzaron a extenderse: me di cuenta de que iba a hacer algo que no debía, pero no podía impedirlo. Y así se me fueron las manos y le tomé la barba. Después sentí gran vergüenza por lo que había hecho y bajé la cabeza. No sabía qué iba a decir el Padre. Nunca antes había tocado a un sacerdote. Y él, en vez de retarme, me tomó la oreja y me dijo: ¡You are a baby!. Y desde ese momento me di cuenta que tenía un padre y la vida cambió para mi”.
El Padre Fundador era una persona que tomaba de sorpresa y era capaz de “desarmar” a las personas sencillas como a esta señora, porque en su vida se fue haciendo cada vez más un reflejo, un resplandor del corazón del Padre Dios; y el amor paternal de Dios “desarma”, es siempre sorprendente.

 

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No15

*Nochebuena*
La obra de Schoenstatt ha vivido dos “milagros de Nochebuena”. En 1945 el regreso del Padre Kentenich desde Dachau sano y salvo. Y en 1965 el retorno del Padre desde el exilio en Milwaukee. Ambos momentos son una irrupción extraordinaria de gracias.
El “tercer milagro” es el que debemos buscar el regreso permanente del Padre a nuestros corazones, por medio de nuestra transformación interior. Así colaborar con su regreso para todos y santificarlo con nuestro testimonio de vida.

Una anécdota: esta maravillosa oración fue escrita por el Padre Kentenich en 1928 y qué mejor que volver a rezarla cada uno de nosotros frente al Pasebre.

“Madre… ¡Regálanos a tu Niño! Esta vez no tomes por cunita un establo frío y sin lumbre; toma nuestros corazones que se han preparado anhelando la venida de tu Niño, sean nuestros corazones esa cunita para Él.
Madre, regálanos hoy, a todos tu Niño. Te prometemos que en cada corazón encontrará un lugar cálido. Te prometemos esto, y también que queremos amarlo y recibirlo como tú lo haces. Tu te arrodillas ante tu Niño, en adoración; también nosotros estamos arrodillados ante Él. Adorándolo en nuestro corazón. Tú le consagras todos los afectos, toda tu ternura, le regalas tu amor, le regalas tu espíritu de sacrifico, tu abnegación.
También nosotros queremos entregarte hoy todas esas virtudes, todos esos afectos y queremos abandonar en el corazón de este Niño pequeño, nuestros sufrimientos y nuestras culpas. Ya no estamos solos en el futuro. No somos nosotros los que llevamos, es Él quien nos lleva a nosotros. ¡Si pudiéramos ser tan niños como el Niño de María! ¡Si pudiéramos conversar con Él con esa espontaneidad, sencillez y alegría de niño simple…!”
Madre junto a tu Niño, regálanos hoy un profundo e íntimo amor a Él. Bendice a todos, a cada Rama y cada hijo de la Familia. Bendice a toda nuestra familia, para que nuestro pequeño Santuario se asemeje fielmente al pesebre de Belén, para que los representantes de los pueblos y naciones peregrinen a este Belén y para que salga del un torrente de bendiciones hacia el mundo, conduciéndolo de regreso al Padre, de regreso a Dios, al pequeño Rey del Pesebre… Amén”

 

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No16

*Fe Práctica en la Divina Providencia*
Ahora que concluye el año miramos hacia atrás y vemos el paso de Dios en nuestra vida. Y también nos preguntamos ¿qué quiere Dios de mí para el próximo año? ¿qué planes tiene para mi? El Padre Kentenich siempre recalcaba que “Schoenstatt en su devenir, en su esencia y en su actuar, es marcadamente un hijo de la Providencia”. “Ser hijo de la Providencia significa estar convencido que cada situación, alegría, sufrimiento, desilusión es una parte esencial del plan de la omnipotencia, de la sabiduría y el amor de Dios”. Y que “la Fe en la Divina Providencia debe ser práctica, no teórica. No ha de ser algo pasivo, sino activa. No espero cruzado de brazos que suceda lo que el Padre ha previsto en su plan. Sino que debo salir a buscar el plan de Dios para realizarlo”.
Siempre que el P. Kentenich habla de la Divina Providencia se refiere al Dios vivo, al Padre que tiene un plan de amor para nosotros y que nos invita a realizarlo. Decir que Dios es Providente quiere decir que Dios cuida, conserva y rige el destino de la creación, de todo el mundo y también de cada persona. Se trata de una fe activa, concreta, aplicada, que busca encarnarse en la vida cotidiana. En una palabra, es una fe práctica.

Una anécdota: El Padre Kentenich le mostró a todas sus comunidades una manera cotidiana de vivir esa fe práctica, una metodología concreta de 4 pasos:
1.Observar: Las voces de Dios en el tiempo y en el alma. Y las puertas abiertas en nuestra vida.
2.Discenir: Tomar una decisión en oración y según las voces del ser de cada persona.
3. Realizar: Sin temor, con confianza, de la mano de María, lo que uno discierne que es el plan de Dios para mi vida o situación que estoy viviendo.
4. Evaluar: Según la Ley de la Resultante Creadora.
Este fin de año, o comienzos del que empieza, es el mejor momento de hacer una pausa y escuchar a Dios, que nos habla en nuestra vida cotidiana, que nos habló varias veces el año que termina y que nos dice con claridad lo que debemos realizar el próximo.
¡Feliz Año Nuevo!


UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No17*_

*El arresto*
El Padre Kentenich fue prisionero de la Gestapo en la Segunda Guerra Mundial. De septiembre de 1941 a marzo de 1942 estuvo encerrado en la cárcel de Coblenza y de ahí hasta abril de 1945 en el Campo de Concentración de Dachau.
El Padre se refirió más de una vez al memorable “20 de enero y su entorno” como al “eje de la historia de Schoenstatt” y lo decía con absoluta fe en que ese día una “irrupción de gracias” había enriquecido la Obra.

Una anécdota: la mañana del 20 de septiembre de 1941 el Padre llegó hasta el cuartel de la Gestapo de Coblenza. Llegaba por una “invitación” que le habían entregado dos funcionarios el domingo anterior. Antes de dejar Schoenstatt, el P. Kentenich había celebrado misa en el Santuario, después ordenó algunas cosas, se despidió sin grandes ceremonias y, rechazando la compañía que se le ofreció, partió solo hacia Coblenza.
La Gestapo sabía de su llegada, pero lo hicieron esperar 5 horas antes de recibirlo (táctica para desmoralizar) y comenzar el breve interrogatorio y lectura de las acusaciones que tenían contra él: expresiones contra el gobierno y la cosmovisión del nacionalsocialismo que él habría manifestado en algunas de sus conferencias. Sin embargo, se hizo evidente que la razón era otra: estaban conscientes de que tenían antes ellos a la cabeza del Movimiento de Schoenstatt, organización que tenían en la mira hace años.
Terminado el interrogatorio le informaron sin rodeos: “tenemos que retenerlo aquí”. Él les explicó que no podía quedarse porque debía impartir un retiro al día siguiente en Munich. Ellos dijeron que debería postergarlo y llamaron a Schoenstatt para avisar que el Padre no volvería por el momento y que necesitaba sus cosas personales.
Se lo llevaron a una celda solitaria en el sótano de la casa, donde lo dejaron cuatro semanas en total oscuridad. Cuando bajaba con un funcionario por las escaleras del sótano, le dijo bromeando: “¡Por fin ahora puedo tener vacaciones!”.

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No18

*La celda*
Los sótanos del cuartel no eran precisamente un lugar de vacaciones. Las oscuras celdas del sótano eran las antiguas bóvedas de seguridad. No había calefacción; el piso, las paredes y el techo eran de cemento armado y apenas dejaban entrar aire fresco. Muy pronto el Padre se sintió aterido de frío y su nariz comenzó a sangrar a causa del mal aire. Poco más se sabe, él guardó un silencio casi total sobre lo que ocurrió allá abajo. Solo pequeñas menciones en cartas que enviaba.

Una anécdota: Otros prisioneros de la Gestapo que también fueron confinados en la celda oscura, a los pocos días sufrieron un colapso nervioso y debieron ser sacados del sótano. Sin embargo, cuando terminó su arresto, el Padre Kentenich subió, según el testimonio de un sacerdote que entonces atendía la prisión, como un triunfador, íntegro en cuerpo y alma. En algunas de las cartas que envió a Schoenstatt desde la cárcel, comentó: “en toda educación sobre el cuidado de la salud y la forma de tratar nuestro cuerpo, no hay que descuidar, dentro de lo razonable, la capacidad de tratarlo con rigor. ¿Cómo habría podido resistir las cuatro semanas si, como Pablo, no hubiera tratado siempre mi cuerpo a puñetazos? Prepárense todos ustedes a cosas parecidas”.
La Gestapo no le aplicó torturas corporales, como a prisioneros de otras celdas, a pesar del temor que tenían en Schoenstatt.
Dos veces lo sacaron de la celda por breves momentos: una vez para otro interrogatorio, que el Padre exigió el día del arresto; y, la otra, para fotografiarlo.
El interrogatorio se realizó el día siguiente de su detención. El Padre creyó necesario insistir en su inocencia. Consideraba su deber hacer todo lo posible por cumplir, tanto como fuera posible, aún estado prisionero, la tarea que Dios le había confiado como fundador de la Obra de Schoenstatt. Y hacer todo lo posible por conseguir su libertad, si no lo lograba, entonces podía estar seguro de que su cautiverio respondía a la voluntad de Dios.
La Gestapo no le creyó y lo mantuvo prisionero. Un mes después lo derivaron a la cárcel de Coblenza.

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No19

*20 de enero*
En las cartas enviadas en esa época se entiende el verdadero sentido de la prisión del Padre Kentenich o su decisión del 20 de enero de 1942 de ir voluntariamente al Campo de Concentración de Dachau.
Destacan dos pensamientos. Primero, el Padre hablaba de la Solidaridad o entrelazamiento de destinos, que según la voluntad De Dios existía entre el fundador y su fundación; ahora este lazo debía ser capaz de resistir una prueba de fuego. El segundo pensamiento, es que el sentido de la prisión, que afectaba de la misma manera al fundador y a la fundación en virtud deesta solidaridad, era un llamado a crecer en la entrega a Dios y alcanzar nuevas alturas en la vida y desarrollo de la obra, lo que debía verse reflejado en una libertad lo más perfecta posible respecto del propio yo, delas ideas, planes y deseos propios, a fin de realizar la voluntad De Dios y cumplir con la misión que él había confiado a la Familia de Schoenstatt.

Una anécdota: El 17 de enero llegó a Schoenstatt una nota del Padre Kentenich con una mala noticia: “me acaban de hacer un examen físico para verificar si estoy o no en condiciones de ser enviado a un campo deconcentración. Resultado: si lo estoy. No obstante, nadie debe preocuparse”. Por cierto la noticia alarmó enormemente a los encargadosde la conducción de Schoenstatt, quienes sabían que si el Padre no volvía del campo de concentración, su Obra quedaría cuestionada y en grave peligro de desaparecer. Por eso lograron que el médico le hiciera otro examen para que el Padre le informara sobre sus limitaciones físicas, ya que en su juventud había sufrido una grave afección pulmonar de la cual tenía muchas secuelas. El 19 de enero les comunicó: “Muchas gracias por las gestiones con el médico, pero por favor no tomen a mal que no mueva los hilos que me han preparado”; el plazo vencía el 20 de enero a las 17 horas. El Padre no aceptó ser revisado nuevamente y en sus notas se ve cuán dura e inflexiblemente luchó contra sí mismo para persistir en la decisión que había tomado.
El Padre decidió libremente ir a Dachau, pensando en buscar primero el Reino de Dios y que lo demás se le daría por añadidura. Él estaba convencido de que alcanzaría su libertad no por empeños humanos, si no por la realidad sobrenatural, por el entrelazamiento de destinos con lafamilia de Schoenstatt, cuando Familia solidarizara, junto con él, en la perfecta entrega a la voluntad de Dios.
Le escribió a un amigo: “verás que por sobre nuestras vidas hay un poder más grande que todo lo dirige hacia lo mejor”. La decisión del Padre del 20de enero de 1942 de ir al Campo de Concentración de Dachau, donde estuvo preso por 3 años, fue un momento de máximo crecimiento espiritual para todos los miembros de la Familia de Schoenstatt

. UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No20

*Su Fortaleza Paternal*
Durante los 3 años en Dachau, llama la atención la fortaleza y fecundidad del Padre. Se hizo más padre que nunca, la Familia lo siente cercano como nunca antes y él siente que la ama como el Buen Pastor.
El ambiente en Dachau era de terror. Sin embargo el Padre salió adelante, pese a su mala salud, falta de alimento y abrigo, gracias a la ayuda de Dios y protección de la Virgen. Pese a que el campo de concentración estaba hecho para destrozar a las personas, él conservó su fuerza interior, se ganó el respeto al interior del lugar y fue padre para muchos.

Una anécdota: Al ingresar, el Padre se encontró con un jefe de la Gestapo que lo insultó y le gritó traidor a la patria y lo trató de forma grosera y violenta; si embargo el Padre no le respondió nada. La Gestapo había catalogado a Schoenstatt como enemigo, porque se daban cuenta que los schoenstattianos estaban tan convencidos de sus ideas que era difícil hacerles un lavado de cerebro. Al día siguiente lo volvieron a llamar y conducir donde ese jefe que lo trató mal; y el Padre le dijo: “quisiera saber qué motivos tuvo Usted para gritarme ayer cómo lo hizo”. Esto fue tan inesperado para el otro, que terminó contándole toda la historia de su vida y se le abrió cómo si fuera un niño.
También ese primer día, el Padre se encontró con un prisionero comunista que hacía de jefe de bloque de entrada, quien decidió burlarse del cura que llegó y le dijo que todavía nadie había visto a Dios en Dachau. Lo único que respondió el Padre fue: “pero seguramente han visto al diablo”. Este jefe fue enseguida al bloque y les contó a todos que llegó un prisionero singular, que pasó el tramite de entrada donde le gritaron y se burlaron y él tuvo el ánimo de bromear. Por estas situaciones el Padre Kentenich adquiere desde el primer momento un enorme ascendiente moral en el campo.
Sus grandes amigos ahí y los que muchas veces le salvaron la vida cuando estuvo en peligro fueron los comunistas. El Padre desplegó con ellos una relación de paternidad expresada humanamente, muy honda y auténtica. Ellos se sintieron atraídos por su acogimiento y respeto. En el campo, el Padre ayudó y conversó mucho, durante varios años, con esos jefes comunistas, y nunca les habló de religión. Solo al final, cuando llegó el momento de salir libre, el Padre le dijo: “le voy a pedir una sola cosa como signo de amistad de estos años, que cuando usted vuelva a su casa, alguna vez lea la Biblia en recuerdo mío y trate de ver si lo que ahí se dice le interesa”.

 

 

 

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NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No21

Fecundidad Apostólica en el infierno
El Padre Kentenich fue padre para muchos en Dachau, pero con fuerza mucho más extraordinaria con los sacerdotes y católicos del campo de concentración; y frente a la Familia desarrolló un apostolado increíble en esos años, no personal, si no que epistolar.
Eso se logró gracias a un sistema de cartas ocultas, en las cuales las Hermanas de María fueron muy ingeniosas para buscar caminos de contacto: le mandaban alimentos con cartas adentro, iban a comprar flores al campo para hacerle llegar noticias y así fueron descubriendo diferentes canales para que fueran y volvieran los mensajes.
Los jefes comunistas lo ayudaban. Por ejemplo, no se podía estar durante el día en los galpones, pero a veces, los jefes simulando estar enojados, lo llamaban para que fuera a limpiar ventanas, lo cual hacían para darle una oportunidad y tiempo para escribir. También lo ayudaban a pasar a la enfermería para dar la comunión a los enfermos, dar meditaciones en el bloque de los sacerdotes, etc. Él era la persona que mantenía el espíritu en alto.

Una anécdota: En medio de aquel ambiente bestial y demoniaco del campo, planeado para rebajar a los hombres, el Padre escribió varios libros. Por ejemplo, para las Hermanas escribió un libro que se llama “La imagen del Buen Pastor”, donde les detalla instrucciones en relación a su espiritualidad. Y para que la Gestapo no se diera cuenta de qué se trataba, escribió todo esto en versos ¡y los versos son todos con rima! El libro tiene casi seis mil estrofas, lo cual era un esfuerzo mental enorme. Todo esto lo hacía mientras un grupo trabajaba zurciendo sacos, él dictaba y otro de los zurcidores a escondidas escribía.
El libro de oraciones “Hacia el Padre”, también lo escribió en Dachau. Son versos rimados con oraciones maravillosas para rezar en la Liturgia de las Horas, en la Santa Misa, el Rosario y para diferentes ocasiones. Es impresionante pensar cómo el Padre podía escribir sobre el cielo en medio del ambiente en que estaba viviendo.
En ese infierno logró mantener todo el ambiente virginal propio de la Virgen. Mientras en el campo de concentración trataban a todos los presos de “tú” con ese “tú” que se trata a los perros, él siempre quiso tratar a los demás de “Usted” para hacerles sentir y recordar su dignidad y el respeto que se les debía. En Dachau la gente se acostumbró a ser tratada como perros, se peleaban la comida y se robaban el pan unos a otros, pero él los trataba de “usted”, repartía su comida, daba lo que recibía de regalo y, así se mantenía por encima de estas cosas e irradiaba paz y dignidad humana.

 

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No22

La Bendición
La oración de bendición es la respuesta del hombre a los regalos de Dios; bendecir es decir bien, es reconocer las cosas buenas del otro, es querer el bien del otro, a través de Dios.
Por ejemplo: yo puedo pedir la bendición a Dios antes de un examen, desalir, de una cita importante, de una conversación que me importa mucho… Y también puedo bendecir yo mismo a otras personas, deseándoles que les vaya bien en lo que ellos necesitan.

Una anécdota: En la casa provincial de los Padres Pallotinos en Milwaukee – donde el Padre Kentenich vivió durante su exilio – vivía un hermano que cada mañana le ayudaba al Padre en la Santa Misa y que cada noche le pedía su bendición sacerdotal. Cuando el Padre estaba con gente –lo que ocurría a menudo- el hermano golpeaba la puerta, abriéndola despacito, luego se arrodillaba en el pasillo. El Padre Kentenich que ya sabía de qué se trataba, interrumpía entonces la conversación, y tras decir: ‘Perdón, debo dar la bendición a alguien que espera afuera’, se levantaba, salía de la habitación y le impartía la bendición nocturna. Después cerraba la puerta y volvía a estar a disposición del visitante. El Padre respondía con actitud paternal al cariño filial que le profesaba este hermano que no quería irse a descansar sin haber recibido su bendición.
Era verano de 1928. Una hermana de Federación realizó una visita aSchoenstatt para pedirle al Padre Kentenich algunos consejos.
“Al despedirme de él, me dio la bendición y luego me dijo: “Cada mañana y cada noche déjese bendecir por mí”. Yo no comprendí cómo podía ser esto. Entonces el Padre me explicó que cada mañana y cada noche, él daba su bendición a todos los que le confiaban sus preocupaciones y en ese momento se arrodillaban para implorarla. Así lo había arreglado con la Madre de Dios y así ya varios hermanos lo habían cultivado. Tengo que confesar que desde entonces no he cumplido ningún punto tan fiel y regularmente como éste en mi consagración de la mañana y de la noche. Él me dijo que si durante el día, en cualquier situación necesitaba su bendición, entonces debería arrodillarme en silencio y pedirla. Así la recibiría. Esto vale para todos los hijos de la Familia de Schoenstatt. Esto vale hoy quizás más que antes, pues en su nueva presencia nos ve y escucha nuestras peticiones”.

Por la intercesión de nuestro
Padre y Fundador
y de nuestra querida Madre, Reina y Victoriosa, Tres Veces Admirable deSchoenstatt,
nos bendiga el Dios Uno y Trino,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No23

*Un Profeta de nuestro tiempo*
Dios en cada tiempo elige personas que encarnan su misericordia: son los profetas, y es una puerta que él nos abre. Para nosotros, un profeta es el Padre Kentenich que, en forma original a través de la alianza de amor con la Santísima Virgen, re-actualiza esa primera alianza de amor de Dios con nosotros que hemos realizado en el bautismo.

Una anécdota: Un sacerdote del Movimiento, que tuvo la oportunidad de compartir en varias ocasiones con el Padre, relata así: “Debo mencionar otro rasgo profundo de su personalidad: lo profético. Es decir, esa sensibilidad exquisita, ese carisma de ir forjando historia según el plan de Dios. Siempre rechacé instintivamente un cristianismo espiritualista, desconectado del mundo y de la historia, encerrado en sí mismo. Por el contrario, me fascinaba encontrar personas que vivieran su fe en medio del mundo, luchando por darle un sello y cuño cristianos a todos los campos de la vida, tanto privada como pública. En este sentido, el caso más excelente que he encontrado en mi vida ha sido el Padre Kentenich. Como los antiguos —y verdaderos— profetas era un hombre extraordinariamente bien informado. Dotado de una ardua sensibilidad por la historia y sus grandes corrientes. Toda noticia le interesaba. Uno de los axiomas que marcaron su vida fue aquel que dice: “La voz de los tiempos es la voz de Dios”. En cierta oportunidad había dicho que quien quisiera representarlo debía hacerlo mostrándolo con “el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo”. Junto al Padre, uno se sentía forjando verdaderamente historia. Y esa forjación no era sólo fruto de planes puramente humanos (necesarios de todas maneras). Todo se hacía y elaboraba en función del gran plan divino. Luego de convivir unos meses junto al Padre, la convicción de la existencia de un plan de Dios para la historia, sea la del mundo, o la de la pequeña vida personal, se hizo en mi mucho más honda. Me llamó también la atención como el Padre hablaba del plan de Dios con la misma naturalidad y espontaneidad con que un funcionario o ejecutivo se refieren a un plan político o económico. Y cómo se hacía dependiente de ese “plan”, esperando ciertas señales o “signos” de Dios —provenientes de personas, cosas o sucesos— que le fueran mostrando en concreto la ruta. (Esto contrastaba con mi actitud de hacer por momentos planes demasiado humanos, sin haberme detenido a reflexionar y ver lo suficiente cuál era la voluntad de Dios y sus manifestaciones concretas en la vida cotidiana). Quizás lo más notable de la experiencia que me tocara vivir junto a él fue la cercanía de Dios. Pero no de un Dios idea, de un Dios juez o de un Dios lejano, sino de un Dios vivo, de un Dios Padre y de un Dios cercano (sin dejar por ello de ser un Dios de lejos). Algo muy difícil de expresar en palabras.

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No24

*Escuchar a la Santísima Virgen*
La Hermana Petra fue secretaria del Padre Kentenich durante algunos años en los que él estuvo viviendo en Milwaukee, en el exilio. Ella desarrolló una relación muy cercana y filial con él, ya que él la ayudó a conocer más a la Santísima Virgen y a relacionarse con ella.

Una anécdota: “Habíamos terminado un escrito muy importante para un personaje de la Iglesia. El Padre solía dárselo todo a la Santísima Virgen o preguntarle su opinión: mira Santísima Virgen ¿Te gusta? ¿estará bien hecho? ¡Una manera tan natural como si la Santísima Virgen estuviera ahí presente!
Y me dijo: “Hágame un favor, tome el documento y vaya al Santuario, ponga el documento en el altar y después le va a decir algo a la Virgen, le va a hablar a Ella”.
Bueno, tomé el documento, fui al Santuario, lo deposité en el altar y le dije: Santísima Virgen, Madre Tres Veces Admirable, ya tú sabes de lo que se trata el documento, así es que, por favor, encárgate de ello. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Había hecho lo que tenía que hacer, regresé a la oficina y el Padre me dijo:
-¿ya?
-Si Padre
-¿Usted ha ido al Santuario?
-Si
-¿Ha colocado el documento en el altar?
-Claro, si.
-¿Le ha dicho algo a la Santísima Virgen?
-Pues si.
-Bien ¿y qué le contestó la Santísima Virgen?
-Pues nada. ¿Cómo me a a contestar? La Santísima Virgen no habla.
-¿Usted quiere decir que no le contestó?
-No, pero ¿cómo lo va a hacer?
-¿De verdad que no le contestó nada?
-No, bueno, porque después que le hablé lo que le dije hice la señal de la cruz y me fui.
-Ah bueno, ya entiendo. No le contestó porque usted no le dio la oportunidad de que Ella hablara. Estoy seguro que estaba por decirle algo y usted se fue. Entonces, ahora repita el proceso otra vez: vaya al santuario, coloque el documento en el altar, dígale a la Santísima Virgen lo que quiera decirle, háblele así como usted habla y después de que termine quédese usted en el santuario y escúchela con el corazón abierto.
Así es que tomé el documento, me fui al santuario, dejé la carta en el altar y le dije lo que tenía que decirle. Cuando terminé, me quedé en el santuario de rodillas, en silencio, un buen rato tratando de poner el corazón hacia Ella y esperando lo que pasara ¡Y qué sorpresa tuve! Después de un rato yo sentí en mi corazón una claridad increíble sobre ese documento y lo que debíamos hacer al enviarlo.
Cuando regresé donde el Padre le conté lo sucedido, mi intento de hablarle de corazón a la Virgen y de intentar escuchar lo que Ella quería decirme por respuesta. Entonces él me dijo: Poco a poco lo va a ir aprendiendo ¿Qué lindo, no?

 

 

 

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No25

*El Dolor*
La Hermana Petra compartió muchas facetas del Padre Kentenich en su exilio en Milwaukee. Fueron 14 años de dolor y sufrimiento que el Padre llevó en silencio, sin recriminaciones ni quejas.

Una anécdota: Cuenta la Hermana Petra “yo era joven, no tenía ningún dolor en especial ni preocupación alguna. Nada de qué quejarme. Un día el Padre me dijo muy tranquilamente: `¿No le gustaría ir a rezar el Vía Crucis?´ Era Cuaresma, yo dije que bueno y fui a rezar el Vía Crucis y después regresé y seguimos trabajando.
Al día siguiente me dijo `¿no quisiera rezar otra vez el Vía Crucis?´. Yo le dije: bueno, si Usted lo quiere.
Al tercer día se repitió lo mismo, el Padre me pidió que fuera a rezar el Vía Crucis a la Iglesia. Cuando regresé, le dije: Padre, no voy más a rezar el Vía Crucis.
-`¿no? ¿y por qué no?´
-Cuando llego a la estación tal y tal me da un dolor de cabeza tremendo, yo no quiero eso, yo no voy a rezar más el Vía Crucis.
-`¿qué? ¡no me diga! ¿en qué estación le da ese dolor?´
Entonces le dije en qué estación me daba ese dolor y respondió: ´¡qué bien, qué bueno! Desde ahora irá a rezar todos los días el Vía Crucis. Es una gracia sufrir con el Señor doliente. Si Él le permite compartir su sufrimiento, es una gracia y usted debe considerarse dichosa´.
Yo no estaba muy de acuerdo con eso, pero lo hice porque el Padre quería. Tuve que rezar el Vía Crucis por mucho tiempo, hasta que poco a poco le tomé el gusto por eso que me pasaba y aprecié el sufrimiento de Jesús.
En otro momento, el Padre me leyó una carta donde una persona se quejaba de mi. Yo le pedí que por favor no siguiera leyendo la carta, que no quería escuchar eso ¿qué es esto? ¡no es posible, no es verdad lo que esa persona dice de mí!… Me dolió mucho, pero el Padre me dijo:
-`No hija, no sacuda el dolor, súfralo. El dolor hay que sufrirlo.´
-Dios mío, me duele tanto, eso no es verdad.
-`No importa si es verdad o no, pero tiene que aprender a recibir y a soportar injusticias; si no aprende eso no va a poder sobrevivir en la vida. Tiene que aprender a aceptar tranquilamente si la gente dice de usted cosas que no son verdad.´
Luego, me di cuenta que esa era la vida del Padre en el exilio, él supo sufrir todas las injusticias posibles y las soportó con libertad y alegría. Él me dio un ejemplo a través de su propio sufrimiento.
Un día le pregunté al Padre: ¿por qué usted esconde su dolor?
-`Sencillamente, ese es mi problema, Dios me lo da a mí, es mío, por qué y para qué voy a molestar a otra persona con mi dolor, es mío. Dios sabe lo que me puede dar a mí y es solamente para mí´.
¡Qué concepto tan distinto del dolor y el sufrimiento! El Padre lo entendía como un regalo especial para él de parte de Dios, solo para él.

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UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No26

*Responsabilidad con humildad*
En sus años de exilio en Milwaukee, el Padre tuvo que vivir con la sencillez y humildad de un niño. No podía hacer reuniones, dictar charlas, no podía proclamar su riqueza espiritual ni el mensaje de Schoenstatt. Durante esos 14 años vivió como una persona desconocida, con la naturalidad más grande. Cuando terminó su exilio, cuando el Padre ya se había ido, los vecinos recién se dieron cuenta de quién era y decían: ¿qué? ¡nosotros no supimos que era él! ¿cómo es posible?

Una anécdota: En la Cuaresma de 1959 llegó a visitarlo un sacerdote que por muchos años había celebrado las misas a las familias inmigrantes alemanes. La Hermana Petra estuvo presente en la conversación cuando ese sacerdote dijo: Padre, me han trasladado y no puedo seguir celebrando la misa en alemán y me da pena dejarlos sin nada ¿puede usted hacerse cargo de la misa?
La Hermana Petra más tarde le preguntó al Padre si iba a aceptar esa misión, ese trabajo.
-`Lo estoy pensando, pero lo aceptaré bajo 3 condiciones. La primera, no será una misa al mes. La pobre gente nunca sabe cuál es el domingo que corresponde, porque hay meses con 4 y otros con 5 domingos, por eso mejor misa todos los domingos. La segunda condición es que no será la misa a las 7 de la mañana, a esa hora solo van las señoras mayores que no pueden dormir. Los matrimonios jóvenes no van a misa los domingos a las 7de la mañana, será a las 10. La tercera condición, si celebro la misa en alemán, la gente no va a poder comulgar si antes no se confiesa, y nadie se confiesa en un idioma extranjero, entonces confesaré cada sábado en la tarde´.
¿Se dan cuenta lo que es un hombre responsable?, decía la Hermana Petra.
-`Acepto el trabajo en cuanto me acepten las condiciones porque entonces mi trabajo va a tener sentido. Si acepto la parroquia y trabajo para esos alemanes, yo quiero hacer un trabajo bueno´.
El Padre ya tenía 74 años, antes del exilio había dado muchas charlas y conferencias masivas de horas y horas. Tenía mucha experiencia. Sin embargo, se acercó a la Hermana Petra y le pidió ayuda: `mi voz ya no va a dar, hace tanto tiempo que no he dado sermones, así es que me voy a preparar, voy a practicar´. Le pidió a la Hermana que lo acompañara a la Iglesia y se quedara atrás, mientras él de pie en el altar comenzó a hablar.
“Todo era sin micrófono y yo le tenía que hacer señas si debía subir el tonode la voz. Fíjense en la sencillez de nuestro Padre Fundador. Él comenzó a recitar el Ave María y el Padre Nuestro cada vez más fuerte. A mi me daba una pena tan grande, porque ahí estaba él, con una consistencia enorme, forzando su voz, practicando durante media hora. Cuando terminó, me dio las gracias tan encarecidamente: `Gracias hija por ayudarme´.
¿Captan cómo era el Padre? Una persona responsable, todo un hombre, ¡todo humildad!”.

 

 

 

NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No27

*La Gracia del Cobijamiento*
La Plática del 18 de octubre de 1914, conocida como “Acta de Fundación” del Movimiento de Schoenstatt, fue suficientemente explícita respecto de nuestro Santuario: mediante la Alianza de Amor, el Padre Kentenich y los jóvenes no piden de la Santísima Virgen otros milagros que los del su propia santificación. Schoenstatt, por lo tanto, es un lugar donde solo se imploran y realizan milagros morales, que son los que necesitan con urgencia los hombres de nuestro tiempo para renovar el mundo de hoy.
Hasta ahora, la Santísima Virgen no ha obrado nunca ahí milagros físicos, por esto quienes acuden a los santuarios buscan transformarse interiormente y renovar sus fuerzas espirituales. Estas gracias interiores, pedagógicamente se dividen en: cobijamiento interior, transformación personal y envío apostólico.

Una anécdota: Si la Familia de Schoenstatt ha podido soportar dos guerras mundiales y soportar tiempos tan difíciles como la lucha contra le nacionalsocialismo y los 14 años de destierro de su Fundador, logrando siempre mantener en alto su fe y su entusiasmo, se ha debido en primer lugar a la gracia del cobijamiento, a que la Familia se ha sabido siempre profundamente arraigada y protegida en el corazón de María y del Padre Dios.
Después de haber salido de los calabozos de la Gestapo, le preguntaron al Padre Kentenich cuáles habían sido las horas más difíciles que pasó allí. Él pudo contestar con total honradez que ni siquiera había tenido un segundo difícil y explicó por qué: porque había aprendido a sentirse siempre tan cobijado dentro del corazón de María y el Padre Dios, que donde fuera que estuviere, lograba sentirse siempre absolutamente en casa, tan enteramente a gusto como en su propio hogar, ya que nada ni nadie podía separarlo ni un solo segundo de todo su amor, apoyo, seguridad y confianza.
Un hombre que ha alcanzado un cobijamiento interior en ese grado, es sencillamente indestructible, ya no hay pruebas personales ni catástrofes capaces de destruirlo.
Esa es la gracia que se da en nuestro Santuario: la convicción existencial de que Dios y la Virgen nos han acogido como hijos queridos y nos defienden y protegen , en cada instante, frente a cualquier peligro. Seguridad que animó siempre al Padre Kentenich y que ha constituido la fuerza secreta de la Familia y muchos de de sus hijos.
Mario Hiriart, por ejemplo, tuvo una muerte muy solitaria en un hospital de Milwaukee, devorado por el cáncer, pero tuvo una serenidad ejemplar en esa hora final, otra muestra de lo que significa esta gracia del Cobijamiento. Y la Hermana Laurence, una hermana alemana y fundadora del santuario de Madrid, que agonizó en España asistida por un sacerdote que no tenía simpatía a Schoenstatt, pero que confesó tras la muerte de ella que nunca había visto morir a alguien con tanta paz y con una certeza tan viva de encontrarse segura y protegida en los brazos amorosos de Dios. “Cuando una familia religiosa logra producir gente capaz de morir en esta forma, entonces significa que detrás suyo están obrando gracias muy poderosas”, dijo.
Y esa es la primera gracia de nuestros Santuarios y Ermitas: un profundo cobijamiento espiritual en Dios.

 

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NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No28

*La Cruz*
La vida del Fundador estuvo bajo el signo de la cruz. Cuando alguien se pone a entera disposición de la obra redentora de Cristo, Dios señala su vida con la cruz; así fue también señalada la vida del Padre Kentenich. Y él no huyó de la cruz. Precisamente en las horas, días y años de sufrimiento y sacrificio, de abandono y renuncia, ejercitó la santa osadía de entregarse a Dios con confianza ilimitada.
Y Dios premió su entrega regalándosele en íntima cercanía y haciendo triunfar su poder sobre los ataques del demonio. La fuente de esta santa osadía fluía desde el Santuario de gracias de la Madre Tres Veces Admirable.
Cada sufrimiento quiere ser un llamado para una tarea. Cobijados en la cercanía de Dios, transformados en su amor, quiere enviamos para que comprendamos a los demás y les llevemos consuelo y ayuda. “La cruz descifra todos los enigmas de la vida”, decía el Padre.

Una anécdota: En el Noviciado, el Padre Kentenich había escrito como encabezamiento de su “Programa de Vida”: “Quién quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Esta consigna determinó también su vida posterior. La cruz se convirtió para él en símbolo de elección y de particular seguimiento de Cristo. Contemplando su vida, su primo lo expresó en las siguientes y sencillas palabras: “José estuvo clavado en la cruz desde la cuna hasta la tumba”.
Cada persona que ha sido escogida por Dios, es marcada con la cruz. Esto también sucedió con la vida del Padre y él aceptó el sufrimiento con valentía y siguió a su Maestro porque sabía que la cruz de la vida es una gracia que significa fecundidad para el Reino de Dios. Así lo dijo una vez: “Al igual que la Santísima Virgen, nosotros somos predilectos de la cruz y por la muerte de Cristo llegamos a ser predilectos del Padre”.
El Padre amó la cruz. Vio en ella un gran valor, una prueba del amor de Dios, que soportó por su Obra: “Para mi cruz y sufrimiento, es lo más valioso, son los regalos de más valor que el amor del Padre me envía para que yo me asemeje al Salvador y en El atraiga, de manera especial, la complacencia del Padre”.
También nuestra vida se halla bajo el signo de la cruz. La vida del Padre y Fundador de la Familia de Schoenstatt nos da una esperanza. Cada sufrimiento quiere sumergimos más profundamente en el infinito amor del Padre eterno.
¡Qué atractivos seriamos si no anduviéramos tristes sino diciendo claramente que somos redimidos! ¡Participamos en la vida gloriosa del Salvador y no sólo en su vida sufriente! ¡Fuera, por tanto, con todo pesimismo, viva el optimismo! ¡Viva la victoriosidad! Está claro que no hay resurrección sin muerte, y en la medida en que pendamos de la cruz debemos experimentar al mismo tiempo la alegría. El se esconde detrás de mi cruz ¿Qué quiere? Quiere ser buscado. Debo ponerme en sus manos, en El y con El. Hay un esplendor de la cruz y un esplendor de la gloria…
“Lleve Usted, su cruz tranquilo, humilde, valiente. ¡Así ayuda Ud. a salvar el mundo!”, nos invita el Padre.

HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No29

*La Cruz del Padre*
El Padre José Kentenich estaba convencido de que él pudo cargar con la pesada cruz del exilio por parte de la Iglesia, solamente porque sus hijos lo ayudaron.
Es cierto que entre los que antes se consideraban colaboradores del Fundador, hubo quienes lo abandonaron, lo negaron, hasta lo acusaron y lo traicionaron, pero hubo muchos más, la gran mayoría de los suyos, que lucharon por el Padre y Fundador, lo defendieron en fidelidad heroica. El exilio en Milwaukee, Estados Unidos, duró 14 años, en este largo vía crucis, gracias a Dios y la Mater, muchas pequeñas “Marías” acompañaron al Padre, decididas a recorrer juntos el camino del sufrimiento. Hubo muchas “Verónicas”, que movidas por ardiente amor y con valentía inquebrantable, lo sirvieron. Y muchos “cireneos” lo ayudaron a cargar la cruz, jugándose, ellos mismos, su propia fama y honra.

Una anécdota: Muchas personas le preguntan a la Hermana Petra si se le notaba al Padre que él estaba sufriendo. “Yo digo que no se le notó, por lo menos yo nunca vi al Padre con cara de sufrimiento. Tampoco se quejó ni con palabras ni con reacciones. Lo sé solo por algunas palabras, que el Padre a veces, muy tranquilamente pronunciara, como si estuviera hablando de otra persona. Pero quien conocía su voz con sus diferentes tonalidades suaves, éste sí percibía algo de la magnitud del peso de la cruz con la que el Padre cargó”, cuenta la Hermana.
Por ejemplo, una vez el Padre comenzó su oración a la Mater en el santuario de la siguiente manera: “Mater, tú sabes lo difícil que es cargar con una gran misión y ser enviado a la soledad del desierto, al desierto…”. Saberse portador de una misión grande e importante y verse con las manos atadas, eso sí tiene que ser muy doloroso, dice la Hermana.
Otro ejemplo. Cuando el Padre fue enviado a Estados Unidos, en 1952, comentó que una de las grandes penas que sentía era que se iba a un lugar donde no había Santuario. En 1954 los Pallotinos decidieron junto a la Diócesis construir un Santuario en la ciudad de Madison, muy cera de Milwaukee. Y un par de días antes de la bendición de ese Santuario, al Padre Kentenich le llegó una carta del Santo Oficio en Roma donde se le prohibía participar en actividades del Movimiento de Schoenstatt, por lo cual no pudo asistir a la bendición.
Otra oración del Padre “En Madison están colocando la piedra angular del Santuario Nacional de la Mater. Estoy tan cerca y no debo participar. Así se ve el exilio. Obviamente es el precio que hay que pagar para la Obra. Gustosamente lo pago para que se cumpla la escritura. En otras palabras, que se cumpla el plan de Dios”.
Más que su propio destino, le dolía el destino de los suyos. Ve a sus hijos sufrir sin poderles ayudar y esto le era muy doloroso. “Todo han llevado la misma cruz, la cruz que desde la Eternidad estaba pensada para el Padre de la Familia y que, a su debido tiempo, fue colocada sobre sus hombros. Y el peso de la cruz disminuyó porque nadie tuvo que llevarla solo… También queremos agradecernos mutuamente por la fidelidad con que hemos llevado la cruz comunitaria, prometiéndonos permanecer fieles en el amor”.

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No30

*Los santuarios filiales*
El primer santuario filial se construyó en Uruguay en 1943, en un lugar cercano a Montevideo, llamado Nueva Helvecia.
¿Cómo se llegó a la idea de construirlo? Por el mismo camino que condujo a la Alianza de Amor en 1914: dejándose guiar por la Fe Práctica en la Divina Providencia.
Las hermanas marianas que vivían en el extranjero lejos de Alemania, en la Segunda Guerra Mundial, se vieron con muchas dificultades de comunicación con el movimiento y el santuario; ello afectada la vitalidad de su vinculación espiritual al lejano santuario.
Las hermanas que vivían Uruguay relatan que “la idea de construir el Santuario nació de una necesidad impuesta por el apostolado. Teníamos una gran foto del Santuario Original y también una ermita con la imagen de la MTA, pero nada de esto podía suplir la experiencia del Santuario. En 1941 surgió el deseo unánime de construir un Santuario exactamente igual al original. La Virgen nos hizo ver claramente que, para quienes no lo conocían, era imposible una vinculación intelectual con un Santuario ubicado en Europa al que jamás iban a poder visitar. El fracaso apostólico por la falta de la fuente de gracias, nos unió profundamente a todas en esta difícil empresa de ser pioneras”.

Una anécdota: Un tiempo después, cuando las hermanas del Uruguay pusieron en marcha este plan y ello se supo en Schoenstatt, en algunos círculos se les consideró como una especie de “herejes schoenstattianas”. “Las Hermanas de los otros países nos reprocharon nuestra “infidelidad a Schoenstatt” . Y a pesar de esta opinión adversa, estábamos totalmente convencidas de que habíamos sido enviadas aquí para edificar Schoenstatt y esto, sin el Santuario, era imposible”.
A la oposición de muchos, la construcción del primer santuario filial tuvo que sortear otros obstáculos: planos incompletos, falta de datos del retablo del altar, de las ventanas, bóveda, campanario… y, no en último término, las penurias económicas. La falta de exactitud en los datos de la construcción fue aportado por la memoria de las hermanas, quienes guiaron a los constructores solo con su recuerdo y nostalgia del lugar de gracias en Schoenstatt; logrando un santuario muy parecido al original.
Por ese tiempo, el Padre Kentenich se encontraba prisionero en Dachau. Pero apenas se enteró de la idea se alegró enormemente, pues descubrió el plan de Dios y la Mater que se escondía tras ello, por lo mismo confirmó de inmediato la iniciativa. Justamente, en esos momentos él se estaba preguntando en Dachau acerca de la manera de asegurar y hacer favorecer el crecimiento internacional de la Familia y reconoció en la inquietud de las hermanas de Uruguay la “puerta abierta” a través de la cual Dios respondía.
Un tiempo después se supo que la Hna. M. Clara fue quien se llevó desde Schoenstatt, en silencio, los planos del Santuario Original cuando la destinaron a la misión en Sudamérica. Ella relató que le había contado al Padre Kentenich secretamente de su intención de llevarlos consigo cuando se fue a despedir… y que el Padre la había escuchado en silencio y sonriente, dejándola actuar.
Más tarde, construido ya el Santuario, el Padre confesó que él nunca había pensado en un Santuario filial; y que, como en todo, se dejó guiar por las voces del alma y la fe práctica en la Divina Providencia.

 

 

UNA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No31

*La Iglesia*
Más dolorosa que la persecución y la prisión padecidas durante el régimen ateo de Hitler, fue para el Padre Kentenich el destierro de 14 años en Milwaukee, Estados Unidos, impuesto por la Iglesia.
Un cardenal afirmó que cuando en la Iglesia se dice la verdad demasiado temprano, se corre el peligro de ser considerado y tratado como un cismático o hereje.
Esa fue precisamente la suerte del Padre Kentenich. Su vida representaba algo del futuro vivido… y por eso la Iglesia preconciliar no podía comprenderlo.

Una anécdota: El Padre Kentenich no fue un soñador iluso, pero durante toda su vida le animó el sueño de una iglesia del futuro, la que como Iglesiade Pentecostés camina hacia la nueva ribera. En diferentes conferencias nombró cinco rasgos fundamentales que marcan la imagen de la Iglesia del mañana:
1.Una Iglesia familiar, marcada por una profunda fraternidad y guiada jerárquicamente por la autoridad paternal del Papa y de los obispos.
2.Una Iglesia peregrina, conducida por el Espíritu Santo, siempre en camino, arraigada en el pasado pero abierta a la transformación.
3.Una Iglesia mariana, que toma como ejemplo a María.
4.Una Iglesia pobre y humilde, que ama la pobreza y a los pobres, capaz deadmitir sus errores y pedir perdón.
5.Una Iglesia orientada hacia el mundo del cual quiere ser alma, que va en busca del hombre y le sirve, que es levadura en el mundo.
“El amor a la Iglesia nos ha impulsado a dar la vida por la Obra de Schoenstatt. El amor a la Iglesia también nos ha impulsado a dejarnos clavar en la cruz por la Iglesia. Deseo que sobre mi tumba algún día se graben las siguientes palabras: Dilexit Ecclesiam (Amó a la Iglesia)”.

 

 

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NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No32

*Santuario Corazón*
A mediados de los años 20 se encuentran declaraciones del Padre Kentenich sobre el corazón del hombre como Santuario, ellas manifiestan la realidad de la in-habitación del Dios Trino en el corazón del hombre redimido. Allí anima a considerar el propio cuerpo como un pequeño templo de la Santísima Trinidad.

Una anécdota: A partir del Santuario-hogar para el ámbito de las familias, surge la pregunta si es posible que los no casados tengan un Santuario de este tipo. Esta pregunta fue formulada durante una visita a Milwaukee, por un seminarista de Ecuador, Hugo Vásquez, el cual luego sería sacerdote diocesano de Schoenstatt. La respuesta del Padre fue clara: “Pero Hugo, usted tiene un corazón, haga de su corazón un Santuario”.�¿Qué significa para el Padre el corazón como Santuario? Significa que nuestro corazón es un Santuario de la Virgen María. Ella modela y transforma nuestro corazón convirtiéndolo más y más en morada de Dios y templo de la Santísima Trinidad. Cada uno es y ha de ser Santuario vivo, habitado por el Dios Trino, consagrado y entregado a Él. Pero la pregunta es, si vivimos realmente ese misterio. Lo conocemos y, sin embargo, cuán poco unidos y vinculados estamos a ese Dios que mora en nosotros. A lo mejor buscamos a Dios afuera y resulta que está adentro nuestro. Hemos de buscarlo, por eso, mucho más en nuestro interior, en el fondo de nuestra alma. Y después de encontrarle a Dios en nuestro corazón, la gran tarea es vincularnos a Él.�El Padre nos recomienda tres cosas para vivir esta relación con Dios:�1. Mirar con fe al Dios de mi alma: darme cuenta de su presencia y contemplarlo, mirar lo que habla y actúa en mí, aprender a hacer silencio, a detenerme de vez en cuando.�2. Hablar con el Dios que mora en mi corazón: Aprender a hablar con Él a lo largo del día, sobre mis cosas, mis preocupaciones, mis anhelos, rezarle espontáneamente, decirle jaculatorias, expresarle mi amor filial. �3. Hacer sacrificios por el Dios de mi corazón: para manifestarle mi amor maduro y hacerme solidario con el Cristo sufriente, ofrecerle con amor mi capital de gracias, es decir, mi lucha diaria por superarme y crecer en santidad.�Explica el Padre Kentenich al respecto: “Si los hombres modernos descubriéramos de nuevo a Dios dentro de nosotros, entonces siempre nos sentiríamos tranquilos, serenos y seguros. Si descubrimos de nuevo al Señor en nuestro interior y la acción del Espíritu Santo, será de una importancia muy grande para nuestra vida espiritual y también para nuestra salud mental y física”.

 

 

NA HISTORIA DEL PADRE KENTENICH No33 cuadro del Santuario*
En abril de 1915 la actual imagen de la Santísima Virgen llegó al Santuario de Schoenstatt.
El Padre Kentenich nos cuenta cómo llegaron a esa imagen de María Santísima. “No fue fruto de reflexiones ni cálculos sino que ocurrió así: Una vez que el Santuario se hubo manifestado como lugar de gracias y educación, o más bien, una vez que nosotros hubiéramos implorado que así fuese, había que conseguir una imagen de la Santísima Virgen… ¿De dónde obtenerla ? Apareció entonces el Padre Huggle, sacerdote diocesano, ex jesuita, que se sentó junto a mí en la mesa. Conversando con él tocamos el tema sobre las imágenes de la Santísima Virgen. Me dijo que en Friburgo, en una casa de antigüedades, había hallado un hermoso cuadro de la Madre del Señor. Le sugerí que se lo hiciese enviar, que yo lo pagaría. Recuerdo que había costado más o menos 23 marcos y algunos centavos. Pero él no quiso aceptar el dinero… La imagen al principio no le gustó a nadie, pero como no teníamos otra… Desde el punto de vista artístico no había agradado”.
Se trata de una copia de una pintura del pintor Luigi Crosio, de fines del siglo XIX. El título original de la imagen fue “refugio peccatorum” (Refugio de los pecadores).

Una anécdota: Los estudiantes le dieron el título de “Mater ter Admirablis” (Madre tres veces Admirable), que se abrevia MTA. Este nombre lo tomaron de la Congregación Mariana de Ingolstadt con cuya historia y misión se sentían muy identificados. El jesuita Padre Jacob Rem, quien dirigía la Congregación Mariana de Ingolstadt, comprendió a través de una experiencia mística en 1604, que la advocación de las Letanías Lauretanas que más le gusta a la Virgen es de “Madre Admirable”. De allí surgió la idea de repetir esta advocación tres veces y con ello la formulación: Madre tres veces Admirable. La Santísima Virgen es Admirable por ser Madre de Dios, Madre del Redentor y de los redimidos.
A lo largo de la historia de Schoenstatt se amplió este título.
En el período de confrontación con el nacionalsocialismo, el Padre Kentenich coronó a la Santísima Virgen en el Santuario Original. Ella demostró en ese difícil tiempo, ser una reina poderosa. Después del período de la persecución nazi y el término de la Segunda Guerra Mundial, el P. Kentenich la proclamó no sólo Madre sino también Reina: “Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt”.
En el período entre 1951-1965 Schoenstatt fue probado por la propia Iglesia, con el exilio del Padre en Estados Unidos. Al final de esta época difícil, tras el reconocimiento de la Iglesia y su rehabilitación como fundador, en gratitud por su acción y protección, el padre agregó un tercer elemento: María no es sólo Madre y Reina sino también Victoriosa. Con ello, el título de la imagen de gracias de Schoenstatt quedó en su versión definitiva como: “Madre, Reina y Victoriosa Tres veces Admirable de Schoenstatt”.
En la imagen está expresado también el papel de María como madre y educadora del tiempo actual. Sus ojos están mirando a las personas. Su mirada dice: Tú eres precioso y valioso a los ojos de Dios y a mis ojos (cf. Is 43,4.).

 

 

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