Hermanas Alemanas en Chile Cuatro se van en un mes,año 2020

Cuatro Hermanas en la vida eterna. Cuatro piedras preciosas en la corona Ha sido un privilegio regalar la vida de cuatro Hermanas –entre el 17 de abril y el 17 de mayo– en el camino hacia la coronación de la Reina del Cenáculo el 31 de mayo. En esa corona brillarán cuatro piedras preciosas bien trabajadas. Dos de ellas estuvieron en el Santuario con el Padre Kentenich el 31 de mayo de 1949. Es interesante observar lo que habla Dios en estos acontecimientos y las personas que los protagonizan. Cada una de esas cuatro Hermanas representaron cuatro características de la realeza bien entendida: la alegría, el poder de la oración, el hogar y la misericordia. Exactamente lo que podemos aportar hoy.

Hermana M. Isentraud

Es una Hermana de la primera hora del Cenáculo, participó en la bendición, entrega de la Carta y coronación de 1949. Vivió 101 años con plena lucidez, todavía apta para teclear en el ordenador y aportando a la vida comunitaria una alegría singular. Cantaba, tocaba instrumentos. Fue feliz y se le notaba incluso en los momentos duros. El Padre le dijo: la alegría es su misión de vida. Siempre consideró como un privilegio y regalo haber estado presente el 31 de mayo de 1949, el día de ‘la carta sobre el altar’. Solía compartir con la generación más joven su experiencia con el Padre con quien tuvo contacto muy personal, incluso después del exilio. Seguía de cerca la vida del Movimiento ya desde la primera época. Su apostolado lo ejerció en la educación y por muchos años en España desde los inicios de esa fundación, en la parroquia alemana y el Colegio Alemán. Ella se consagró con su curso a la Mater como la gran Adoratriz; esa era la motivación que llevaba dentro. Ella rezaba varias veces en el día una oración del Padre que dice: Amorosa Majestad, tuya soy, ante ti quiero callar… Estar siempre contigo es mi anhelo y consagrarte a ti mi pensar y mi amar…. Esa era fuente de su alegría y ahora una piedra preciosa de la corona, desde el día que fue llamada a la eternidad, el 17 de abril pasado. Hermana Anntheres

Llegó a Chile el año 1967. Como enfermera de niños trabajó por largo tiempo en Valparaíso, en el hospital de la Fundacion Mena. Ese lugar es bien conocido para quienes han seguido las huellas del Padre en el Puerto. Tenía una habilidad especial para tratar a los más pequeños, por eso, cuando uno de ellos estaba en estado crítico, los médicos decían ¡que la Hna. Anntheres se preocupe de él o ella! Los sacaba adelante, incluso ponía la cuna en su proximidad para atenderlo con cuidado. Nunca se retiró un niño del hospital sin ser bautizado. Ella misma tenía alma de niño. Era una Hermana orante. Al final, por más de veinte años que vivió en Bellavista, recibía encargos de oración; las intenciones más urgentes las recordaba a las tres de la tarde, la hora de la muerte de Cristo y era escuchada. Era sencilla y también alegre y con un sobresaliente amor a su curso. Esto es coherente con lo que le dio sentido a su vida y a la de su curso, quienes buscaron espejar a María, la primera Discípula del Señor. Llevó su cruz con un gran amor y disposición a asemejarse a su Señor, Maestro y Rey. La Mater la condujo hasta el corazón del Padre Eterno el 4 de mayo y será una piedra preciosa en la corona, un poder orante.Hermana Getrud Fue, una Hermana querida, admirada y de una larga trayectoria de servicio a la Familia de Hermanas entre 1953 y 2020 como Superiora y enfermera. Nació en una familia numerosa, de nueve hermanos. Se templó en los rigores de la guerra y en la pérdida de dos hermanos. En su curso, en Schoenstatt y en la comunidad encontró un terruño sostenido por una red de vínculos que une cielo y tierra. Hoy, a la luz del 31 de mayo, la vemos en el centro de la misión de nuestro Padre. Muy pronto, en abril de 1955 fue enviada a Chile. Aquí ejerció como enfermera primero en la Clínica Alemana de Temuco y más tarde en la Clínica Santiago, con especialidad en traumatología y cirugía dejando un testimonio de humanidad y profesionalismo. Fue trasladada a España para la tarea de superiora y Delegada, donde fue admirada y querida por el Movimiento que llegaba a Pozuelo. Más tarde, regresó a Chile y asumió la responsabilidad por la salud de las Hermanas en la Casa Provincial y luego en la casa de las Hermanas mayores. Fue María servidora. La

Hna. M. Gertrud

era esencialmente maternal. En todas partes regaló hogar. Con los peregrinos en España fue acogedora. Con las Hermanas que acompañaba en los temas de salud era discreta, compasiva, atenta y delicada. Como superiora sabía armonizar perfectamente la maternidad solícita con la firmeza de la conducción. Era muy buena dueña de casa, ocurrente. Era humilde, atenta a los intereses de los otros, receptiva y alegre: su sentido del humor espontáneo ayudaba a sobrepasar momentos más complicados. Dios la llamó a su Casa el 15 de mayo, a los 92 años. Ella será la piedra de la corona con el nombre: ¡Hogar! ¡terruño familiar! Hermana M. Herta Fue una de las protagonistas de lo ocurrido el 31 de mayo de 1949 en el Cenáculo de Bellavista. Era una joven novicia que había llegado en abril, un mes antes y rápidamente se incorporó a lo que se vivía aquí, puesto que vivió en Manuel Montt, en la casa donde el Padre escribió la carta Perlonga. Nació el año 1925 en Alemania, en un pueblo cerca del Rhin y luego vivió en Koblenz donde conoció a las Hermanas de María. Fue la única hija de padres con una fe sólida y de vínculo profundo. Sólo en la década del ‘80 su madre le contó que siendo muy pequeña enfermó gravemente y temió por su vida, entonces la consagró a la Virgen y su oración constante fue: “Madrecita, por favor déjame a mi niña aunque más tarde te la lleves a las misiones. Yo te la ofrezco”. Ese fue el primer escalón en su vocación. Ingresó en 1947 y en 1948, como novicia llegó a Chile. Fue profesora de física y matemáticas y trabajó en la contabilidad del Colegio Mariano y de la Provincia. Pero lo más marcante de su vida de Hermana fueron los más de 50 años en la Pastoral carcelaria, en la Penitenciaría. Algún día se tendrá que escribir una larga biografía de su persona rica en experiencias pastorales al servicio de los más indeseables de la sociedad. Todo se remontará a lo que estuvo al inicio de su vida de Hermana, el ejemplo del Padre en Dachau, quien levantó una carpa de Dios, un pedazo de cielo en medio de la deshumanización de su entorno. El Padre se jugó por la dignidad de sus compañeros de cautiverio.

La Hermana M. Herta

Fue profesore del colegio marian o en Santiago de Chile en sus incicios nn los ddiz años que yo Carla Ortiz estuve ahí.. Ella me hizo clases de matemática y ademas estaba a cargo de las finanzas del colegio.

Se jugó por la dignidad de cientos de personas impregnadas por el delito. Se interesó por todo lo que pertenece a la condición humana, desde lo que se palpa y se necesita para subsistir y lo que alimenta el espíritu a través de la cercanía personal y testimonio de la vivencia de la fe. Acompañó a condenados a muerte y a enfermos en el hospital; organizó liturgia y procesiones en los patios del penal. Preparó canastas de alimentos y ropa. Publicó más de una decena de libros para los presos y sus familias. Participó activamente en la Fundación Cardenal Carlos Oviedo. Con razón el Ministerio de Justicia la condecoró por su aporte humanitario al país. Por su parte, la Iglesia le otorgó, en 2016, la ‘Cruz de Santiago’ reconociendo su labor evangelizadora. Murió el 17 de mayo –dos días después de la Hna. Getrud– en la casa de las Hermanas mayores, víctima de un cáncer, apostólica hasta el final. La corona que ceñirá la frente de la Mater el 31 de mayo llevará la piedra preciosa de la misericordia. En la corona de la Mater estará representado el aporte de una cadena de capital de gracias y hechos de vida de cientos de hijos de la Alianza que padecen la situación actual. Allí estarán presentes estas cuatro Hermanas como piedras preciosas con el sello de la alegría, de la oración suplicante, del hogar y de la misericordia.Hermana M. Jimena Alliende

https://youtu.be/W5mHMgTb3WM

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