El amor organico

De la Cultura del amor frágil, a la Cultura del Amor Orgánico.

El Tercer Hito: La Misión del 31 de Mayo

 

  1. DE LA CULTURA DEL AMOR FRAGIL

 

  1. Los signos del tiempo. “En la actualidad, el mundo y la Iglesia se encaminan hacia terribles catástrofes.”[1] Afirmaba nuestro padre fundador en 1948 y es significativo que esto lo escribía a la Obra de Familias, al P. Tick.

En esa época uno se preguntaba ¿cuáles eran estas terribles catástrofes?.  Hoy las estamos viviendo.  Hoy todos están de acuerdo en que estamos frente a un cambio de época en el cual se remecen los fundamentos de la cultura cristiana occidental, las instituciones, la seguridad económica, en último término la imagen del hombre y la mujer, su identidad, el sentido de su vida.  Entre estos aspecto nos impacta, especialmente, la desintegración de la Familia.  El diagnóstico de nuestro tiempo es altamente conocido por todos.  La revolución de las comunicaciones no solo ha globalizado el mundo, sino que ha significado que los valores culturales trasmitidos con gran frecuencia a través de imágenes, teleseries, noticias, reality shows, internet, etc., penetren en la intimidad de nuestros hogares. Nuestro Padre lo vislumbró pero nadie imaginó el cambio “copernicano” que traería.  Steve Jobs lo previó y convidó, a sus colaboradores, a cambiar el mundo.  Lo hizo en el ámbito de las comunicaciones.  Nuestro Padre nos invita a hacerlo todas las mañanas:

“Animados por el Espíritu Santo,

nos ponemos de rodillas y con júbilo alabamos a Cristo

quien, con Ella, nos envía como instrumentos,

para dar a los pueblos un nuevo destino”[2]

Los grandes problemas sociales de principios del siglo XXI muestran, cada día más, su carácter religioso moral. Religioso: ya lo vimos en el tema anterior: Dios está ausente. No solo ausente sino que se le quiere eliminar de la historia. Moral: somos testigos de guerras permanentes, violencia e indignación social cotidiana, individualismo egoísta, inequidad y pobreza, maltrato y vejación de niños, violencia de género, migraciones forzadas, contaminación ambiental irresponsable y destrucción de ecosistemas… pero, también, la olvidada o ignorada destrucción de la ecología humana, en el decir de SS Juan Pablo II [3], enfermedades físicas y psicológicas producto de la contaminación o malos hábitos de consumo y de la ruptura de los vínculos humanos fundamentales. “Los tiempos actuales son tiempos en que todo se ha disuelto, en que todos los lazos interiores se han roto”.[4] Estos factores responden a “un escenario mundial atravesado por una condición religioso- moral, más que a cuestiones técnicas insolutas en nuestro control, sobre el orden material o biológico”.[5].

Son muchos los que señalan cómo la postmodernidad impacta los diversos ámbitos de la vida personal y social:

  • Pérdida de lazos de solidaridad.
  • Fractura de vínculos sociales.
  • Modificaciones en los ordenamientos simbólicos de la familia.
  • Cambios en los procesos de socialización y modos de crianza.
  • Trastrocamiento de las relaciones de los sujetos con su cultura.
  • Marginación por valoración del trabajo y el consumo.
  • Pérdida de participación, desarraigo y anonimato, etc.6

Los problemas actuales se presentan condicionados, fundamentalmente, por los modos de relación, conductas y actitudes asociados a la lógica de la competencia y el consumo, como producto de los procesos de modernización y de liberalización.

Este escenario se puede caracterizar de diversas formas, pero, lo central es la pérdida de la imagen del hombre, de la comunidad, la pérdida del sentido de ser creaturas de Dios.  Esto afecta el pensamiento colectivo, se ha perdido el orden de ser en el pensar, pero, sobre todo, se destruye el organismo de los vínculos fundamentales y se va perdiendo la fuerza fundante del mundo, por la cual fue creado: el Amor. ¡Es la época del amor frágil!

La contraparte es que en el mundo de hoy niños, jóvenes, adultos y ancianos tienen sed de amor (“Miguitas de ternura yo necesito… si te sobra un poquito, dámelo a mí.” 7).

En el Hacia el Padre rezamos: “¿Conoces aquella tierra cálida y familiar….donde con ímpetu brotan fuentes de amor para saciar la sed de amor que padece el mundo?

El diagnóstico descriptivo es largo y motivo de reflexión dentro y fuera de la Iglesia. Y la pregunta es ¿dónde está el centro de los problemas de nuestra cultura?

 

  1. Nuestro Fundador, Padre y Profeta de este tiempo, Instrumento fiel y audaz escogido por María.

 

Desde un comienzo el Padre tuvo una visión muy clara: es necesario caminar “a la Iglesia de las nuevas playas”.  Se requiere “un hombre nuevo en una nueva comunidad” capaz de enfrentar los embates y el desmoronamiento de antiguas normas y paradigmas dentro de la Iglesia, para volver a la originalidad sencilla y fuerte de los grandes acontecimientos de la Redención actualizarlos en los desafíos de un gran cambio de época. Como Profeta, previó el desmoronamiento de la cultura cristiana occidental “el Occidente camina a la ruina”,  ¡Impresionante!, tampoco nos imaginamos que todo esto ocurriría con tanta  velocidad. Es lo que nuestro Padre y Fundador repitió incesantemente: El definió el problema central de la época acuñando el término y definiendo el concepto de MECANICISMO, que infecta y desfigura la imagen del hombre, de Dios, de los vínculos naturales y sobrenaturales y que, actualmente, adquiere dimensiones mundiales.  No nos extendemos en esto, pues es bien conocido por todos.

 

  1. Nuestro Padre previvió, en su vida y pensamiento, las crisis actuales y dio su respuesta.

Desde su crisis de juventud pasando por el 18 de octubre, sus enfermedades, guerras, incomprensiones, Dachau y el exilio, el Padre vivió, en profundidad,  la crisis del mecanicismo. “Esta fue la lucha personal de mi juventud. Mis luchas fueron en realidad las luchas que Occidente está librando ahora. Di hasta el final la batalla que sacude hoy a Occidente hasta en sus raíces más profundas. Porque Él me dio una inteligencia clara, tuve que pasar durante años por pruebas de fe. Lo que guardó mi fe durante todos esos años, fue un amor hondo y sencillo a María.”[6]

Tenemos que agradecer de rodillas a nuestra Mater que tenemos un Padre y Fundador que con  fe, audacia y valentía vivió y surgió victorioso en situaciones existenciales muy semejantes a las que enfrentamos hoy. Su historia personal nos llama a profundizar su vida para dar nosotros una respuesta creativa y con el espíritu que él no deja. Asimismo, el testimonio de muchos de sus “hijos”, nos asegura que el contacto personal con el fundador, como Padre nos llena de confianza, fuerza y alegría.

Nosotros queremos prolongar su testimonio con una fidelidad creadora en los nuevos, complejos y confusos tiempos que presenta la cultura actual.  Así, no perderemos el norte, y evitaremos que, los inesperados y dolorosos sucesos de la Iglesia y del mundo pueden dejarnos desorientados, escépticos o con ganas de “escondernos en una isla”. El Padre nos quiere “en medio del mundo”. “Schoenstatt fue llamado para estar en medio de esta cultura confusa”, nos dice al volver del exilio.

Los aspectos centrales de la vida de nuestro Padre constituyen los “hitos” de la historia de Schoenstatt. Ellos son momentos de una especial irrupción divina que fueron marcando el desarrollo de la Familia de Schoenstatt, para su maduración interna y clarificación de su misión hacia la Iglesia y el mundo. Fue nuestro fundador quien los vivió y asumió primero.  La irrupción divina que ocurre en cada hito fue asumida por él, como contraparte humana, análogamente a María en su “Fiat”.

Pero el Padre, NUNCA SOLO, siempre tuvo cofundadores y aliados.  El Padre se arriesgó con la convicción de una misión dada por Dios. Arriesgó lo que había desarrollado en la Familia de Schoenstatt; arriesgó su prestigio personal, su pertenencia a la Iglesia, entre otras cosas. El P. Kentenich arriesgó, también, la existencia de toda la Familia, quería que todos sus aliados asumieran profundamente el carácter sobrenatural de la Obra y comprendieran  que esta no era una obra de un hombre genial.

En sus propias palabras: “No hay misión sin riesgos”. “Antes de mi último viaje a Roma hice una visita al Cardenal von Galen. La conversación giró sobre la situación jurídica de nuestras Hermanas. Como yo le hiciera presente que primero debía crearse una base para ello y que la fundación y dirección eran un riesgo, me contestó: ‘Sí en verdad, es inmenso todo lo que ud.  ha arriesgado en su vida’. Es cierto. Un riesgo fue la fundación, dirección y desarrollo de todo el Movimiento. Un riesgo, la manera de obrar ilegal, con continuo peligro de perder la vida, en Coblenza y Dachau. Un riesgo, especialmente, el 20 de enero. Un riesgo la publicación de “Hacia el Padre” y su venta en masa. Un riesgo la interpretación simbólica de experiencias personales. Un riesgo la separación de la Familia en Europa, en época de importantes decisiones. Un riesgo los actuales viajes por el mundo, para fundar la Internacional en continentes extraños. Un riesgo el envío de personas jóvenes, inexpertas, a tierras extrañas, donde tuvieron que abrirse paso solas en los años más difíciles de la guerra. Puede que tengamos por delante riesgos mayores…los enfrentaremos bien adiestrados.”

 

  1. HACIA LA CULTURA DEL AMOR ORGÁNICO.

Del segundo hito al tercer hito.  De la Confianza divina a la Fuerza Divina

¿Cómo entender el paso dado por nuestro Padre del 31 de Mayo?  ¿Cómo comprender los riesgos que asumió el Padre?  ¿Cómo nos interpela a asumir nuestros riesgos? ¿Cuál fue la respuesta del PK a esta irrupción divina? Su respuesta no fue improvisada, está inserta en el desarrollo y conducción especialísima de Dios que tiene una línea directriz que surge desde la Alianza de Amor en el Santuario Original el 18 de octubre de 1914.  Por eso es él mismo quien relata cómo se llegó al tercer hito.

  1. La íntima relación del 31 de Mayo con el 20 de Enero.

El Padre la expresa en las siguientes palabras: “la Familia estaba viviendo  la corriente de vida fruto del 20 de Enero, Dachau y la persecución nazista. Esto mostró, preclaramente, a Schoenstatt como una obra e instrumento especial de Dios para las necesidades de nuestros tiempos.”[7]  Aquí, queremos resaltar la convicción probada de nuestro Fundador, que entiende a Schoenstatt como una obra e instrumento especial de Dios para las necesidades de nuestros tiempos.   Y, ¿dónde está su fuerza?  En la realidad de la Alianza.  “Yo jamás me habría animado a aspirar a metas tan audaces sin tener fe en la realidad de nuestra Alianza de Amor.”[8] El Padre siente la urgencia que Dios tiene de que Schoenstatt dé un nuevo paso, el paso hacia ser reconocido por la Iglesia, a extenderse por todos los pueblos, a dar a conocer su carisma propio, a irrumpir en la publicidad. Esto lo lleva a iniciar los viajes internacionales, a “buscar aliados” y a solicitar el reconocimiento de la Iglesia.   Schoenstatt nace en el seno de la Iglesia,  era indispensable que la  Iglesia, dejada por Cristo para acoger, para valorar los nuevos carismas, le diera su aprobación. Ahora se apoyaba en la fuerza del segundo Hito: “En la confianza Divina” probada en el riesgo de la vida del Padre y en la solidaridad de destinos que trajo, como consecuencia su liberación cuando los Jefes de la Familia hicieron la Inscriptio, y en la culminación de la hermosa historia del Jardín de María.

Pero, el reconocimiento de Schoenstatt por la Iglesia no se dio como lo esperaba nuestro Padre. La historia es conocida. La visitación diocesana que él pidiera para la comunidad de la Hermanas marianas dio un informe que a primera vista tiene muchos aspectos positivos pero en que las objeciones van al centro del gran anhelo del Padre. En palabras del Padre: “El informe del Visitador sobre la vida y doctrina de las Hermanas Marianas es positivo. Sólo hace algunas observaciones que considera pequeñas. Sin embargo, lo que el Fundador esperaba era la aprobación de su gran anhelo, que se esconde tras toda la vida y costumbres de las Hermanas: el “hombre orgánico”, que quiere ser la respuesta al mecanicismo que infesta el espíritu en todas partes.” [9]

 

  1. El acontecimiento del 31 de Mayo. “En la fuerza divina”

Después de recibir el Informe del Visitador diocesano, surge en el Padre la gran pregunta de ¿Qué hacer?  Momentos de profunda oración de él  y de la Familia. Había mucho en juego.  Uno se puede preguntar ¿Por qué elaboró una respuesta que en muchos aspectos era dura e iba a herir a nobles corazones?  Solamente se explica a la luz de su conciencia de misión y de amor a la Iglesia.  “Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque un salto mortal siga a otro. La misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta”.[10]

El Padre relata la trascendencia del acontecimiento de la siguiente manera: “Al 20 de Mayo (bendición del Santuario de Bellavista) le siguió el 31 de Mayo, fecha a la que queremos descorrer un poco el velo. Esa fecha nos reunió nuevamente para una celebración en el aún inconcluso Santuario. Nos encontramos para realizar un acto solemne, todos estábamos conscientes de que se trataba de un acto que rara vez se realiza, un acontecimiento especialmente importante porque comienza una lucha a muerte.”

“Me había reunido con un pequeño círculo de personas más cercanas, para entregarle a nuestra querida Mater la primera parte de “la Respuesta”. El trabajo permaneció sobre el altar durante la noche. Quería pedir a la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt que se mostrara realmente tres veces admirable y no negara su bendición especial y su abundante ayuda en la dura lucha que comenzaba, para la cual me había preparado durante decenios y que, después de largas reflexiones, de mucha oración y sacrificio, me sentía obligado a emprende. La plática pronunciada en esa ocasión aún permite percibir y revivir el recogimiento que embargaba el corazón de los presentes y colmaba todo el ambiente[11].

 

  1. Lo central del 31 de Mayo

El Padre lo define en forma muy sencilla pero que encierra una tarea enorme: UNA CRUZADA por el pensar, amar y vivir orgánicos para la Iglesia y el mundo..  Pero lo novedoso no es el pensar, amar y vivir orgánico, esta expresión estuvo presente desde el comienzo en Schoenstatt, en el alma del Padre Fundador.  Lo nuevo es un cambio de perspectiva dentro de la Familia.  El 20 de Enero el Padre pensaba en la Familia de Schoenstatt, en lograr la plena libertad de los hijos de Dios para ella, en la solidaridad de destinos, en el lugar que Dios quería que tuviera el Fundador.  El 31 de Mayo, el Padre piensa en la Iglesia y el Mundo.  El siente que se trata de un llamado de urgencia que debe asumir toda la Familia.  Esto es lo central, lo que ahora cobra, cada día, más actualidad.  La visión de la urgencia en la Iglesia del siglo XXI, como lo han expresado los Santos Padres, como lo han reafirmado los Obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil.  La Iglesia ya no es una roca, es un barco que navega por aguas procelosas, el mundo está más convulsionado que durante la guerra fría, la desintegración de la familia toma dimensiones insospechadas. Su orden de ser es ahora social y políticamente incorrecto.  Hoy diversos desórdenes, males y pecados son considerados, por algunos, como derechos humanos. Baste con pensar en el aborto y en la ideología de género.

 

Si bien esto es lo central, hay otros aspectos que resaltar. No todos entendieron el acto del Padre, en toda su magnitud.  El 31 de Mayo es una interpelación para toda la familia a tomar mucha mayor conciencia de lo central del carisma del Padre, que hay una gran tarea en profundizar en el amor, en la vida y las ideas “la doctrina del organismo”.  El propio PK lo expresa así: “La doctrina del organismo ha de manifestarse en el plano teológico, filosófico, psicológico, sociológico y pedagógico. Aquí hay una obra grande que realizar, semejante a la que hicieron San Agustín al bautizar a los Platónicos y Santo Tomás al bautizar a Aristóteles. Desde el punto de vista psicológico, llevar adelante la misión, ambos se podrían unir: ¿Cómo hacer que el Dios de San Agustín (Dios personal del amor Infinito y Misericordioso) capte los corazones? ¿Cómo hacer que la ley de las Causas Segundas (de Santo Tomás) se torne en la ley de la Transmisión orgánica?[12]

 

Al leer estas palabras de nuestro Padre quedamos impactados y nos sentimos pequeños frente a lo que él espera de Schoenstatt.  Pero, esta CRUZADA tiene otra forma de expresarse según el mismo Fundador, una forma muy vital, sencilla que llega hasta la persona mas simple: Esta la es la cruzada  “por la misión de la Santísima Virgen dentro de la Iglesia” “Al pueblo simple basta con que viva la Alianza de Amor”.  Ella es la gran educadora en el pensar, amar y vivir orgánicos.  No se entiende el pensar orgánico sin la experiencia del vivir y amar orgánicos, por eso, el Centro de todo Schoenstatt es la Alianza de Amor.

La Misión de Schoenstatt está fundamentalmente en el plano pedagógico. En su respuesta a M. Stein el PK expresa:  “Quien esté al tanto de la situación pedagógica del tiempo actual y conozca su relación con la catástrofe de Occidente; quien esté familiarizado con los intentos de rescatar a este último, ampliará espontáneamente el marco y podrá así contemplar a Schoenstatt como símbolo de la problemática pedagógica de todo Occidente. Esta crisis es la que le ha dado los más fuertes impulsos a Schoenstatt, la que inspiró sus objetivos y leyes fundamentales, sus medidas y peso. Schoenstatt es un espejo de los interrogantes existenciales y vitales de Occidente, pero también un compendio de sus intentos de solución. El lugar donde se gestó y nació quiere y debe seguir siendo su lugar de trabajo, su taller.”[13]

 

La urgencia del mensaje de Schoenstatt para el mundo y la Iglesia el Padre lo expresa, en esa época, en términos que podríamos llamar apocalípticos:

“Junto con la funesta separación mecanicista entre causa primera y segunda, el idealismo filosófico es también culpable de esta trágica situación. Porque el idealismo filosófico – siguiendo la ¨ley del péndulo¨ que rige las corrientes culturales – suscitó un vitalismo extremo… y le facilitó la toma del poder”.

Sólo podrán salvarnos de ambos peligros un pensamiento y una concepción de la vida sanos y orgánicos, vale decir, una visión de conjunto que, respetando la ley de la transferencia y de la transposición orgánicas, sea capaz de restablecer la unidad- en la tensión y en la armonía entre religión y vida, entre causa primera y segunda, entre naturaleza y gracia, entre fe y ciencia.

La misma atomización de sutilísimos procesos de vida orgánicos puede detectarse hoy por doquier en el ámbito de la sensibilidad y pensamiento cristianos. Esto parece ser una nimiedad, pero examinándolo con mayor detenimiento debe ser considerado como causa de las más devastadoras consecuencias. Los terribles efectos de la bomba atómica muestran lo que significa la destrucción de las unidades vitales fundamentales.

Una bomba atómica similar en el reino de la vida espiritual, moral y religiosa es la negación o no observación de la ley de la transferencia y transposición orgánicas.”[14]   ¿No es acaso la situación que hoy vive el mundo, las nuevas generaciones en que todo se desploma y todo es incertidumbre? Solo importa aprovechar lo más posible el presente sin compromisos.

¿Qué más hay en el 31 de Mayo?  El hecho que haya sido proclamado en un Santuario filial le da una “madurez” a la corriente de los Santuarios filiales y a su polaridad con el Santuario Original: Es un hecho histórico que Schoenstatt ha venido hasta nosotros: el Schoenstatt de origen al nuevo Schoenstatt. Desde hoy en adelante, otro hecho ha de llegar a ser realidad histórica: desde hoy –así me parece– tenemos que cuidar, desde aquí, que el nuevo Schoenstatt encuentre su camino de retorno hacia el Schoenstatt de origen. El torrente de gracias, que vino desde allá en la plenitud de la Tercera Acta de Fundación y que sigue derramándose, quiere volver a la fuente primitiva llevándole abundante bendición.[15]Junto a esto, para el Padre significó un salto en el vacío semejante al realizado el 20 de Enero. “Pienso en el salto mortal que tuve que arriesgar en 1942 y estoy consciente de que esta vez se repite. Si no contáramos con la disposición a ayudarnos de parte de la Santísima Virgen, nunca nos atreveríamos a dar un paso tan serio.”[16]

El impulso de la misión del 31 de Mayo en Chile.  Las palabras que el PK pronunciara en esa fecha prendieron con gran fuerza en el naciente Schoenstatt chileno. Despertaron un gran espíritu de misión y apostólico, y una entrega radical a Schoenstatt, e impulsaron los viajes para extender Schoenstatt en Latinoamérica con una fecunda resultante creadora.  Los ejemplos son muchos, sólo recordamos el llamado “viaje de los tres Hernanes”.

 

  1. LA MISION HOY (tareas, desafíos, etc) 

El 31 de Mayo tiene una gran actualidad para toda la Familia de Schoenstatt, mirando la realidad del mundo y de la Iglesia de hoy.

 

El texto de nuestros hermanos argentinos pone de relieve los aspectos centrales de la plática del 31 de Mayo de 1949 en el Santuario Cenáculo de Bellavista.

 

PENSAMIENTOS PARA LA REFLEXIÓN

Estos breves pensamientos y preguntas son una invitación para la reflexión.

 

  1. El 31 de Mayo no es posible si no aspiramos a vivir el 20 de Enero
  2. El 31 de Mayo nos llama a profundizar el pensar y vivir orgánicos en nuestras comunidades y en nuestra vida. No se puede trasmitir un modo vida, si no se aspira a encarnarlo primero.
  3. La Misión del 31 de Mayo requiere audacia, riesgo y pondrá en tensión cuan profundo es nuestro arraigo en la Alianza. El Señor y la Mater quieren que entreguemos todo, que tomemos el arado y no miremos hacia atrás.
  4. La Misión del 31 de Mayo requiere una confianza ilimitada en la Paternidad de Dios, quien tiene las riendas de nuestras vidas y de la historia del mundo. (¡Qué difícil es tener esta Fe, en estos días!, dice SS Benedicto XVI.
  5. En este encuentro queremos salir más unidos como Federación internacional. ¿Cómo lograr mayor unión familiar, mayor unión en la Misión, mayor unión en este año del Santuario, hacia el jubileo de 2014?
  6. Y una última pregunta: ¿No será que si estamos como nuestro Padre con la sensibilidad viva por una Iglesia y un mundo que parecen desmoronarse veremos las tensiones que surgen con frecuencia en nuestra Familia de Schoenstatt, las discusiones que, a veces, nos hacen gastar mucha energía, en su verdadera dimensión y nos ayudarán a regalarle a la Mater y al Padre, para el 2014, un gran testimonio de ser “Familia en nuestra diversidad” y que esta sea la gran carta de presentación para la canonización de nuestro Padre?

 

  1. PREGUNTAS PARA INTERCAMBIO

 

  1. ¿Cuán presente está el tercer hito en nuestras comunidades y vidas?
  2. ¿Cuál me parece que es la o las exigencias centrales del 31 de mayo para nuestras vidas personales y de comunidad? ¿Qué riesgos hemos asumido y estamos dispuestos a asumir por la Misión? ¿Cómo trabajar y fortalecer el organismo de vinculaciones en nuestra familia y como trasmitirlo con un lenguaje actual y moderno a la Iglesia y el mundo?
  3. ¿Qué relación vemos entre la últimas encíclicas de Benedicto XVI “Deus Caritas es” y “Caritas in Veritate” además del documento de Aparecida que nos llama a ser discípulos-misioneros?
  4. Pero, si no quieren complicarse mucho y no caer en una reflexión predominantemente intelectual pueden preguntarse: ¿Qué es lo que más me interpeló de lo que hemos escuchado y que líneas nos parece importante acentuar en nuestra comunidad de Federación tanto en las ideas, vida y profundidad de vida?

 

«Quien tiene una misión ha de cumplirla»   (Platica 31 de mayo 1949)

“¡No puedo dejar de predicar!”, decía el Padre  Kentenich en su memorable plática del 31 de Mayo de 1949 en el recientemente bendecido Santuario de Bellavista. En  la: “Epístola perlonga”, el Padre expresa que el hombre y la Iglesia tienen un “pensar mecanicista”: separan la tierra del cielo, lo mundano de Dios y por lo mismo se incita al hombre a desprenderse de todo lo terrenal para llegar a Dios; esta mentalidad genera un cristianismo sin fuerza, sin intimidad con Dios, lleno de normas, ritos y costumbres sin vida. En esta misma plática justificará su acción diciendo Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque un salto mortal siga a otro. La misión de profeta trae siempre consigo suerte de profeta”.

Según el pensar del Padre, para que haya vida tiene que haber amor, y si no se conoce lo que es vivir en el corazón del otro, no se puede entender lo que significa estar en el corazón de Dios; del mismo modo describe al hombre actual como un ser que, separando a Dios de su vida, no se reconoce como hijo, por lo que no acepta su voluntad, el orgullo lo lleva a creer que todo lo puede sin necesidad de Dios, con lo cual se rompe la integración entre Fe y Vida.

Schoenstatt  busca un “pensar orgánico”, es decir vivir lo terrenal como camino para llegar a Dios, de tal forma que la devoción Mariana no nos separa de Dios, sino que nos conduce a Él; el amor al Padre Fundador y a sus ideas no nos separa de Dios, sino que nos llevan a Él, el amor entre esposos no nos separa de Dios, sino que es el camino para llegar a Dios, el tiempo dedicado a los demás no nos separa de Dios, sino que nos lleva directamente al corazón del Padre. Busca que los miembros de la familia de Schoenstatt comprendan la importancia de la obra, ya que debe ejercer una poderosa influencia en los destinos de la Iglesia, lo que más tarde expresó en la frase: “Schoenstatt, corazón de la Iglesia”. Schoenstatt al servicio de la Iglesia.

 

«Estamos llamados desde aquí»   (Platica 31 de mayo 1949)

“Vemos cómo Occidente camina a la ruina y creemos que estamos llamados desde aquí a realizar un trabajo de salvataje, de construcción y edificación. Creemos que tenemos que ofrecernos como instrumentos para impulsar una contracorriente que vuelva a los países desde los cuales un día estos pueblos recibieron su cultura, desde los cuales también nosotros hemos sido abundantemente beneficiados.”

Durante sus viajes a América Latina, el Padre puede apreciar cuán distinta es la manera de ser y de pensar del latino a la del europeo. En el alma latina el Padre encontró un pensar orgánico innato. Los Santuarios filiales, desde entonces, descubrieron su misión de devolver las gracias de la Alianza al Santuario Original, enriquecidas con el “color local”, con aquellas gracias que la Providencia dispensó en momentos históricos peculiares y con sus rasgos culturales propios.

Es una misión para toda la Familia de Schoenstatt, pero el Padre da una responsabilidad especial a los pueblos latinoamericanos, es una corriente de retorno que tiene que llegar hasta el Santuario original para traerle abundantes bendiciones.

 

«Desenmascarar y  sanar radicalmente»

“Se trata de desenmascarar y de sanar radicalmente el germen de la enfermedad que aqueja al alma occidental: el pensar mecanicista. Tengo bastantes razones para suponer que Dios ha impuesto, en este sentido, una carga pesada a nuestra Familia”. (31 mayo de 1949)

El modo de pensar mecanicista analiza la realidad, distin­gue partes o aspectos de ésta, pero no para relacionarlos entre sí, sino para oponerlos.

El amar mecanicista es un modo enfermizo de relacionarse con las personas, las cosas, los lugares. No es capaz de establecer vínculos personales y estables.

La vida del hombre mecanicista es una vida atomizada, disgregada, discontinua. El Padre Kentenich afirma que el mecanicismo en cuanto al modo de amar, termina destruyendo el organismo de vinculaciones (los lazos de amor permanente), tanto en el orden natural como en el sobrenatural.

La solución del Padre para combatir este “bacilo” que está contaminando el mundo, es la formación del “hombre nuevo en la nueva comunidad.” Para que esto suceda, el Padre pensó que era necesario construir una cultura de vínculos.

Hoy en día se dan cada vez mas vínculos impersonales y estériles, por ejemplo nuestros jóvenes viven en una cultura de baile que ha cambiado, hoy  es perfectamente aceptable que las personas bailen solas sin una pareja, formando círculos de baile con extraños. Es normal pasar toda una noche bailando junto a personas con las cuales no se intercambia ni una sola palabra. En Facebook puedo crear una persona completamente diferente a quién soy yo en realidad y puedo proyectar una personalidad y valores totalmente contrarios a los que vivo. Esto permite que esconda quien soy en realidad y mientras puedo tener mucho éxito comunicándome por este medio con una persona en alguna ciudad lejana, puedo carecer de toda habilidad interpersonal en mi interacción diaria con las personas a mí alrededor, esto confirma la teoría del Padre Kentenich sobre el mecanicismo. Un vínculo falso es creado pero los vínculos reales, con personas reales son más y más irreales. Tal vez nosotros deberíamos considerar las consecuencias de estas tendencias modernas. Cuando la persona se separa de las personas reales que la rodean, no tiene que dar cuentas a nadie y no es responsable por nadie. En este vacío, el individuo tiene suficiente tiempo para satisfacer sus propias necesidades.

Estamos llamados a reflexionar sobre nuestras propias vidas y hasta qué punto hemos caído víctimas de la sociedad impersonal en la cual debemos vivir, y sobre el grado al que hemos sido capaces de ser testigos de un nuevo tipo de persona que vive en unión con Dios, consigo mismo y con los demás. También a reflexionar sobre los círculos en los cuales nos movemos e identificar las “puertas abiertas” por las cuales podemos entrar y presentar una nueva visión de humanidad a nuestros hermanos que han perdido su habilidad de amar y son presos de la soledad a pesar de que siempre están rodeados de personas.

 

Cruzada por el pensar, amar y vivir orgánicos

El Padre tenía ante sus ojos el destino de Occidente: la posibilidad de gestar una nueva cultura que encarnase la armonía entre la naturaleza y la gracia, esto requería la puesta en marcha de una cruzada por el pensar, amar y vivir orgánicos para vencer la mentalidad mecanicista. Quien piensa orgánicamente tiende a ver las cosas o las personas en su realidad integral. Ve las relaciones de las partes entre sí. No divide en forma mecánica lo que vitalmente está unido. Es aquel modo de pensar que se caracteriza por el “y-y”.  El hombre orgánico capta la relación orgánica entre lo natural y sobrenatural. Por eso, puede ver y amar a Dios en y a través de las creaturas. Las creaturas que son “imagen, camino y garantía” del amor a Dios, no constituyen, por lo tanto, un obstáculo o impedimento para amarlo sino, por el contrario, son una ayuda necesaria para conocerlo y amarlo. Por cierto, siempre que éstas sean vistas y amadas en “relación a”, es decir, orgánicamente.

El pensar orgánico, es una espiritualidad especialmente apta para el laico que vive en medio del mundo.

La vinculación con Dios es la columna vertebral de todo el organismo de vinculaciones. Desligado de Dios, el hombre enturbia su mirada respecto del hombre, se denigra a sí mismo.

Las creaturas son una “imagen”, son “huellas, expresión, o un saludo” de Dios. Dios no es visto ni amado sólo en sí mismo, como el ser “en­teramente distinto” en su trascendencia, sino también en relación a las creaturas, en su inmanencia. Junto con ver a la persona como huella e imagen de Dios, la visión orgánica la considera también en su carácter de instrumento libre o de causa segunda.

Pero a nuestro Padre no le interesa sólo una “teoría” del organismo de vinculaciones, sino también, específicamente, una “praxis”, una espiritualidad y pedagogía de las vinculaciones. Lo que pretende es cultivar y desarrollar un tipo de hombre que piense, ame y viva orgánicamente; un tipo de hombre que se forme y crezca sanamente en la medida que se integra al doble organismo de vinculaciones naturales y sobrenaturales.

“Schoenstatt nunca se ha desviado de esta senda. Elaboró hasta en sus más mínimos detalles un camino para la santidad de la vida cotidiana, que posibilitara al hombre moderno mantener su vinculación con el Dios vivo en todas las situaciones. El santo de la vida diaria quiere unir todo, estrecha y férreamente, con la persona del Dios vivo, no sólo en la teoría o en la iglesia, sino en la vida cotidiana”

La mentalidad orgánica impone el deber a aquel que desempeña el papel de causa segunda o de autoridad, de cultivar la más estrecha unión y dependencia de Dios y la tarea de asemejarse a Él en todo su ser y actuar.

“Si nosotros queremos salvar la familia, si queremos salvar la religión, si queremos salvar el orden del mundo de hoy, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar que las personas tengan pre vivencias en el orden natural, las pre vivencias de un verdadero padre, de una verdadera madre, y que estas pre vivencias toquen profundamente a la persona”.(Agosto 1966)

 

Santidad de la vida cotidiana

El Santo Padre exhortó al Movimiento de Schoenstatt a una “íntima adhesión espiritual a la persona del fundador y a la fidelidad a su misión”, como “fuente de vida abundante para la propia fundación y para todo el pueblo de Dios”. “Vosotros habéis sido llamados -afirma el Santo Padre- a ser partícipes de la gracia que recibió vuestro fundador y a ponerla a disposición de toda la Iglesia”.

 

En un pasaje de una plática del P. Kentenich, del 16 de julio en 1967, dice:

“Abierta y sinceramente debo confesar: veo la tarea a la cual Dios me ha destinado en conducir innumerables hombres hacia una entrega total al Dios eterno, infinito; en hacer que se hallen en casa en el mundo y en la realidad del más allá. O, si ustedes quieren, en ayudar y apoyar a todos, especialmente a los miembros de nuestras familias, para que lleguen a ser personas marcadamente ancladas en el más allá. Con esto he destacado una tarea especial que me ha dado Dios, no sólo a mí sino a todos aquellos que conmigo se desempeñan como conductores de la Familia”.

En nuestra Familia existe un claro llamado de Dios que nos mueve a seguir las huellas de la santidad de nuestro Padre. Creemos que debemos dar un nuevo paso en este sentido: que ese llamado y ese anhelo se expresen en una vida de santidad, más específicamente, en costumbres santas. El anhelo por la santidad debe traducirse y probarse en costumbres santas, en la plasmación de un estilo de vida santo.

Como Familia, nos sentimos movidos a cultivar costumbres coherentes con la elección y el llamado del que fuimos objeto. El santo de la vida diaria santifica su quehacer cotidiano, vive santamente durante toda la semana e imprime en todas sus obras el sello de la santidad. Sus tristezas y sus alegrías, su descanso y su trabajo, sus oraciones, sus palabras y su conducta: por amor, todo esto lo hace extraordinariamente bien, es decir, santamente.

 

El Cardenal Ratzinger hacía un comentario a una Encíclica del Santo Padre donde decía: “La fe no es pura teoría, es, ante todo, un camino, o sea, una praxis”. El Padre Kentenich expresaba: Tenemos que superar la “santidad del día domingo” por una “santidad del día de trabajo”, de la vida cotidiana.

Schoenstatt debe ser germen de una nueva cultura, de un nuevo orden social. Hoy, se es cristiano por convicción y se está dispuesto a nadar contra la corriente. Queremos ser semilla de una nueva cultura. Esto requiere conciencia de misión y una actitud creadora. Esta es la disyuntiva: o gestamos nuevas formas o nos revestimos de las formas del ambiente. O somos creadores de otro estilo de vida, o nos mimetizamos con el ambiente. El  Padre Kentenich pensaba. ¿En qué nos diferenciamos? ¿Tenemos una manera de ser distinta?

Lo que el Padre pretende, es la renovación mariana del mundo, pretende edificar el Reino mariano aquí en la tierra. Sintetiza así su ley básica: Por la vinculación a María llegamos a la actitud mariana o a un estilo de vida, de esa fuente tenemos que sacar las fuerzas para transformar la realidad y llegar a conformar un estilo de vida y de trabajo mariano.

No basta con analizar las realidades, debemos bajar a la realidad concreta de nuestra familia; nos interesa aplicar el espíritu de los consejos evangélicos  a nuestra propia familia, como célula viva de la Iglesia y de la sociedad. Si no se parte por casa, lo demás pasa a ser una utopía, una colección de ideales genéricos que no plasman la vida. Es indispensable revisar la escala de valores que está en juego y desenmascarar costumbres a veces profundamente arraigadas en nuestro pueblo; costumbres que, schoenstattianamente, son insostenibles.

Al hablar de nuestras costumbres o un estilo de vida schoenstattiano, es importante hacerlo en forma lúcida, porque enfrentamos un gran desafío histórico. Ya no vivimos protegidos por costumbres cristianas: vivimos un cristianismo de diáspora. Esto nos plantea ante un doble imperativo, que primero, exige de nosotros una actitud crítica, y, segundo, nos llama a fomentar, creadoramente y con conciencia de misión, nuevas costumbres.

Al pensar y amar orgánicos debe seguir un vivir orgánico. Buscamos enriquecer nuestras costumbres. Algunas, por cierto, las asumiremos de nuestro medio, porque son positivas. No todo lo que nos rodea está mal, ni mucho menos. En nuestros hogares schoenstattianos se han ido gestando muchas costumbres sanas que corresponden a nuestro espíritu. Ahora bien, esas costumbres recibidas por tradición familiar o ambiental schoenstattiana, en algún momento también tienen que motivarse y asumirse conscientemente. Lo exige el choque ambiental al cual somos sometidos.

Cuando una persona tiene una clara conciencia de misión, no se limita sólo a resistir al ambiente de su entorno, sino que busca también transformarlo y conquistarlo. De ese modo, realmente estamos construyendo un mundo nuevo.

Las costumbres no surgen solamente cuando se asume funcionalmente lo que existe. También tienen que gestarse “a propósito”. Las costumbres se generan y afianzan por repetición de actos. Pero, para que sean fecundas, deben ser actos que respondan a una motivación valórica, de tal manera que se sienta que el esfuerzo por instaurar esa costumbre vale la pena, pues ennoblece y enriquece nuestra persona.

Tengamos presente la riqueza de poder gestar en nuestra vida familiar, nuevas costumbres a partir del ideal personal y matrimonial que se nos ha regalado.

Sin embargo, debido al pecado original, para que esas costumbres se mantengan, es necesario tener siempre el espíritu en alto. Si el espíritu decae, las costumbres pasan a ser un formalismo, una cáscara. Se guarda lo exterior, pero ya no se tiene la fuerza interior del espíritu.

 

Por eso el Padre Kentenich  nos llama a estar “con el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo”, a que actuemos, emprendamos y, proféticamente, forjemos futuro.

 

Nos convierte en buscadores de las huellas del Dios providente y descubridores de sus intenciones, tanto respecto a nuestra propia vida como a la vida de la Iglesia y de la sociedad. Por eso, la fe en la Divina Providencia exige de nosotros audacia, fortaleza y capacidad de riesgo. Seguir el querer de Dios en el claroscuro de la fe, requiere dar saltos –y no pocas veces saltos mortales– para el intelecto, la voluntad y el corazón.

 

El Dios providente es el Dios de la alianza, en esa alianza, nos requiere como interlocutores suyos. Se acerca, nos da a conocer sus caminos, nos toma en cuenta como sus hijos-aliados, nos encarga tareas. No es simplemente un Dios que interviene en nuestra vida y en la historia pa­ra indicarnos cómo debemos actuar. Él nos visita; dialoga con nosotros.

 

El P. Kentenich destaca la “meditación de la vida” como una práctica especialmente necesaria para quien quiera comulgar con el Dios presente en nuestra vi­da y en el acontecer del mundo. Esta forma de meditar nos permite “pregustar”, “gustar” y “posgustar” los aconteci­mientos de nuestra vida, y en este proceso, seguir sus hue­llas, compenetrarnos de su presencia y amor por nosotros, y dar respuesta a sus requerimientos.

 

Es la misión que nos dejó el Padre en Bellavista. Que se haga palpable el “vivir orgánico”; y que nadie nos pueda decir que el 31 de mayo es algo “complicado”. Si alguien lo dice, nosotros podemos responderle: mira cómo vivimos, mira cómo hablamos, mira cómo nos amamos, mira cómo nos divertimos, mira cómo es nuestro estilo de vida… ése es el 31 de mayo vivido.

 

Dinámica para trabajo en grupo:

Escribir consensuadamente diez ideas referidas a actitudes y costumbres cotidianas que generen y afirmen un estilo de vida basado en el pensar, amar y vivir orgánicos, en relación a nuestro vínculo: conyugal, paterno- filial, entre hermanos, laboral, parroquial, social.

[1] Carta de Santa María 1948.

[2] Hacia el Padre: Oración de la mañana.

[3] La primera estructura fundamental a favor de la «ecología humana» es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir, en concreto, ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible.(Centesimus annus 1991 N°39)

[4] PK Desafío social

[5] Ver Castellá Sarriera, 2004

6 Alfaro, 2007, p. 50

7 Canción de Alberto Cortez

[6] Carta del 31 de Mayo de 1949

[7] 1963 PK Sobre la visitación apostólica

[8] PK 1965 Carta al Padre General

[9] PK 1963 Sobre la Visitación Apostólica

[10] Plática del 31 de Mayo de 1049

[11] P.J.Kentenich, Historia del 31 de Mayo, Serie 31 de Mayo, Ed.Patris, 1985, p.25-26

[12] PK 1963 sobre la Visitación Apostólica

[13] Epístola perlonga

[14] Epístola perlonga

[15] Plática 31 de Mayo 1949 en el Santuario Cenáculo de Bellavista

[16] Plática 31 de Mayo 1949 en el Santuario Cenáculo de Bellavista

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