Espiritu Santo según Papa Francisco

EL ESPÍRITU SANTO ES LA MEMORIA VIVA DE LA IGLESIA

El Papa en la misa de pentecostés explica la luz que nos da el Espí­ritu

 

Texto completo de la homilía del papa Francisco. El día de Pentecostés fue el bautismo de la Iglesia que nació ‘en salida’

 

Por Redacción

 

CIUDAD DEL VATICANO, 08 de junio de 2014 (Zenit.org) – Este domingo de Pentecostés, el santo padre Francisco presidió en la basílica de San Pedro la santa misa, concelebrada con cardenales y obispos.

 

Una solmene eucaristía que vio también las ceremonias de la bendición del agua, el canto del Ven Espíritu Creador, el Aleluya, y el color rojo vivo de los paramentos como otra de las expresiones de esta festividad.

 

En su homilía el santo padre dijo:

 

“Todos fueron colmados por el Espíritu Santo”.

 

Hablándole a los apóstoles en la Última Cena, Jesús dijo que después de su partida de este mundo les habría enviado a ellos el don del Padre, o sea el Espíritu Santo. Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Aquella efusión, además de extraordinaria, no se quedó única y limitada a aquel momento, pero es un evento que se ha renovado y todavía se renueva. Cristo glorificado a la derecha del Padre sigue realizando su promesa, enviando en la Iglesia el Espíritu Vivificante, que enseña, nos recuerda y nos hace hablar.

 

El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino, la vía. En los primeros tiempos de la Iglesia, el Cristianismo era llamado “el camino” y Jesús mismo es la vía.

 

El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar en sus huellas. Más que un maestro de doctrina, Espíritu es un maestro de via. Y de la vida hace parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.

 

El Espíritu Santo nos recuerda todo lo que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor.

 

Este recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu, no se reduce a un hecho recordativo, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en la Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo lo que Jesús nos ha dicho, nos hace entrar siempre más plenamente en el sentido de sus palabras.

 

Todos nosotros hemos tenido esta experiencia, un momento, alguna situación en la que nos viene otra [inspiración], y se relaciona con una frase de la Escritura. Es el Espíritu que nos hace realizar este camino, el camino de la memoria viviente de la Iglesia.

 

Esto nos pide una respuesta: más nuestra respuesta es generosa, más las palabras de Jesús se vuelven en nosotros vida, y se vuelve actitudes, gestos, testimonio. En sustancia el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor y nos llama a vivirlo.

 

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionera del momento, que no sabe hacer tesoro de su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación.

 

En cambio con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar la inspiración interior y los hechos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sapiencia de la memoria, la sapiencia del corazón, que es un don del Espíritu. Que el espíritu santo reviva en nosotros la memoria cristiana.

 

En ese día con los apóstoles estaba la mujer de la memoria, aquella que en el inicio meditaba todas estas cosas en su corazón. Era María nuestra madre, que Ella nos ayuda en este camino de la memoria.

 

Y el Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda –es otro aspecto– nos hace hablar, con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos, mudos de alma, no hay lugar para esto.

 

Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que reza en nosotros y nos permite de dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Abbá. Y esto no es solamente un modo de decir, pero es la realidad: nosotros somos realmente hijos de Dios. ‘De hecho todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los hijos de Dios’.

 

Nos hace hablar en el acto de fe. Nadie de nosotros puede decir: ‘Jesús es el Señor’, lo hemos escuchado hoy, sin el Espíritu Santo.

 

Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los otros reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, con mansedumbre, entendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los otros.

 

Además el Espíritu Santo nos hace hablar también a los hombres en el profecía, o sea, haciéndolos ‘canales’ humildes y dóciles de la Palabra del Señor. La profecía es hecha con franqueza para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con mansedumbre e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.

 

Recapitulando: el Espíritu Santo nos enseña la vía; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace rezar y decir Padre Dios; nos lleva a hablar a los hombres a través del diálogo fraterno y nos hace hablar en la profecía.

 

El día de Pentecostés, cuando los discípulos “fueron colmados por el Espíritu Santo” fue el bautismo de la Iglesia, que nació ‘en salida’, para anunciar a todos la Buena Noticia.

 

La Madre Iglesia que parte para servir. Recordemos a esta nuestra otra Madre, que partió con rapidez, para servir; la Madre Iglesia y la Madre María, las dos vírgenes, Madres. Las dos, mujeres.

 

Jesús había sido perentorio con los apóstoles: no tenían que alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo. Sin Él no hay misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia, con nuestra Madre Iglesia católica invocamos, ¡Ven Espíritu Creador!

 

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Ciudad del Vaticano, 8 de junio 2014 (VIS).-En la solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco ha presidido en la basílica de San Pedro, la santa misa, concelebrada con los cardenales, arzobispos y obispos presentes en la ciudad de Roma.

 

”Hablando a los Apóstoles en la Última Cena Jesús les dijo que, después de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo. Esta promesa se realiza con potencia el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo”, ha dicho el Papa en su homilía.

 

El Espíritu Santo ”nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida… Más que un maestro de doctrina -ha observado- el Espíritu es un maestro de vida. Y ciertamente de la vida forma parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.

 

El Espíritu Santo ” nos recuerda todo aquello que Jesús dijo: Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor… El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras… Sustancialmente, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo”

 

”Un cristiano sin memoria -ha subrayado el Pontífice- no es un verdadero cristiano: es un cristiano a mitad de camino, es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe atesorar su historia, no sabe leerla y vivirla como una historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu”.

 

El Espíritu Santo ”nos hace hablar, con Dios y con los hombres. ¡No hay cristianos mudos, mudos en el alma; no no hay lugar para eso!. Nos hace hablar con Dios en la oración…Nos hace hablar en el acto de fe….Y … nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociéndolos como hermanos y hermanas”

 

”Pero hay todavía más: el Espíritu Santo nos hace hablar también a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos ?canales?… de la Palabra de Dios. La profecía se hace con franqueza para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con sosiego e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida”

 

”El día de Pentecostés – ha finalizado- cuando los discípulos ”quedaron llenos del Espíritu Santo”, tuvo lugar el bautismo de la Iglesia, que nació ?en salida?, en ?partida? para anunciar a todos la Buena Noticia. La Madre Iglesia que sale para servir y, recordemos a nuestra otra Madre, que salió con prontitud para servir. La Madre Iglesia y la Madre María. Las dos vírgenes, las dos Madres, las dos mujeres”.

Dones del papa francisco

legró de su obra ”subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa.. Si Dios ve que la creación es buena y bella- ha dicho Francisco- también nosotros tenemos que asumir esa actitud.. Y cuando Dios acabó de crear al hombre no dijo ”vio que era bueno”, sino ” vio que era muy bueno”. A los ojos de Dios somos lo más hermoso, lo más grande, lo mejor de la creación: hasta los ángeles están por debajo de nosotros; somos más que los ángeles. El Señor nos quiere y tenemos que agradecérselo. El don de ciencia nos sintoniza en profundidad con el Creador y nos hace participar en la claridad de su mirada y de su juicio. Y, desde esta perspectiva -ha dicho el Papa-descubrimos que el hombre y la mujer son el culmen de la creación, como coronación de un plan de amor grabado en cada uno de nosotros y que nos lleva a reconocernos como hermanos y hermanas”.

Todo esto es ”motivo de serenidad y de paz y hace del cristiano un testigo gozoso de Dios, como lo fueron San Francisco de Asís y tantos otros santos que alabaron y cantaron su amor a través de la contemplación de la creación. Del mismo modo el don de ciencia nos ayuda a no caer en el peligro de… creernos dueños absolutos de ella. La creación no es una propiedad de la que podemos disponer como nos parezca, ni mucho menos es sólo propiedad de algunos, de pocos: la creación es un don maravilloso que Dios nos ha dado para que la cuidemos y la utilicemos con respeto, gratitud y en beneficio de todos”.El don de ciencia ayuda también a evitar otro riesgo que es el de limitarnos a las criaturas. ”como si sólo ellas representasen la respuesta a todas nuestras expectativas”.

El Papa ha insistido en el primer riesgo, apropiarse de la creación en vez de cuidarla . La creación,”es un regalo que nos ha hecho Dios… y cuando la explotamos, destruimos el signo de su amor. Destruir la creación es decir a Dios: ”No me gusta” Y esto no está bien, es un pecado. El cuidado de la creación es el cuidado del regalo de Dios, es decir a Dios: ”Gracias, yo soy el que cuida la creación pero para que progrese, jamás para destruir tu regalo”.

”Ese debe ser nuestro comportamiento con la creación porque si la destruimos, ella nos destruirá. ¡No lo olvidéis!”, ha reiterado el Papa, recordando después que hace tiempo en el campo una persona muy sencilla, a la que le gustaban las flores le dijo: ”Tenemos que cuidar de las cosas bellas que Dios nos ha dado; la creación es para nosotros para que la aprovechemos bien; no para explotarla sino para cuidarla porque Dios perdona siempre, nosotros los seres humanos perdonamos algunas veces, pero la creación no perdona jamás y se no la cuidas te destruirá”.

”Tenemos que pensar en todo esto -ha concluido- y pedir al Espíritu Santo el don de la ciencia para entender que la creación es el regalo más hermoso de Dios que hizo tantas cosas buenas, pero la mejor es el ser humano”.FORTALEZA, MÁS QUE UN DON PARA SUPERAR MOMENTOS DIFÍCILES

 

Ciudad del Vaticano, 14 mayo 2014 (VIS).- El Santo Padre, en la catequesis de la Audiencia General, ha mencionado los primeros tres dones del Espíritu Santo que ya trató en las pasadas catequesis: sabiduría, intelecto y consejo, y ha continuado hablando del cuarto: la fortaleza. Para explicar su importancia ha recordado la parábola del sembrador. Las semillas que caen en la carretera se las comen los pájaros, las que caen entre las piedras se secan, pero solo las que caen en terreno bueno crecen y dan fruto.

 

El sembrador es el Padre que esparce las semillas de su Palabra. ”Las semillas chocan a menudo con la sequedad de nuestro corazón y aunque se acepten, aveces permanecen estériles. Con el don de la fortaleza, en cambio, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón del entumecimiento, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden pararlo, para que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de forma autentica y alegre”.

 

El Papa ha hablado de todos aquellos momentos difíciles y situaciones extremas en las que el don de la fortaleza se manifiesta de manera extraordinaria y ha recordado que en la actualidad hay muchos hermanos y hermanas que no tienen miedo de dar su vida por continuar a ser fieles al Señor y a su Evangelio, y cómo la Iglesia resplandece con estos testimonios. ”Todos conocemos personas que han vivido situaciones difíciles, de mucho dolor. Pensemos en esos hombres y mujeres que llevan una vida difícil, luchan para sacar a delante la familia, educar a los hijos: hacen todo esto porque el espíritu de la fortaleza les ayuda… Estos hermanos y hermanas son santos, santos del cotidiano, santos escondidos en medio de nosotros: tienen el don de la fortaleza para llevar a cabo su deber como personas, como padres, madres, hermanos, hermanas y ciudadanos… Y nos vendrá bien pensar en esta gente: Si ellos hacen todo esto, si ellos pueden hacerlo ¿Por qué yo no? Nos vendrá bien pedir al Señor que nos de el don de la fortaleza”.

 

”No hay que pensar -ha continuado- que el don de la fortaleza sea necesario solo en determinadas ocasiones o situaciones. Este don debe constituir la nota de fondo de nuestro ser cristiano, en lo habitual de nuestra vida cotidiana”. Por ello, Francisco ha recordado la frase del apóstol Pablo destacando que el Señor está siempre con nosotros: ”Puedo hacer todo a través de Él que me da la fortaleza”.

 

Antes de finalizar, el Pontífice ha añadido que ”a veces podemos estar tentados por la pereza o peor aun, por el desaliento, sobre todo ante las dificultades y las pruebas de la vida. En estos casos, no perdamos los ánimos, e invoquemos al Espíritu Santo, para que con el don de la fortaleza levante nuestros corazones dándonos nueva fuerza y entusiasmo en nuestra vida y en nuestro seguir a Jesús”.

Ciudad del Vaticano, 7 mayo 2014 (VIS).- El consejo, don con que el Espíritu Santo nos capacita para tomar decisiones concretas siguiendo la lógica de Jesús y del Evangelio, ha sido el tema de la catequesis del Papa Francisco durante la audiencia general de los miércoles.

El Espíritu ”nos ayuda a crecer interiormente y positivamente en la comunidad y a no caer presa del egoísmo ni de nuestra forma de ver las cosas”. ”La condición esencial para conservar este don es la oración” ha dicho el Santo Padre, explicando que todos podemos rezar las oraciones que hemos aprendido de pequeños, pero también dirigirnos a Dios con nuestras palabras: ”Señor, ayúdame, aconséjame: ¿Qué tengo que hacer ahora? Y con la oración hacemos espacio para que el Espíritu venga y nos ayude en ese momento, nos aconseje que debemos hacer. Nunca tenemos que olvidarnos de rezar. Ninguno se da cuenta cuando rezamos en el autobús o por la calle: recemos en silencio.. Aprovechemos estos momentos para rezar… para que el Espíritu Santo nos conceda el don del consejo”.

”En la intimidad con Dios y escuchando su palabra, dejamos de lado, poco a poco, nuestra lógica personal … y en nosotros madura una sintonía profunda con el Señor que nos lleva , en cambio, a preguntarnos cual es su voluntad. Es el Espíritu el que nos aconseja, pero nosotros tenemos que dejarle espacio para que lo haga. Dar espacio y rezar para que nos ayude siempre”.

Y, al igual que los demás dones del Espíritu Santo, el consejo es ”un tesoro para toda la comunidad cristiana”, porque el Señor no nos habla ”sólo en la intimidad del corazón, sino también a través de la voz y el testimonio de los hermanos… que nos ayudan a arrojar luz en nuestras vidas y a reconocer la voluntad del Señor”. Francisco ha recordado a este propósito que una vez en la diócesis argentina de Luján, un chico ”con tatuajes y pendientes y todas esas cosas” le expuso en el confesionario una situación muy grave diciendo que su madre le había aconsejado que se dirigiera a la Virgen. ”Era una mujer con el don del consejo -ha observado el pontífice- Esa madre no sabía como salir del problema de su hijo pero le indicó el camino acertado… Y efectivamente el chico me dijo: ”Miré a la Virgen y sentí que tenía que hacer esto y lo otro”. ?Yo no tuve ni que hablar – ha rememorado el Papa- ya habían dicho todo esa madre y ese hijo. Ese es el don del consejo y vosotras madres, que ya lo tenéis, pedidlo para vuestros hijos. El don de aconsejar a los hijos es un don de Dios”.

Francisco ha concluido citando el Salmo 16 que dice: “Bendeciré a Yahve que me aconseja; aún de noche me instruye. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré”. ”¡Que el Espíritu -ha concluido- infunda siempre en nuestros corazones esta certeza y nos colme así, de su consuelo y su paz y pedid siempre el don del consejo!”.

SEGUNDO DON DEL ESPÍRITU SANTO: ENTENDER LAS COSAS CON LA INTELIGENCIA DE DIOS

Ciudad del Vaticano, 30 abril 2014 (VIS).- Prosiguiendo con la catequesis sobre los siete dones del Espíritu Santo, el Papa Francisco se ha centrado en la audiencia general de este miércoles sobre el intelecto. ”No se trata de la inteligencia humana o de la capacidad intelectual de la que podemos estar más o menos dotados -ha especificado-. Es una gracia que sólo el Espíritu Santo puede infundir y que despierta en el cristiano la capacidad de ir más allá de la apariencia exterior de la realidad y escrudiñar en las profundidades del pensamiento de Dios y de su designio de salvación”.

Francisco ha recordado las palabras del apóstol Pablo, cuando dirigiéndose a la comunidad de Corintio describió los efectos de este don: ”Esas cosas que los ojos no ven, que los oídos no escuchan y que nunca entrarán en el corazón del hombre, Dios las ha preparado para aquellos que le aman. Pero a nosotros, Dios nos las ha revelado por medio del Espíritu Santo”.

”Esto no quiere decir que un cristiano pueda comprender todo y tener pleno conocimiento de los diseños de Dios -ha destacado el Pontífice-. Pero, como sugiere la palabra en sí, el intelecto permite ”intus legere”, ”leer dentro”. Este don nos hace entender las cosas como las entiende Dios, con la inteligencia de Dios… Es un don estrechamente conectado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, día tras día hace que aumente la comprensión de aquello que el Señor ha dicho y ha cumplido”.

Francisco ha explicado que lo mismo les sucedió a los apóstoles del camino de Emaús, que no conocieron a Jesús porque no eran capaces. ”Pero cuando el Señor les explica sus Escrituras para que entiendan que Él debía sufrir y morir para más tarde resurgir, -ha dicho- sus mentes se abren y en en sus corazones se enciende de nuevo la esperanza. Esto es lo que hace el Espíritu Santo con nosotros”.FRANCISCO INICIA UN NUEVO CICLO DE CATEQUESIS SOBRE EL ESPÍRITU SANTO

Ciudad del Vaticano, 9 abril 2014 (VIS).- El Papa Francisco inicia hoy un ciclo de catequesis dedicadas al Espíritu Santo, que ‘constituye el alma y la linfa vital de la Iglesia y de cada cristiano’. El Espíritu Santo es, en sí mismo ‘el don de Dios por excelencia’ y, a su vez ‘comunica a quien lo acoge diversos dones espirituales’. La Iglesia individua siete, un número que simbólicamente indica plenitud y son los que se invocan en la antigua oración llamada ‘Secuencia del Espíritu Santo’: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

El Santo Padre ha hablado del primero: la sabiduría. ‘No se trata simplemente -ha dicho- del saber humano que es fruto del conocimiento y de la experiencia’. La sabiduría que concede el Espíritu Santo es ‘la gracia de poder ver todas las cosas con los ojos de Dios…. Es ver el mundo, las situaciones…los problemas, todo, con los ojos de Dios. ….Y obviamente esto deriva de la intimidad con Dios… de la relación de los hijos con el Padre…Cuando estamos en comunión con el Señor, el Espíritu Santo es como si transfigurase nuestro corazón y nos hiciera percibir todo su calor y su predilección’.

El Espíritu Santo hace entonces del cristiano ‘un sabio’. ¡Pero -ha explicado Francisco- no en el sentido de que tiene una respuesta para todo, que sabe todo, sino en el sentido de que…sabe como actúa Dios, conoce cuando algo es de Dios y cuando no lo es…El corazón del sabio, en este sentido, tiene el gusto y el sabor de Dios…Tenemos dentro de nosotros, en nuestro corazón al Espíritu Santo: podemos escucharlo o no. Si lo escuchamos, nos enseña este camino de sabiduría; nos regala la sabiduría que consiste en ver con los ojos de Dios, escuchar con los oídos de Dios, amar con el corazón de Dios, juzgar las cosas con el juicio de Dios. Esta es la sabiduría que nos regala el Espíritu Santo y todos podemos conseguirla. Solamente tenemos que pedírsela’.

Como ejemplo de sabiduría en la vida diaria, el Papa ha puesto el ejemplo de un matrimonio que se enfada ‘y no se miran, o se miran con mala cara: ¿esta es sabiduría de Dios?. ¡No!. En cambio, si se dicen: ‘Ha amainado la tormenta, vamos a hacer las paces ‘ y empiezan otra vez a caminar juntos en paz…ese es del don de la sabiduría’.

‘Esto -ha concluido- no se aprende; es un regalo del Espíritu Santo. Por eso tenemos que pedir al Señor que nos conceda al Espíritu Santo y el don… de esa sabiduría de Dios que nos enseñe a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Y así, con esa sabiduría, vamos adelante, construimos la familia, construimos la Iglesia y todos nos santificamos. Pidamos hoy la gracia de la sabiduría. Y pidamosla a la Virgen que es Trono de la Sabiduría’.

VATICANO, 08 Ene. 14 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias).- En su primera catequesis que dedica al tema de los sacramentos, el Papa Francisco explicó que el Bautismo “¡no es una formalidad!” y precisó que no es lo mismo un niño o una persona bautizada que una que no lo está.

En su catequesis de hoy, el Santo Padre explicó que este sacramento, junto a la Eucaristía y la Confirmación, forman la llamada “Iniciación cristiana”, que “constituye como un único, gran evento sacramental que se configura al Señor y hace de nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor”.

“Puede nacer en nosotros una pregunta: ¿pero es de verdad necesario el Bautismo para vivir como cristianos y seguir a Jesús? ¿No es en el fondo un simple rito, un acto formal de la Iglesia para dar el nombre al niño o a la niña? ¿Es una pregunta que puede venir, no?”

Para eso, dice Francisco, es iluminador lo que escribe San Pablo: “¿No saben que quienes hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por medio del Bautismo, entonces, hemos sido sepultados junto a Él en la muerte para que, como Cristo fue resucitado entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva” (Rm 6,3-4). Por lo tanto ¡no es una formalidad! Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. No es lo mismo, un niño bautizado o un niño no bautizado: no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada”.

“Nosotros, con el Bautismo, somos sumergidos en aquella fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor, podemos vivir una vida nueva, no más a la merced del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos”.

El Papa reiteró luego la importancia de recordar la fecha del propio bautismo y, si no sabe, alentó a averiguarla: “hoy, en casa, busquen, pregunten la fecha del Bautismo y así sabrán cuál ha sido el día tan bello del Bautismo. ¿Lo harán? (responden: ¡sí! ) No siento entusiamo, ¿eh? ¿Lo harán? (gritan más fuerte: ¡sí! ) ¡Eh, sí! Porque es conocer una fecha feliz, aquella de nuestro Bautismo. El riesgo de no saberlo es perder la memoria de aquello que el Señor ha hecho en nosotros, la memoria del don que hemos recibido”.

“Entonces terminamos por considerarlo sólo como un evento que ha sucedido en el pasado – y ni siquiera por voluntad nuestra, sino de nuestros padres – por lo tanto no tiene más ninguna incidencia en el presente. Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo: despertar la memoria del Bautismo. Estamos llamados a vivir nuestro Bautismo cada día, como realidad actual en nuestra existencia”.

El Papa resaltó que “si logramos seguir a Jesús y a quedarnos en la Iglesia, aún con nuestros límites, con nuestras fragilidades y nuestros pecados, es justamente por el Sacramento en el cual nos hemos transformado en nuevas criaturas y hemos sido revestidos de Cristo. Es por la fuerza del Bautismo, de hecho que, liberados del pecado original, somos injertados en la relación de Jesús con Dios Padre; que somos portadores de una esperanza nueva, porque el Bautismo nos da esta esperanza nueva: la esperanza de andar en la via de la salvación, toda la vida”.

“Y a esta esperanza nada y nadie la puede apagar, porque la esperanza no defrauda. Recuerden: es verdad esto. La esperanza del Señor no defrauda nunca. Gracias al Bautismo somos capaces de perdonar y de amar también a quien nos ofende y nos hace mal; logramos reconocer en los últimos y en los pobres el rostro del Señor que nos visita y se hace cercano. Y esto, el Bautismo, nos ayuda a reconocer en el rostro de las personas necesitadas, en los sufrientes, también de nuestro prójimo, el rostro de Jesús. Es gracias a esta fuerza del Bautismo”.

El Papa Francisco subrayó luego: “¡nadie puede bautizarse a sí mismo! Nadie. Podemos pedirlo, desearlo, pero tenemos siempre necesidad de alguien que nos confiera este Sacramento en el nombre del Señor. Porque el Bautismo es un don que es otorgado en un contexto de solicitud y comunión fraternal”.

Para concluir, el Santo Padre alentó a pedir “de corazón al Señor que podamos experimentar siempre más, en la vida de cada día, esta gracia que hemos recibido con el Bautismo. Encontrándonos, nuestros hermanos puedan encontrar unos verdaderos hijos de Dios, verdaderos hermanos y hermanas de Jesucristo, verdaderos miembros de la Iglesia. Y no se olviden la tarea de hoy ¿eh?, que era: buscar, preguntar la fecha de mi Bautismo. Y como yo sé mi fecha de nacimiento, así también debo conocer la fecha de mi Bautismo, porque es un día de fiesta. Gracias”.

EtiquetasLA CONFIRMACIÓN, SEGUNDO SACRAMENTO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

Ciudad del Vaticano, 29 enero 2014 (VIS).-El Papa Francisco, prosiguiendo con las catequesis sobre los sacramentos, se ha centrado en la audiencia general de este miércoles, sobre la Confirmación, un sacramento que debe ser entendido “en continuidad con el Bautismo al que está vinculada inseparablemente”.

“Estos dos sacramentos , junto con la Eucaristía -ha explicado- constituyen un acontecimiento único salvador: la iniciación cristiana – en la que somos insertados en Jesucristo, muerto y resucitado y nos transformamos en nuevas criaturas y miembros de la Iglesia. Esto es así porque al principio estos tres sacramentos se celebraban en un solo momento, al final del catecumenado , por lo general en la Vigilia de Pascua . Así se sellaba el camino de formación e inserción progresiva en la comunidad cristiana que podía durar algunos años. Se hacía paso a paso, para llegar al Bautismo, después a la Confirmación y luego a la Eucaristía.

En la Confirmación, somos ungidos, con el aceite. Y de hecho, “a través del aceite llamado ‘sacro crisma’, somos conformados, con la potencia del Espíritu , a Jesucristo, que es el único verdadero “ungido”, el “Mesías”, el Santo de Dios. El término “confirmación” nos recuerda también que este sacramento ratifica la gracia bautismal : nos une más firmemente a Cristo , afianza nuestra relación con la Iglesia y nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el nombre de Cristo y no sentir jamás vergüenza de la cruz”.

“Por eso es importante -ha añadido- que los hijos reciban este sacramento. Todos nos preocupamos por bautizarlos, pero quizá no tanto de que se confirmen y así, se quedan a mitad del camino y no reciben el Espíritu Santo que nos da la fuerza para ir adelante en la vida cristiana”. Por supuesto, “es importante dar a los que se van a confirmar una buena preparación que debe conducirlos a una adhesión personal a la fe fe en Cristo y despertar en ellos un sentido de pertenencia a la Iglesia”.

La Confirmación, “como todo sacramento , no es obra de los hombres , sino de Dios , que cuida de nuestras vidas para moldearnos a imagen de su Hijo, para hacernos capaces de amar como Él. Y lo hace, infundiendo en nosotros su Espíritu Santo, cuya acción impregna a toda la persona y toda la vida , como se refleja en los siete dones que la tradición , a la luz de la Sagrada Escritura , ha evidenciado siempre: Sabiduría , Intelecto, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios”, ha dicho el Obispo de Roma anunciando que esos dones serán el tema de sus próximas catequesis. “Cuando acogemos al Espíritu Santo en nuestros corazones y lo dejamos actuar – ha continuado- Cristo mismo se hace presente en nosotros y asume forma en nuestra vida. Será El, el que través de nosotros, rezará, perdonará, dará esperanza y consuelo, servirá a nuestros hermanos y hermanas, estará cerca de los necesitados y los últimos, creará comunidad y sembrará la paz”.

La catequesis ha concluido con la exhortación del Papa a recordar el haber recibido la Confirmación, en primer lugar “para dar gracias al Señor por este don y luego para pedirle que nos ayude a vivir como verdaderos cristianos y a caminar siempre con alegría según el Espíritu Santo que nos fue dado”. Mientras concluía sus palabras ha empezado a llover con fuerza y Francisco, no ha podido por menos que exclamar: “Parece que en estos últimos miércoles, a mitad de la audiencia, nos bendicen desde el cielo; pero, como sois valientes, adelante, sigamos…”

EL DON DE LA PIEDAD: SINÓNIMO DE CONFIANZA FILIAL CON DIOS

Ciudad del Vaticano, 4 junio 2014 (VIS).-El Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a otro don del Espíritu Santo: la piedad que, como explicó, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces se utiliza: tener lástima de alguien.

La piedad, como don del Espíritu Santo indica en cambio ”nuestra pertenencia a Dios y nuestra unión profunda con él; una unión que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con él, incluso en los momentos más difíciles”.

El Santo Padre aclaró a las decenas de miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro que esa unión no significa ni un deber ni una imposición. ”Se trata en cambio- dijo- de algo que sale de dentro, de una relación vivida con el corazón: es la amistad con Dios que Jesús nos ha dado y que cambia nuestra vida llenándola de entusiasmo y de alegría. Por eso, el don de la piedad suscita en nosotros ante todo la gratitud y la alabanza. Este es el motivo y el sentido auténtico de nuestro culto y nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nuestro corazón se alegra y nos sentimos movidos casi naturalmente a la oración… La piedad, por tanto, es sinónimo de espíritu religioso auténtico, de confianza filial con Dios, de esa capacidad de rezarle con amor y sencillez que es propia de las personas humildes de corazón”.

Este don, haciéndonos vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar a los demás y a reconocerlos como hermanos.”Entonces -exclamó el Papa- ¡sí que estamos movidos por sentimientos de piedad -no de pietismo-!.’¿Por qué digo piedad y no pietismo? Pues porque algunos creen que tener piedad es cerrar los ojos, poner cara de imagen, cara de santo”, comentó Francisco que recurrió a un dicho piamontés, la región italiana de sus orígenes, para explicarlo mejor: ”Fare la mugna quacia” (Poner cara de no haber roto un plato n.d.r) …Eso no es el verdadero don de la piedad. El verdadero don de la piedad nos hace capaces de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir a quien se equivoca, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad. Hay, además, una estrecha relación entre la piedad y el sosiego. El don de la piedad que nos da el Espíritu Santo nos hace sosegados, tranquilos y pacientes, en paz con Dios y al servicio de los demás con sosiego.

El Santo Padre concluyó citando la Carta de San Pablo a los Romanos: ” Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! ”.Pidamos al Señor -terminó- que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y dudas y también nuestro espíritu inquieto e impaciente y nos convierta en testigos alegres de Dios y de su amor’, adorando al Señor en verdad y también en el servicio del prójimo con sosiego y con la sonrisa que da siempre el Espíritu Santo en la alegría”.EL DON DE LA PIEDAD: SINÓNIMO DE CONFIANZA FILIAL CON DIOS

Ciudad del Vaticano, 4 junio 2014 (VIS).-El Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a otro don del Espíritu Santo: la piedad que, como explicó, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces se utiliza: tener lástima de alguien.

La piedad, como don del Espíritu Santo indica en cambio ”nuestra pertenencia a Dios y nuestra unión profunda con él; una unión que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con él, incluso en los momentos más difíciles”.

El Santo Padre aclaró a las decenas de miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro que esa unión no significa ni un deber ni una imposición. ”Se trata en cambio- dijo- de algo que sale de dentro, de una relación vivida con el corazón: es la amistad con Dios que Jesús nos ha dado y que cambia nuestra vida llenándola de entusiasmo y de alegría. Por eso, el don de la piedad suscita en nosotros ante todo la gratitud y la alabanza. Este es el motivo y el sentido auténtico de nuestro culto y nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nuestro corazón se alegra y nos sentimos movidos casi naturalmente a la oración… La piedad, por tanto, es sinónimo de espíritu religioso auténtico, de confianza filial con Dios, de esa capacidad de rezarle con amor y sencillez que es propia de las personas humildes de corazón”.

Este don, haciéndonos vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar a los demás y a reconocerlos como hermanos.”Entonces -exclamó el Papa- ¡sí que estamos movidos por sentimientos de piedad -no de pietismo-!.’¿Por qué digo piedad y no pietismo? Pues porque algunos creen que tener piedad es cerrar los ojos, poner cara de imagen, cara de santo”, comentó Francisco que recurrió a un dicho piamontés, la región italiana de sus orígenes, para explicarlo mejor: ”Fare la mugna quacia” (Poner cara de no haber roto un plato n.d.r) …Eso no es el verdadero don de la piedad. El verdadero don de la piedad nos hace capaces de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir a quien se equivoca, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad. Hay, además, una estrecha relación entre la piedad y el sosiego. El don de la piedad que nos da el Espíritu Santo nos hace sosegados, tranquilos y pacientes, en paz con Dios y al servicio de los demás con sosiego.

El Santo Padre concluyó citando la Carta de San Pablo a los Romanos: ” Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! ”.Pidamos al Señor -terminó- que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y dudas y también nuestro espíritu inquieto e impaciente y nos convierta en testigos alegres de Dios y de su amor’, adorando al Señor en verdad y también en el servicio del prójimo con sosiego y con la sonrisa que da siempre el Espíritu Santo en la alegría”.

EL DON DE LA PIEDAD: SINÓNIMO DE CONFIANZA FILIAL CON DIOS

Ciudad del Vaticano, 4 junio 2014 (VIS).-El Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles a otro don del Espíritu Santo: la piedad que, como explicó, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces se utiliza: tener lástima de alguien.

La piedad, como don del Espíritu Santo indica en cambio ”nuestra pertenencia a Dios y nuestra unión profunda con él; una unión que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con él, incluso en los momentos más difíciles”.

El Santo Padre aclaró a las decenas de miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro que esa unión no significa ni un deber ni una imposición. ”Se trata en cambio- dijo- de algo que sale de dentro, de una relación vivida con el corazón: es la amistad con Dios que Jesús nos ha dado y que cambia nuestra vida llenándola de entusiasmo y de alegría. Por eso, el don de la piedad suscita en nosotros ante todo la gratitud y la alabanza. Este es el motivo y el sentido auténtico de nuestro culto y nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nuestro corazón se alegra y nos sentimos movidos casi naturalmente a la oración… La piedad, por tanto, es sinónimo de espíritu religioso auténtico, de confianza filial con Dios, de esa capacidad de rezarle con amor y sencillez que es propia de las personas humildes de corazón”.

Este don, haciéndonos vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar a los demás y a reconocerlos como hermanos.”Entonces -exclamó el Papa- ¡sí que estamos movidos por sentimientos de piedad -no de pietismo-!.’¿Por qué digo piedad y no pietismo? Pues porque algunos creen que tener piedad es cerrar los ojos, poner cara de imagen, cara de santo”, comentó Francisco que recurrió a un dicho piamontés, la región italiana de sus orígenes, para explicarlo mejor: ”Fare la mugna quacia” (Poner cara de no haber roto un plato n.d.r) …Eso no es el verdadero don de la piedad. El verdadero don de la piedad nos hace capaces de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir a quien se equivoca, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad. Hay, además, una estrecha relación entre la piedad y el sosiego. El don de la piedad que nos da el Espíritu Santo nos hace sosegados, tranquilos y pacientes, en paz con Dios y al servicio de los demás con sosiego.

El Santo Padre concluyó citando la Carta de San Pablo a los Romanos: ” Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! ”.Pidamos al Señor -terminó- que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y dudas y también nuestro espíritu inquieto e impaciente y nos convierta en testigos alegres de Dios y de su amor’, adorando al Señor en verdad y también en el servicio del prójimo con sosiego y con la sonrisa que da siempre el Espíritu Santo en la alegría”.

El don del temor de Dios, del que hablamos hoy, concluye la serie de los siete dones del Espíritu Santo. No significa tener miedo de Dios, Omnipotente y Santo: sabemos bien que Dios es padre, que nos ama y quiere nuestra salvación, motivo por el cual no hay motivo de tener miedo de Él. El temor de Dios, en cambio, es el don del Espíritu que nos recuerda cuanto somos pequeños delante a Dios y a su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, respeto y confianza en sus manos (…).

Cuando el Espíritu Santo toma posesión en nuestro corazón, nos infunde consolación y paz, y nos lleva a sentirnos así como somos.  O sea pequeños, con esa actitud –tan recomendada por Jesús en el Evangelio– de quien pone todas sus preocupaciones y sus espectativas en Dios y se siente envuelto y sostenido por su calor y su protección, ¡como un niño con su papá!

En este sentido entonces comprendemos bien como el temor de Dios pasa a asumir en nosotros la forma de la docilidad, del reconocimiento, de la alabanza, llenando nuestro corazón de esperanza.

Muchas veces de hecho, no logramos entender el designio de Dios y nos damos cuenta que no somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos la felicidad eterna. Y justamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza, el Espíritu nos conforta y nos hace percibir como la única cosa importante sea dejarse conducir por Jesús entre los brazos del Padre.

Por ello tenemos tanta necesidad de este don del Espíritu Santo. El temor de Dios nos hace tomar conciencia que todo viene de la gracia y que nuestra verdadera fuerza está únicamente en seguir al Señor Jesús y en dejar que el Padre pueda derramar sobre nosotros la bondad de su misericordia. (…)

Cuando estamos tomados por el temor de Dios, entonces somos llevados a Seguir al Señor con humildad, docilidad y obediencia. Esto entretanto, no con una actitud resignada y pasiva (…) pero con el estupor y la alegría de un hijo que se reconoce servido y amado por el Padre. El temor de Dios por lo tanto, no nos vuelve cristianos tímidos, resignados y pasivos, pero genera en nosotros: ¡coraje y fuerza! Es un don que nos vuelve cristianos convencidos, entusiastas, que no se someten al Señor por miedo, pero porque están conmovidos y conquistados por su amor.

Entretanto (…) el don del temor de Dios es también una ‘alarma’ delante de la pertinacia del pecado. Cuando una persona vive en el mal, cuando blasfemia contra Dios, cuando explota a los otros, cuando se vuelve tirano, cuando vive solamente para el dinero, la vanidad, el poder, el orgullo. Entonces el santo temor de Dios nos pone en alerta: atención (…) Así no serás feliz, (…)

Pienso por ejemplo a las personas que tienen responsabilidad sobre otros y se dejan corromper; (…) pienso a aquellos que viven de la trata de personas y del trabajo de esclavo (…); pienso a quienes viven de la trata de personas y del trabajo de esclavo (…); pienso a quienes fabrica armas para fomentar las guerras… (…) Que el temor de Dios les haga comprender que un día todo termina y será necesario rendir cuentas a Dios.

Queridos amigos, el salmo 34 nos hace rezar así: “Este pobre grita y el Señor lo escucha, lo salva de todas sus angustias. El ángel del Señor se acampa entorno a aquellos que lo temen y los libera”. Pedimos al Señor la gracia de unir nuestra voz a la de los pobres, para recoger el don del temor de Dios y poder reconocernos junto a ellos, revestidos de la misericordia y del amor de Dios, que es nuestro padre, nuestro papá. ¡Qué así sea!rancisco: Ser piadoso no es poner “cara de estampa”. ja, ja

El Papa explicó en la audiencia general el don de la piedad que da el Espíritu Santo. Dijo que no es simplemente “tener lástima de alguien” sino que es más profundo.

La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre.

Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz.

Este don del Espíritu Santo nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar al prójimo y a reconocer en él a un hermano.

En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad.

Pidamos al Señor que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y nuestras dudas, y nos convierta en testigos valerosos del Evangelio. Un abrazo a cada uno. Marta

Francisco: Ser piadoso no es poner “cara de estampa”. ja, ja

El Papa explicó en la audiencia general el don de la piedad que da el Espíritu Santo. Dijo que no es simplemente “tener lástima de alguien” sino que es más profundo.

La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre.

Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz.

Este don del Espíritu Santo nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar al prójimo y a reconocer en él a un hermano.

En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad.

Pidamos al Señor que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y nuestras dudas, y nos convierta en testigos valerosos del Evange

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