Matrimonio versus pareja

MATRIMONIO VERSUS PAREJA

Carla Ortiz de Cintolesi

El matrimonio ha sido la búsqueda de los últimos tiempos ya que, lo que era evidente, se ha distorsionado; tener hijos, formar familia, ayudarse y amarse para siempre. En lo que hemos observado existen dos conceptos para este vínculo; el ser matrimonio que se une y el ser pareja que se junta.

En el matrimonio lo central es la opción de amar al otro, es la opción por una persona, no así en la pareja que se ocupa en la forma de relacionarse, se dice “la relación no funciona” y si esta es mala, es causa de abandonarse. Resaltamos que es esperable que en la vivencia matrimonial la forma de relacionarse entre los dos cambie innumerables veces, incluso, que sea difícil de tolerar, puesto que las personas pueden cambiar por diferentes motivos como: depresiones, angustias por responsabilidad, confusiones mentales y enfermedades crónicas, así mismo por cambios; de la edad, de desarrollo, hormonales, de actitud, pensamiento y ánimo.

En el ser pareja se exigen distintas cosas, por ello, cuando una de ésta falta hay permiso para buscar otra pareja que brinde estas condiciones. Así sucedió con una la mujer después de treinta y un años juntos, se separa porque en todos esos años porque su marido no le había brindado la inteligencia emocional que ella quería. También un hombre joven abandonó a su pareja, con un hijo, porque ella después del nacimiento del niño ya no lo acompañaba, como antes, en los asados con sus amigos. En otra oportunidad una mujer dijo, quiero una pareja que me llene el vacío. También otra mujer que dice estoy buscando el hombre hecho para mí.

Otra de las características del ser pareja es que cada uno lucha por sus derechos y permanentemente se está evaluando la justicia en el actuar. Ej. Si un día el hombre le llevó el desayuno a la mujer, al día siguiente le exigirá que la mujer se lo lleve a él. Mientras que en el matrimonio cada uno lucha por amar al otro, perdonarse diariamente, y la actitud fundamental es la ayuda, la gratuidad e incluso la disposición a sufrir por el otro.

En la entrega de amor también existen diferencias; la pareja está en una competencia de derechos, y cede al propio derecho. El ceder es una actitud al inicio, buena, sin embargo, con ello, queda una sensación de pérdida que con el tiempo carcome el corazón. En cambio, en el matrimonio se opta por amor al otro, lo que es el engrandecimiento del corazón. Por ejemplo: porque te quiero, amo y cuido a mi suegra.

Hablando sobre la forma de vivir el trabajo: en las parejas están al servicio del campo laboral, como primera prioridad, en el perfeccionamiento y en su ejecución, en cambio en el matrimonio, el trabajo pertenece al conjunto de la misión matrimonial en su justa jerarquía de valores. También en los aportes económicos la pareja divide los gastos en un cincuenta por ciento para cada uno. En el matrimonio los gastos pertenecen al conjunto matrimonial, independiente de quien lo aporte.

 

       En el ser pareja la iniciativa y el término del estar juntos es el sentimiento del amor y la comunicación. Cuando se les acaba el amor, y la comunicación, se termina la pareja. En cambio en el “ser matrimonio” la iniciativa de la unión la da el sentimiento del amor, es decir, el enamoramiento, que es emoción de amor, pero la continuidad la da la decisión de amar, que alimenta y trasciende a la emoción. Existe la comunicación para ayudar a la emoción y a la decisión. Si bien es cierto que los problemas y las dificultades para ser matrimonio siempre existirán y que para eso hay ayuda profesional, estos serán sobrepasados por el compromiso de fidelidad, que es seguir unidos, además de ser el cuidado especial de estar en sintonía con el otro y cuidando los pequeños detalles. Para permanecer unidos es necesaria la confianza en sí mismos que es capaz de confiar, en el otro, aunque sea desconfiable, ayudados con las gracias del sacramento del matrimonio.   El matrimonio es la unión- institución de un hombre con una mujer, de recíproca entrega, y transmisión de la vida; es un consorcio, donde los dos tienen la misma suerte, con una solidaridad mutua y, además, está la conyugalidad, que es la responsabilidad por el otro, de comprometerse con su futuro en todos sus ámbitos.

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