Persona y comunidad escrito por Carla Ortiz Petersen

COMUNIDAD E INDIVIDUO

Carla Ortiz Petersen

 

El pertenecer a una comunidad tiene la primera ventaja de entregar  al individuo un sentido de pertenencia. Esta característica  determina que al individuo  sienta seguridad.

Es “como un muro donde apoyarse”.

Por otro lado el tener cerca personas que tarde o temprano necesitaran ayuda, brinda confianza al posible necesitado, y al que quiere expresarse en donación,

Si la comunidad busca anhelos comunes y la forma de desarrollarlos, desatará una gran fecundidad de vida, es como “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Todos se beneficiaran de la originalidad de cada uno, de la forma de pensar de sentir de amar y de hacer las cosas. Al pasar el tiempo ese grupo humano tendrán historia comunes, recuerdos, que reintegrarán en el corazón que desencadenarán  alegrías o tristezas, quizás rabias, esperanzas y desilusiones, dependiendo de distintas interpretaciones,  valoraciones, cambios de forma de ser  y formas de resolver problemas y o disfrutar la vida.

El Padre Kentenich  habla como característica positiva “el principio de polaridad”.

Vivencia de las tensiones contrapuestas. A primera vista podría  llevar a eternos conflictos, sin embargo él lo resuelve con el principio de gobierno, con un claro principio de autoridad y aplicación democrática. Esto permite que la comunidad no pierda el rumbo y cada integrante desarrolle su libertad y originalidad. Exige al conductor receptividad de las necesidades individuales sociales y un conocimiento  de a donde apunta  la comunidad. Que la autoridad no solo sea un título que venga del exterior sino que sea el resultado de la admiración que los guiados tienen por quien los respeta  admira, es aporta y sabe conducirlos a un desarrollo interior integro.

En esto no tienen necesariamente prioridad los principios por los cuales  históricamente algunos grupos humanos se han guiado, como; igualdad, libertad y fraternidad.  Instintivamente cuando hay dos seres humanos juntos se busca la igualdad en todo, la parejura, la masificación y la justicia, olvidando las originalidades de ser de vida y de misión. Que mejor ejemplo que lo que ha pasado con el matrimonio que se ha transformado en “relación pareja”. Sin duda no se puede olvidar la igualdad en dignidad, pero es necesario respetar la misión que a cada uno se le encomienda.

Para que la libertad  se desarrolle hacia el amor, y que  la  creatividad propia de ella este limitada por la prioridad del respeto del otro, es necesario que lo integrantes se muevan y se habitúen a un profundo cultivo del espíritu.

Es mi experiencia en grupos laborales en que se necesita la creatividad y la humanidad de cada uno, como podría ser un equipo de salud que quiere llegar al corazón de la población, elevándole el nivel de salud. Por ejemplo una enfermera de atención primaria que trabaja con su equipo de auxiliares de enfermería u otros integrantes de la salud e incluso de voluntarios de la comunidad motiva por ideal que la alumbra. Para lo que  el grupo citado, permanentemente se junta a analizar y agradecer los servicios realizados, resaltando lo positivo, explicar las posibles razones de lo negativo en menor relevancia. Soñar juntos, para mejorar  crear y definir y entusiasmar en las responsabilidades de cada uno

Esto que se puede hacer en un grupo de trabajo humano se ve insospechadamente enriquecido cuando se  vincula  al cielo como lo hizo el Padre Kentenich.

Una comunidad en que se enriquece con “los que se reúnen en mi nombre ahí estaré, no solo actuará la posible acción mágica celestial, prodigios, sino que cada uno tendrá un estilo a contemplar e imitar” tengan mis sentimientos dice Jesús.

El primer sentimiento que Él tiene es a su madre.

El padre Kentenich vio la conveniencia de acercarse a María por la experiencia histórica que el había observado  en el grupo jesuita guiado por el Padre Ignacio Rehm en Ingolstadt, en los años 1600, que solo se ponen como objetivo los coloquios marianos y con eso contrarrestan las contracorrientes de esa época. No sabemos lo que pasó con cada uno de los individuos, que es nuestro tema, pero si podemos inferir que fueron muy felices con la fecundidad apostólica que lograron, además de fascinarse de tener semejante Madre.

El otro antecedente mariano que conduce al padre Kentenich para vincular al individuo en una comunidad mariana, es Bartolo Longo que no espera que sea María la que solicite establecerse ,como había sido históricamente hasta ese momento ,sino  que el por su propia iniciativa desafía a una reforma conductual a la  comunidad de Pompeya

En los tiempos que corren  cuando hay dos seres humanos haciendo comunidad instintivamente buscan la igualdad, la parejura, la masificación y la justicia. Que mejor ejemplo actual que el matrimonio transformado en “relación pareja”.

Sin duda no se puede olvidar la igualdad en dignidad, pero cuando se construye una comunidad de a dos o de mas buscando la igualdad como valor prioritario en todo, los resultados  iniciales son buenos, sin embargo en un momento dado se llegará a una suerte de inmovilidad personal y comunitaria.

El padre Kentenich llama a atención como Dios en su infinita sabiduría utiliza el amplísimo espectro de las tensiones  o polaridades para construir el mundo y que en la visión beatífica logrará su objetivo  de unidad y armonía en plenitud.

La sola definición de la supuesta sabiduría, produce a lo menos una sensación de pregunta y desasosiego, ¿de cómo se puede llegar a  vivir las polaridades?

Esta definición que podría pensarse que es antojadiza El Mercurio, en su  revista Ya, 16 de junio 2009   presenta   algo de  esto en su artículo “lo privado como valor esencial” de Paula Serrano en que se  presenta el problema de  la polaridad entre individualidad y comunitariedad. O mejor dicho sentido de pertenencia. Sentido de pertenencia versus sentido de individualidad. Ella dice  la vida de los seres humanos transcurre en  extremos  [1] la identidad y la pertenencia.

El pertenecer a una comunidad tiene la primera ventaja de entregar  al individuo un sentido de pertenencia. Esta característica  determina que al individuo  sienta seguridad. Es un muro donde apoyarse, el que para mantenerlo se esforzará en adaptarse a los demás.

                  Por otra parte cuanto más solitario se está, hay mayor formación de identidad, pero mientras más se es de un mundo, hay más pertenencia y menos soledad con la posible hipoteca  de gran parte de la identidad ya  que en comunidad se filtran aspectos propios,  se callan opiniones, hay adaptación a ciertos comportamientos generalmente sin conciencia. Por ultimo se pierde la oportunidad  de desarrollar aptitudes propias, música arte, investigación, simplemente por el tiempo que ocupa la comunidad.

La sicóloga comenta: hay, una parte de la identidad que es lo privado. Ahí está lo olvidado, lo escondido, los secretos, la historia entera, las pequeñas y grandes vergüenzas, las epifanías no compartidas, los miedos irracionales, las obsesiones inconfesables, las fantasías nunca reconocidas y una buena cantidad de información que es propia, que simplemente se usa  discrecionalmente, en que se siente el poder de decidir cuándo y con quién se comparte. 
Esta polaridad  es  parte de la vivencia en vida matrimonial y la familiar, y de cualquier comunidad que toque vivir.

Para el Schoenstatiano que tiene el desafío del nuevo hombre con la nueva comunidad, es necesario recurrir a las pautas que el fundador dejó.

Vivir otra polaridad autoridad y libertad matizada con el profundo cultivo del espíritu con María como educadora,con una exaltación de la vida interior.

 



[1] El Mercurio, revista Ya, 16 de junio 2009  “lo privado como valor esencial” Paula Serrano.

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