Schoenstatt y Fatima

En el mes del centenario de Fátima: lo que une Fátima y Schoenstatt según el Padre Kentenich

Redacción schoenstatt.org / Ventura Torres, Maria Fischer •

Varios schoenstattianos de Portugal estuvieron en Fátima el 12 y 13 de mayo, en la celebración multitudinaria del centenario de las apariciones de la Virgen María a los pastorcitos, en la que el Papa Francisco canonizó a dos de ellos…

“Luego de 6 días de caminar, estoy acercándome al Santuario de Fátima. Miles y miles de peregrinos caminan como si fuéramos un río que va haciéndose más ancho hasta derramarse en la explanada de las Basílicas, junto a la capillita de las Apariciones. Francisco está para llegar dentro de tres horas. El misterio, el anhelo, la ansiedad, la certeza de que algo grande va a pasar… Le doy gracias a la querida Virgen por poder ser parte de este milagro, de este momento histórico”, comenta Lena Castro, de Lisboa, en el chat del equipo de schoenstatt.org

No solo schoenstattianos de Portugal viajaron hacia Fátima; también hubo grupos nutridos y peregrinos individuales desde Argentina, Alemania, Brasil, España… y hubo cientos y cientos que se habían reservado estos días para seguir en vivo, vía las transmisiones en TV e Internet. “Desde Belmonte rezamos y celebramos la Eucaristía unidos al Papa en Fátima”, comentó el P. Rolando, sacerdote cubano de la Federación de Sacerdotes. En muchos santuarios más se organizaron momentos para unirse a las celebraciones en Fátima, como por ejemplo, en el Santuario Joven en Asunción, Paraguay.

¿Qué fue lo que más impactó a los schoenstattianos presentes física o virtualmente?

¡Me impactó el rostro de Francisco rezándole a la Virgen!, comenta Silvia Losada, de Argentina. Para muchos, como Tita Andras, de Chile, fue “este rosario internacional solidario” rezado en la vigilia, con las palabras de Francisco: “Cada vez que recitamos el Rosario, en este lugar bendito o en cualquier otro lugar, el Evangelio prosigue su camino en la vida de cada uno, de las familias, de los pueblos y del mundo”.

“El silencio del Papa rezando a la Virgen”, comentaron otros, o “la prédica en la bendición de velas”, donde muestra claramente el rol de María, su misión en alianza con Jesús, al decir: “María nos enseña la dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización”.

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P. Esteban Casquero , izq., en Fatima

En Schoenstatt, el P. Alejandro Martínez, unos días después, en la Misa de Alianza, habló sobre el paralelo entre Fátima y Schoenstatt según el Padre Kentenich.

Compartimos aquí el texto completo.

El paralelo entre Fátima y Schoenstatt

Querida Familia de Schoenstatt y peregrinos:

En el Evangelio de hoy meditamos la preocupación maternal de la Santísima Virgen frente a la necesidad de los recién casados cuando faltó el vino. “No tienen vino”. Ella hace suya su preocupación. La Santísima Virgen se nos presenta como la Mediadora al lado del Mediador: mediadora entre Dios y los hombres, totalmente junto a Dios y totalmente junto a los hombres; mediadora del amor, para que el amor humano alcance su plenitud en Dios y para que el amor de Dios llegue a nosotros con aspecto humano. La Santísima Virgen une su amor con nuestra necesidad, pero no para mover a su Hijo a hacer algo que no tenía pensado, sino para que el amor de Jesús se haga más patente y accesible. (“Hagan lo que Él les diga”).

En el mes de María, miramos con gusto hacia el corazón de la Santísima Virgen, ya que es un signo de Dios que suscita el amor en nosotros; un signo eficaz al servicio de su Hijo. Y Dios se sirve una y otra vez de María para atraernos hacia sí, sobre todo en tiempos de angustia, de sufrimiento. Ella nos ayuda para que nuestra agua se convierta en vino.

La Santísima Virgen viene en nuestra ayuda justamente cuando los signos de los tiempos nos preocupan grandemente e incluso, a veces, nos atemorizan; cuando los peligros son demasiado poderosos. Así sucedió en Fátima y en Schoenstatt hace cien años. Dos iniciativas divinas – casi simultáneas. Diferentes en su forma, y sin embargo, similares en varios aspectos. Ambos forman parte de un único plan de Dios y dan respuesta a la misma época. Al reflexionar sobre ambos, descubrimos con mayor profundidad el designio de Dios y la convergencia original que se esconde tras ellos. Ambos deben ser vistos juntos, ya que la meta sólo puede ser una: mostrar nuevamente el camino de la redención – “Hagan lo que Él les diga”.

El P. Kentenich, en el Campo de Concentración de Dachau (1944), procuró señalar en un pequeño trabajo el paralelo entre Fátima y Schoenstatt. Las diferencias que se pueden constatar se encuentran, sobre todo, en las “fuentes de conocimiento”: en Fátima son las visiones extraordinarias, en Schoenstatt es “una perspicaz fe práctica en la Divina Providencia”. Y en relación con los milagros, en Fátima se tiene el impresionante milagro del sol. En Schoenstatt esperamos, en primer lugar (pero no exclusivamente), milagros morales.

Aquello que los une es claro, tal como lo señala el P. Kentenich. En primer lugar, la fe en la misión de la Santísima Virgen para nuestro tiempo: tanto en Schoenstatt como en Fátima se manifiesta como la Vencedora contra las herejías de la época actual, Ella es el gran signo de victoria en el cielo. Similitud en la pequeñez de los instrumentos (los sencillos pastorcitos en Fátima, y en Schoenstatt “los jóvenes estudiantes en una comunidad no muy conocida, en un lugar desconocido; un santuario poco prometedor en el valle, con una imagen de gracia que disgustaba a los sabios de este mundo”). También en relación con el “carácter apostólico”, el P. Kentenich ve un paralelo entre “la lucha por la gracia de la conversión” (Fátima), con la gracia que en el Santuario de Schoenstatt regala la transformación interior, como gracia de santidad de la vida cotidiana.

Lo que impresiona especialmente al P. Kentenich en Fátima es que la persona de la Santísima Virgen es colocada en el primer plano: “Si quisiera caracterizar con una frase la originalidad del mensaje de Fátima, entonces ciertamente tendría que decir: de modo muy especial la Santísima Virgen señala por doquier y muy expresamente hacia sí misma”. Es como si quisiera hacernos notar: la respuesta, la solución a las cuestiones y problemas de la época actual se encuentra en mí, el signo eficaz es mi Inmaculado Corazón. El mensaje de Fátima es el eco de las palabras de Jesús: “He ahí a tu Madre”.

Los pastorcitos ven la preocupación y la tristeza en el rostro de la Santísima Virgen y poco más tarde comprenderán el motivo. Por un momento observan el infierno y se espantan profundamente. Pero el infierno no es un trágico destino inevitable. El P. Kentenich explica las palabras de la Santísima Virgen: “‘El Señor desea preservar al mundo de este precipitarse al infierno mediante el amor (y) la veneración a mi Santísimo e Inmaculado Corazón. Quien haga lo que les digo, se salvará.

Y si el mundo se consagra a mi corazón, entonces pronto recibirá paz’. Debo subrayar nuevamente ¡cuán fuertemente está Ella en el primer plano!… Ella señala siempre hacia sí misma. Alianza de Amor conmigo, esto es ahora lo más importante. El amor a mí, el amor a mi corazón, esto es ahora lo más importante para ustedes. Dios ha hecho depender de ello la paz para el mundo de hoy… Pues estoy aquí para preservar al mundo de aquello. ¿Y qué exijo de ustedes? ¡Deben consagrarse a mi corazón!” (Acta de Fundación: “… desde aquí atraeré los corazones juveniles hacia mí“).

¿Pero por qué debiera ser precisamente la consagración al Inmaculado Corazón de María la solución de los grandes problemas de nuestro tiempo? ¿Qué se debe entender por esta consagración? ¿Un acto de piedad que asombrosamente debiera traer salvación en forma automática? Según el P. Kentenich, la consagración al Inmaculado Corazón de María es más bien un programa de vida con carácter apostólico. Un programa para el rescate de un amor verdaderamente orgánico. El corazón de la Santísima Virgen debe tocar el instinto primario de nuestra naturaleza y estimularlo a amar.

Para algunos, la consagración al Corazón de la Santísima Virgen podría ser una forma de devoción piadosa individual, pero el P. Kentenich piensa: “La consagración al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen significa una plena transformación de la persona y de toda la sociedad humana… se trata de un programa de reforma de primera clase”.

En el Inmaculado Corazón de María contemplamos de modo sobresaliente la plenitud y la elevación de aquel amor humano y personal que es sostenido por la gracia. Su corazón refleja la dignidad del ser humano y exige una verdadera cultura de alianza (cultura de los vínculos y de la solidaridad de unos con otros). El Padre Kentenich expresa: “El corazón de la Santísima Virgen es un corazón ordenado,… un microcosmos con un orden infinitamente articulado y vivo… ¡Si me regalo al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen, entonces mi corazón también se ordena! Y el efecto será: desde mi corazón ordenado se ordena mi entorno”.

En el año 1917 la Santísima Virgen previene de las terribles consecuencias que se extenderán por el mundo, a través de las doctrinas heréticas que provienen de Rusia (hoy Rusia es todo el mundo). Allí se previene de las dimensiones políticas y sociales de una imagen errada de hombre y de sociedad. El P. Kentenich lo ve de la misma manera y ve también en la Alianza de Amor con la Santísima Virgen un camino para la superación de un pensar que altera tanto la imagen del hombre como la imagen de Dios. “El mensaje de Fátima termina diciendo: finalmente su corazón virginal vencerá sobre las modernas herejías antropológicas,…”

El mensaje de Fátima sigue siendo actual como signo eficaz, y hoy debe animarnos y confirmarnos, ya que con él está unida una promesa: “pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará”. En la Santísima Virgen encontramos una seguridad de la victoria.

Y sobre todo la Santísima Virgen nos asegura que nuestras pequeñas contribuciones en el sentido de la santificación de la vida diaria y del apostolado pueden tener un inmenso efecto en el acontecer mundial. La historia salvífica se decide en pequeños pastorcitos, en lugares ocultos, donde el corazón de la Santísima Virgen se convierte en programa.

P. Alejandro Martínez C.

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