Opiniones mensaje de Fatima

Según Mons. Orlando, el mensaje de Fátima es profundo y el más conocido en el mundo, una vez que la Madre Santísima apareció en una época en que el comunismo y el ateísmo eran muy fuertes.

“En Portugal, en ese tiempo, los cristianos eran muy perseguidos, religiosos y padres expulsados de sus casas, era una situación de persecución y odio a la iglesia. María vino de los cielos a traer un mensaje para la tierra. Era un mensaje de paz”, explicó el prelado.
Según el arzobispo, Nuestra Señora de Fátima habló de la necesaria conversión para evitar el pecado.

“María en Fátima nos da una catequesis sobre la importancia y el poder de la oración en nuestras vidas. Oración que hace a la gente convertirse y, por tanto, tener la paz y mejorar el mundo”, completó.

En medio de la conversación con los periodistas, Mons. Brandes también recordó el atentado contra el entonces Papa Juan Pablo II y el hecho de la bala que lo alcanzó esté en la corona de la imagen en Fátima.

 

n Medellín el propio Arzobispo, Mons. Ricardo Tobón Restrepo, en ceremonia solemne coronó la imagen de Nuestra Señora de Fátima, una eucaristía que también vio a la imponente catedral medellinense colmada de devotos fieles. Durante varios días avenidas principales de la capital antioqueña albergaron vallas invitando a la ceremonia con el Arzobispo en su Sede principal.

 

1.png
Mons. Ricardo Tobón profiere homilía en la Catedral de Medellín

 

Dignas de mención fueron las múltiples ceremonias religiosas oficiadas en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en los alrededores de Tocancipá a unos 40 kilómetros al norte de Bogotá, iglesia regentada por los Heraldos del Evangelio, más conocidos en Colombia como los ‘Caballeros de la Virgen’.

 

Se habían programado cuatro misas, a las 8:00, a las 10:00, a las 12:00 y a las 16:00, pero hubo que agregar una eucaristía a las 14:00 y otra a las 18:00 por la gran afluencia de feligreses. Se calcula que a lo largo del día asistieron a este sitio de peregrinación alrededor de 18.000 personas. Las vías de acceso ‘colapsaron’, y muchas personas con alegría en el rostro prefirieron hacer a pie algunos de los kilómetros que los separaban de la iglesia, para que la visita a la Virgen también tuviera igualmente carácter de peregrinación penitencial.

 

2.jpg
Coronación de la Virgen en la iglesia Nuestra Señora de Fátima, Tocancipá

 

En la ceremonia de las 12:00, el P. Carlos Tejedor, EP, hizo un recuento del mensaje que trajo la Virgen en 1917 y evidenció que varios de los pedidos de Nuestra Señora no habían sido atendidos como ella había instado, por lo que era de esperar que varias de sus advertencias se tornasen efectivas. Entretanto, recordó que también la Virgen había anunciado el triunfo de su Inmaculado Corazón, que no era otra cosa sino el triunfo del espíritu de la Virgen en los corazones de los hombres, y que en eso se cifraba la esperanza de los creyentes en Fátima.

 

El 13 de mayo, Colombia demostró que su religiosidad continúa muy viva, una religiosidad de profundo cuño mariano.

Madrid

En esta Eucaristía damos gracias a Dios por las grandes obras del siglo de Fátima.

1. Obra suya admirable fue que -en 1917, cuando los jóvenes de Europa morían en las trincheras de la Primera Guerra Mundial- el Amor todopoderoso quisiera mostrarse por medio de María para atraer al mundo hacia Él; para llamar de nuevo a la conversión a una Humanidad que seguía -y que sigue- viviendo como si no hubiera sido ya redimida; que seguía viviendo como esclava del pecado y de la muerte. Ahí está ella -la Virgen de Fátima- la Mujer en la que el Altísimo había hecho obras grandes y por la cual, quiso y quiere seguir haciendo obras grandes para que nadie se pierda, para que no olvidemos que hay esperanza. ¡Te damos gracias, Señor!

2. Obra de Dios -muy típica de Él- es haber escogido a tres pequeños, a tres niños buenos, pero humanamente insignificantes, para hacerlos portadores de sus designios de salvación, de su secreto de Amor. Obra del Señor , que… «derriba a los potentados de sus tronos y enaltece a los humildes»: obra divina por María. Lucía, Francisco y Jacinta asintieron al plan de Dios y colaboraron con Él. Se ofrecieron por entero, como la Virgen les pedía, a la obra de Dios. Sufrieron por ello. Fueron menospreciados e incluso encarcelados. Pero así no hicieron más que traer a nuestra historia aquellas obras mayores predichas por el Señor a quienes creen en Él. Lo acaba de reconocer hoy mismo la Iglesia del modo más solemne posible, cuando el papa Francisco ha declarado y definido santos a Francisco y a Jacinta. ¡Te damos gracias, Señor!

3. Obra de Dios ha sido y es, sin duda, ese ejército incontable de personas de todas partes que, acogiendo la llamada de María, han ofrecido sus vidas al Señor por la salvación del mundo. ¡Tantas almas que han ofrecido y ofrecen sacrificios voluntarios, incluso la ofrenda de la propia vida, consagrándola a Dios y a su obra salvadora como sacerdotes, religiosos y consagrados! ¡Tantos que, movidos por la Virgen de Fátima y sus santos pastorcitos, han comprendido el valor redentor del sufrimiento libremente asumido y unido al sufrimiento de Dios mismo en la Cruz del Hijo eterno! ¡El valor de las pequeñas cruces cotidianas o de otras mayores que tengamos que abrazar con Cristo! ¡Tantos que han orado sin descanso como nos pide el Señor y repite la Virgen del Rosario de Fátima! El siglo de Fátima ha sido un tiempo especial de oración y de penitencia. Es un tiempo en el que -según la palabra del apóstol Pedro que acaba de ser proclamada (1 Pe 2, 4-9)- muchos bautizados, «como piedras vivas» han entrado en la construcción de la Iglesia «como una casa espiritual» ofreciendo «sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo». ¡Te damos gracias, Señor !

4. En fin: obra admirable de Dios es cómo su Misericordia infinita se ha hecho presente en un siglo sin misericordia, en un siglo dramático, marcado por las guerras y las violencias mayores de la historia; jalonado por centenares de millones de inocentes que han sido víctimas del orgullo satánico aduezado del poder y encarnado en sistemas totalitarios que prometieron libertad y progreso y trajeron esclavitud y muerte a Europa e incluso al mundo entero. Esos tiempos sin misericordia humana han experimentado tal vez como nunca la Misericordia divina a través de tantos y tantos testigos del perdón, que han entregado sus vidas con palabras de amor para sus verdugos y para sus enemigos. Son las obras mayores de las que nos habla el Señor: Las obras de millones de testigos, de mártires; obras que comenzaron a producirse enseguida después de la Resurrección -los Hechos nos hablan hoy de Esteban, el primer mártir (Hch 6, 1-7)-. Nunca ha abandonado a la Iglesia la obra de los mártires. Pero el siglo de Fátima ha sido el siglo de los mártires por excelencia. El Señor ha querido estar de ese modo cerca de este tiempo dramático. Así lo vio y así lo anunció san Juan Pablo II, el papa de los mártires del siglo XX, también él mismo testigo de sangre y testigo de la Misericordia, como recuerda la bala que atravesó su cuerpo el 13 de mayo de 1981 y que él mismo dejó en la corona de la Virgen de Fátima. Los gulags y los campos de concentración se han cerrado; los muros han caído. Pero hoy tenemos más santos. ¡Te damos gracias, Señor!

«El que cree en mi también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre» (Jn 14, 12).

Queridos amigos:

Hoy se cierra el siglo de Fátima. Se cierra con san Franciso y santa Jacinta Marto, los pastorcitos de la Cova de Iría. Pero el mensaje de Fátima sigue abierto y vivo. La Virgen sigue invitándonos a la conversión, a la oración y a la penitencia. Sigue abierto el tiempo de las grandes obras de Dios para nosotros y con nosotros.

Ella es la Madre que nos muestra la luz de la Gloria divina, la cercanía de su Amor infinito por cada uno de nosotros. El mundo sigue necesitado de la oración y de vidas unida al sacrificio redentor de Cristo. No hay otro modo de salvación: solo Él es el camino que nos conduce a la verdad y la vida (cf. Jn 14, 6). Participamos en la Santa Misa, para unirnos a Él, para darle gracias por las maravillas que ha hecho y que hace en favor de su Pueblo y de cada uno de nosotros. Para darle gracias por María y con María. Amén.

La profecía de Fátima no ha terminado

Andrea Tornielli, vaticanista del diario italiano “Il Giornale”, ha subrayado las palabras de la homilía del 13 de mayo, cuando el Papa explicaba que “la profecía de Fátima no está cerrada”, considerando que el mensaje de la Virgen no queda circunscrito al atentado de 1981 contra Juan Pablo II.

El mismo Benedicto XVI reconoció en su famosa rueda de prensa en el avión que en el  texto del tercer secreto de Fátima “se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa”.

El jueves, en su encuentro con los obispos portugueses, Joseph Ratzinger presentó así su misión a la luz de Fátima: “el Papa necesita abrirse cada vez más al misterio de la Cruz, abrazándola como única esperanza y última vía para ganar y reunir en el Crucificado a todos sus hermanos y hermanas en humanidad”.

Tras haber mostrado en directo emociones tan profundas, una nueva etapa del pontificado de Benedicto XVI comienza, al menos para los profesionales de la información religiosa.

Por Jesús Colina

Co

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *