María, obra Maestra e íntima colaboradora del Espíritu Santo Dra. Deyanira Flores

IV. Obra Maestra e íntima colaboradora del Espíritu Santo

Dra. Deyanira Flores

 

La Inmaculada Concepción de María, su plenitud de gracia y la perfección de su vida espiritual sólo se pueden comprender en referencia al Espíritu Santo; o mejor dicho, es acción de toda la Santísima Trinidad, pero apropiada al Espíritu Santo.

Después de la humanidad de Jesucristo, María es la obra maestra del Espíritu Divino, que “la ha plasmado y hecho nueva criatura”, “enriqueciéndola con el resplandor de una santidad enteramente singular” (72), como primicia de la nueva creación que Cristo ha venido a realizar. En María se pueden contemplar, como en un cuadro bellísimo y perfecto, por un lado, todas las maravillas que el Espíritu Santo quiere y puede realizar en una criatura, y por otro, la más perfecta docilidad y correspondencia total que una persona humana haya sido capaz de dar a la acción del Espíritu Santo en su alma. Muchos autores de la Tradición hablan de esto. San Luis de Montfort (+ 1716), por ejemplo, afirma que María “no se condujo jamás por su propio espíritu, sino por el Espíritu de Dios, que se posesionó en tal forma de Ella que llego a ser su propio espíritu” (73).

Para expresar esta íntima unión entre el Espíritu Santo y la Virgen María, la Tradición la ha llamado “Esposa del Espíritu Santo”, un título muy bello que, bien entendido, nos dice muchísimo sobre la vida espiritual de María. Entre los primeros autores en utilizarlo se encuentra el poeta latino Prudencio (+ c.405) (74). San Francisco de Asís (+ 1226) tiene un texto de corte trinitario y profundas enseñanzas mariológicas, en el cual se dirige a María como “hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo” (75). San Maximiliano Kolbe (+ 1941) profundizó admirablemente este tema (76). El título “esposa” subraya también la colaboración que la Virgen María fue llamada a prestar al Espíritu Santo en la formación de Cristo en cuanto hombre y en la de todos los cristianos (77).

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