Versacrum Enrique Schaeffer

Enrique Schaeffer
19201941
Todos los esfuerzos podrían resumirse en estas palabras: En eI estudio, el más aplicado; en
el juego, el más alegre, en la oración, el más piadoso. Lo primero es importante H. Wormer
decía: ‘Saber es poder’. Según nuestros conocimientos, habremos de derrotar a nuestros
enemigos con el saber; el que no aprende ahora, no sabrá nada más tarde. En el juego también
debemos ser alegres. No sólo debemos fortalecer el espíritu, sino también el cuerpo. Y en la
oración, debemos ser,los más piadosos. Así lo hicieron los congreganteshéroes
y ése debe
ser también nuestro lema.
El tiempo de postulación debía ser una preparación para la primera consagración a la
MTA y un período de prueba para ver si podrían mantener la promesa que harían ante
la Santísima Virgen.
Así aprendieron el modo de trabajar que siempre se había cultivado en Schoenstatt:
1. Se fijó una meta que, en su caso, fue: “Lucharemos por formar una buena comunidad”.
2. Se formularon propósitos comunes y se intercambiaron las experiencias relativas a ellos.
Por ejemplo, los candidatos se propusieron: “Aprovechar bien el tiempo de recreación;
buenos modales en la mesa; hacer un acto de apostolado dos veces al día”.
3. El apostolado silencioso. Se entendía por ello la conversación de persona a persona,
cuando se quería intercambiar alguna experiencia; alentar o estimular a otro, o hacer
alguna crítica. En ello se veía el medio más importante del trabajo educativo mutuo.
El 23 de diciembre del 35 se incorporó. El P. Bezler bendijo la espada, símbolo del
caballero. Una vez impuesta hizo el juramento de la bandera: “Ésta es la bandera que he
escogido, no la abandonaré jamás, así se lo juro a María”. Desde ese momento entiende
que le pertenece por entero a María, Ella ha aceptado la promesa.
El P. Bezler les dijo días después: “si quieres evaluar el grado de perfección del grupo de
los Caballeros, evalúa tu propia alma”. Poco a poco Enrique avanza en su
autoconocimiento. En Febrero del 1936, se da cuenta de que casi todos los fracasos al
rezar tienen su causa en su tendencia a soñar. Deja demasiada rienda suelta a su fantasía.
Vive en ensueños.
En Octubre del mismo año escribe: “ Queremos ser sus Caballeros, tenemos un castillo
del Santo Graal en el Santuario. Allí está nuestra Señora, allí está expresada nuestra meta.
Quiero ser luz para todos los que yerran y mostrarles el camino a Cristo. Una lumbre
silenciosa y perseverante, que arde por María y le pertenece por entero”.
Los caballeros escriben en una circular: “justamente hoy, cuando todo se orienta hacia el
Reich, nosotros debemos construir con fuerza y seriedad un reino de Schoenstatt unido
por los mismos ideales. Un reino de la Juventud, con una Soberana, María”. El P. Bezler
se dedica a fortalecer los fundamentos internos de este Reino. A fines del 37 hace un
llamado a los jóvenes: “Schoenstatt te necesita, queremos que nuestra Reina nos lo diga:
“Caballero de la liga, te necesito”. Tú eres una fuerza con la que crece Schoenstatt. Con
tus capacidades, con tu forma de ser, con tu misión personal. Te necesita pues al edificio
le falta mucho para estar terminado.
El 7 de Marzo del 37 es aceptado en la Federación Apostólica. Lo vive como el día más
importante de su vida después de la Primera Comunión. Dice: “ahora tengo una gran tarea
y una gran responsabilidad”.
El 4 de Agosto, peregrinación a Cambrai. Julio Steinkaul informa sobre la bendición de la
cruz: “Aquí, en el lugar de la muerte de José Engling, se esfumaron los sentimientos
egoístas. Ahora somos guardianes de la cruz. José, custodiamos con fidelidad tu espíritu.
El P. Menningen nos habló de los sacrificios que exigiría esa cruz de nosotros. Teníamos
que custodiar su herencia. José encontró en María la roca, su fundamento y refugio
espiritual. Nosotros debemos asentarnos sobre ese fundamento y echar raíces más
profundas. Tal como tú queremos pertenecer enteramente a la Señora de Schoenstatt. Con
nuestras vidas construiremos el Reino de la MTA.”
El P. Bezler les habla de los héroes y del martirio del desprecio y la exclusión: “¿Qué
quiere decir ser schoenstattiano? Poner todas las fuerzas al servicio de una gran idea.
Estamos llamados a renovar el mundo. Creemos en nuestra misión. ¿Por qué los
schoenstattianos tenemos que ser héroes? Debemos ser héroes verdaderos. Nos decidimos
a seguir el camino de la Cruz. La fuente de donde manan las fuerzas es el Santuario. Si
queremos dar frutos, allí tenemos que estar anclados.”
El grupo de Enrique Schaeffer manda una circular: “Hemos jurado nuestra fidelidad a
José Engling. Hemos dicho: Tu meta es nuestra meta. Pero es una meta que aún no
conocemos. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos sino a los ideales que José
Engling ha mostrado o vivido antes”. Veían sin embargo, qué lejos estaban del ideal.
En 1938 la juventud hitleriana se había puesto en marcha y dominaba las calles y la vida
pública. Todas las organizaciones de la juventud masculina habían sido captadas o
suprimidas. Subsistían algunos grupos en escondrijos. Se cernía el peligro sobre ellos de
tornarse influenciables, de perder la esperanza, de quedarse sin fe. Venían tiempos
difíciles. Sería un tiempo de santos.
El 2 de febrero del 38 hace su consagración a la Federación. Se comprometía para siempre
con sus ideales. “Quiero llegar a ser un segundo José Engling. Quiero ser para mis
compañeros lo que él fue para su generación”. Escribe en su diario. La idea de ser luz se
iba a mantener como una constante en su vida.
En septiembre del 38 el P. Bezler le dice: “Nunca debemos evaluar nuestro trabajo según
su éxito. No se trata del éxito, sino sólo de cumplir con el deber. Todo lo demás importa
poco. Aún conque tuviera que contar con que nadie continuara mi trabajo, no debo
abandonar mi puesto”.
Más tarde escribe: “Nuestros congregantes héroes fueron luz y todavía nos iluminan. Si
una nueva guerra mundial nos hubiera arrasado, ¿perduraría nuestro ardor y brillaría
nuestra luz del mismo modo dentro de 20 años? ¿Seríamos dignos de que una generación
futura se esforzara por continuar nuestro trabajo, como nos esforzamos nosotros por
continuar el espíritu de nuestros héroes y su obra?”
Poco después el gobierno decide ocupar el Colegio y el Internado. El 24 de Octubre
escribe: “en este momento nuestra comunidad está en la misma situación que la de la
agrupación misional de 1912, ¿alcanzaremos en el tiempo que nos queda un florecimiento
tal que haga digna a nuestra generación de ser nombrada como la última generación
fundadora junto con la de los congregantes héroes? Hasta el l6 los congregantes
necesitaron 3 años, ¿podremos alcanzarlo en 6 meses? Sí, lo alcanzaremos y yo lo quiero.
María cree que podemos realizarlo”.
Antes de la dispersión colocaron una placa recordatoria junto a los congregantes héroes,
“custodiamos su herencia”. Con ello expresaban que espiritualmente permanecían unidos
a Schoenstatt. Se hizo un gran trabajo de conquista espiritual. El año 39 vivieron con
radicalidad el paralelo de sus vidas con la de los primeros congregantes héroes. En la
Pascua de Resurrección los nazis se instalan en el colegio y en el internado. La pregunta
que surge: ¿seguirá existiendo el Reino de Schoenstatt, el Reino de la juventud? Se sienten
claramente como una segunda generación fundadora. Para lograr la misión hay que tener
una clara fe en la victoria. Recuerdan las palabras del PK: “¿no es evidente que en esta
época difícil debamos imponernos exigencias más altas que las generaciones anteriores?”.
Si el grano de semilla no es enterrado y muere no dará fruto. Cada uno debe decir: “donde
estoy yo, allí está Schoenstatt, allí están los congregantes héroes”. Son las antorchas
encendidas, la bandera que flamea y en torno a la cual se estrechan los demás.
En el nuevo colegio el espíritu decae. Enrique ve que una comunidad espiritual no surge si
no es que cada uno está poseído en forma viva por el ideal. Se trata de tener una misión,
de estar convencido de ella y configurar la vida diaria de acuerdo con la misma. Estar
orgulloso de la propia misión es lo que les va a mantener a flote navegando
contracorriente. Todo esto lo expresa Enrique en una carta que le escribe a todos para
vivir intensamente el mes de María. El ideal personal de cada uno debe ser el trabajo
diario. Que cada uno configure su vida diaria a partir del ideal. Se trata de hacer del ideal
algo tan vivo que se convierta en norma permanente de nuestro actuar. Eso se logra a
través del examen particular y del horario espiritual. No basta con captar una idea con la
razón, debe ser captada con el corazón, con todo el ser. Consiste en tener un corazón
grande y una mirada amplia. No se puede perder la fe en la victoria final, aunque seamos
los últimos, seremos los primeros de una nueva época. La sangre de los mártires es
semilla de nuevos cristianos.
En junio del 39 apela Enrique a la santidad: “¿Quiero ser santo o no? Es tiempo de que
superemos radicalmente nuestro egoísmo. Si tomo en serio la meta, me comprometo por
entero. No puedo decir sí a una actividad vital mediocre y a la vez, decir sí al ideal
schoenstattiano. En todos los casos, radicalismo y decisión. Jamás hubo una revolución
que no lo exigiera todo. Si tomamos en serio la meta tenemos que ofrecernos nosotros
mismos. Debemos cortar las cadenas que nos atan a todo lo que nos aleja de Dios. Es
necesario el radicalismo en la entrega total al apostolado.”
A fines de Julio ve Enrique que algunos sí han aceptado esta radicalidad. Sabe que la meta
hasta el 18 de octubre es que haya algunos que no sepan de otra cosa que no sea la misión.
La parte motriz debe estar lista para esa fecha. Será el alma de la comunidad.
El 1 de septiembre del 39 estalla la Segunda Guerra Mundial. En agosto tuvo lugar la
jornada que había preparado Enrique. Era al año del jubileo schoenstattiano, 25 años. La
meta es que los próximos 25 años surjan de este grupo. El P.K. les dice: “Somos carne de
la carne y sangre de la sangre de la primera generación. Nuestros ideales son los
mismos.¿No quieren ser los protectores del Santuario?”. 8 se decidieron y se reunieron en
un granero junto a la torre con el P. Bezler. Se comprometen como parte motriz del Reino
de la juventud. Se trata de la confabulación del granero. Quieren encarnar el hombre
nuevo. Sólo piden una cosa, no cansarse nunca de servir a su Reina. De esta ofrenda del 9
de Agosto debería surgir “la primavera sagrada”. Enrique ofreció su vida a la Mater por el
Reino. Sabe que ahora le pertenece por entero a Ella. Vio con claridad las consecuencias,
no era un entusiasmo pasajero. Es el grano de semilla que muere. Quiere ser enterrado en
los cimientos del Reino de la juventud.
Poco tiempo después, Enrique y varios compañeros fueron llamados a filas. Los reunieron
cerca de Coblenza para la formación. Sabía que ahora tenía que resistir la prueba. El 8 de
noviembre 39 el P. Bezler les escribe: “ha llegado vuestra hora. Es vuestra responsabilidad
manteneros firmes y apoyar a otros. Es la hora de la segunda generación fundadora. La
juventud que puede ser colocada junto a la primera del 14. Piedras colocadas en los
fundamentos de los próximos 25 años”.
Enrique quería conducir a la parte motriz a la idea de la entrega total, al radicalismo. Era
la comunidad de sacrificios. El 15 de octubre hubo una nueva reunión en el granero. Se
sumaron algunos. Allí estaba ya Julio Steinkaul. Se apuntó al poder en blanco. Se sentían
como combatientes en primera línea de la batalla. Con su consagración anticiparon la 2ª
acta de fundación.
La concreción del poder en blanco al que se siente llamados: Declaro que: 1. No tengo
otro interés que no sea velar por el ideal de nuestra comunidad. 2. ofreceré a ella todos
los sacrificios personales. 3. renuncio a todo mi tiempo libre, a todo placer y gozo que no
estén al servicio de la misión. 4. renuncio al derecho de disponer sobre mí mismo. Sienten
que tienen las fuerzas para dar el salto. María lo garantiza.
El 5 de noviembre surge con fuerza la idea de la Primavera Sagrada, ver sacrum. En 1935
habían representado una obra con este nombre basada en una historia antigua. La
humanidad puede llegar a lo peor cuando olvida a Dios. Schoenstatt trae la renovación
espiritual, la primavera sagrada. Hay un relato de la época de Roma consignado por Tito
Livio. Hay un rey de un pueblo que en otros tiempos había sido rico y feliz. Ahora
padecía aflicciones y desdichas. El rey había convocado consejeros para que le dijeran qué
hacer. En el pueblo había desgracias: enfermedades, sufrimientos, hambre. El único
consejo es la resignación. El consejero más joven aconseja el látigo. Voluntad firme y
férreas leyes. Entonces el médico anuncia que hay peste. Se le pide al rey que lo
solucione. El rey reconoce su debilidad, no puede hacer nada, ni siquiera alentar. El
consejero mayor, un anciano ciego, le dice que el origen de todo mal está en los pecados
cometidos por su pueblo. Le dice que los antiguos, en tiempos así, consagraban una
Primavera sagrada, los nacidos durante ese año, para expiar los pecados y asegurar la
perpetuación del pueblo. Al final, después de discusiones, se elige un grupo de jóvenes, la
primavera sagrada. Llegan a un monte escarpado. Pocos son los que han perseverado. No
les queda mucho pan. Les tienta el maligno. En el último acto de la obra reina la guerra
hasta que el grupo de los consagrados, la primavera sagrada, entra en escena con la
Virgen y el Niño. Ha comenzado una nueva época.
La idea de la primavera sagrada empieza a calar. Enrique trata de explicar el ideal. En un
tiempo tan difícil donde sólo queda la ayuda de Dios, es necesario pedir esa ayuda con al
entrega de la propia vida. Ofrenda de la vida para una vida más dedicada a Dios. Esta
juventud le pertenece a Dios.
El 3 de enero de 1940 el P. Bezler dio la última conferencia, “el acta de fundación de la
Primavera Sagrada”. La juventud de un pueblo es colocada sobre el altar y muere, no
literalmente, sino en cuanto vive sólo para Dios. Es la ofrenda de una juventud hecha por
un pueblo y a la vez, aceptada por la juventud. Lo que nos dice la leyenda es eso, la
realidad lo corrobora. Siempre hubo una primavera sagrada. Cristo fue la primavera
sagrada para el mundo. Los apóstoles también. Cada vez que el Espíritu Santo llama a una
persona para que sea su instrumento predilecto, y esa persona muere para sí misma, ello
es una Primavera Sagrada. En pequeña escala, cada vocación lo es. Les pregunta si tienen
el valor de dar un sí alegre a la voluntad de Dios, si están dispuestos a ofrecer sus vidas
por entero. Les dice que ahora hay una diferencia, nadie piensa en ellos, y sin embargo, sí
que son una primavera sagrada. Sólo es necesaria la llamada de Dios. Tampoco Cristo fue
aceptado por su pueblo. Ni los mártires. Y sin embargo, hubo primavera sagrada. Antes
de que la Familia de Schoenstatt estuviera dispuesta al poder en blanco, ya ellos lo habían
entregado el 9 de agosto del 39 en un granero. Estaba claro que la Mater les había llamado
a ser Primavera Sagrada. Ahora dependía de su sí sincero. Hacen falta personas dispuestas
al sacrificio, llenas de ardor, que imploren las gracias de la consolación para un pueblo
que sufre. Schoenstatt, en sus jóvenes, quiere ser esa Primavera Sagrada para el mundo de
hoy.
El fuego es el símbolo de esta primavera sagrada. Debe arder en los corazones e irradiarse
a todos. “vive tú la primavera sagrada, sé como el fuego”. Esto significa:
1. Sé una luz en la oscuridad del ambiente mediante una vida pura y santa. Las
generaciones futuras juzgarán. El PK soñó con un santo para la primera primavera
Sagrada y surgió José Engling. ¿Surgirá un santo de esta generación? La
canonización de una persona es la canonización de la comunidad de la que ha
salido. Cada uno debe preguntarse: ¿No podría ser yo un segundo José Engling?
2. Sé un apóstol para tu ambiente por el fuego de tu sacrificio. Fuego del amor en la
en la entrega heroica de nuestra vida.
3. Sé apóstol por el fuego de nuestra audacia. Queremos ser un fuego que arda con
llamaradas. Somos tropas de asalto.
No estamos solos. María nos cobija, Ella es nuestra Primavera Sagrada. Mater habebit
curam. Ella se preocupará de todo. Hoy, 1940, comienza la Primavera Sagrada. Que las
generaciones futuras nos juzguen.
No siempre encontró aceptación en su invitación a la radicalidad. Pero no por ello Enrique
desiste. Encabeza sus cartas con “muramos por nuestra Reina”. Mientras tanto sigue en el
noviciado de los Palotinos. Escribe: “Dos rasgos debieran ser par a nosotros un símbolo:
en una mano la cruz y en la otra la espada. Antorcha y patena, lucha y renuncia. En todas
partes un castillo con el nombre de María. Nuestra vida para nuestra Reina. Somos los
caballeros de la Reina, que Ella envía para atraer corazones hacia Ella. La Mater debe
reinar en nuestros corazones. No importa que tengamos éxito o no, lo que importa es que
nuestro camino sea el correcto. La ofrenda no es otra cosa en verdad que morir como un
grano de semilla”.
El 24 de septiembre se reunieron todos de nuevo. Habían cumplido ya un año de la
consagración. Se da una disposición a aceptar la muerte por la Reina. Cada uno recibió
una pequeña cruz negra de madera que debía llevar siempre consigo. Eran nueve
conjurados. El símbolo que eligieron, un fuego encendido. Una patena con un globo
terráqueo rodeado por una corona.
El 5 de diciembre fue llamado al cuartel. El 31 de diciembre se reúne la Primavera
Sagrada en Schoenstatt. Colocan el símbolo en el Santuario. El PK predica. El P. Bezler lo
coloca. “Queremos conquistar el mundo para la Madre de Dios. Una comunidad ideal, el
hombre nuevo en la nueva comunidad. Debemos trabajar sobre el carácter. Un ideal
poderoso y viril ante nosotros. Ser plenamente hombres. Luchamos por tener una fuerte
conciencia de la misión divina. Ella nos ha llamado y nos conduce. El fuego encendido.
Quien pertenece a un círculo como éste debe ponerse las más altas exigencias. Un
profundo espíritu de sacrificio. Es la Primavera Sagrada. Una primavera joven y naciente
que está germinando. Dios no suelta su presa, los ha sacado del resto y los ha hecho su
pertenencia. Quiere de nosotros el espíritu de sacrificio radical con el que nació
Schoenstatt. Obedeced en silencio. El mundo entero está ante nosotros. Sois la semilla de
la nueva época. Todo lo grande y vigoroso es alimentado por el capital de gracias y la
cruz. Un relato antiguo habla de una grieta en alguna parte de la tierra. Allí innumerables
hombres hallaron la muerte. La leyenda decía que la grieta se cerraría cuando un jinete,
por voluntad propia y libre, se adentrara en ella. ¿Dónde están hoy las personas que
cierren la grieta? El medio para ello, un amor heroico. Queréis ser apóstoles de la libertad.
Juráis la bandera hoy como los primeros congregantes. Queréis entregar vuestra voluntad
a la voluntad de Dios libre. Ahora vosotros tenéis la palabra.”
El 16 de julio del 41 se vio cumplido el deseo de Enrique. La primavera sagrada había
sido aceptada. Enrique Schaeffer que encabezó la idea y la vida de la Primavera Sagrada,
había sido aceptado como el primer grano de semilla que caía en tierra y moría para dar
fruto. Era la primera cruz negra de la generación. Su muerte es la victoria. Julio Steinkaul
murió en 1943. Junto a ellos, 27 integrantes de su generación perdieron la vida

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